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18 julio 2012

Capitulo 13 "Amar al destino"


Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.

Ovidio












Las voces al otro lado de la puerta me reclamaban. Matt no me dejaba avanzar hacía ella. Quería decirles “estoy aquí” pero algo, aparte de Matt, me lo impedía. Mirándole fijamente las palabras no salían de mi boca. ¿Estaría utilizando su poder hipnótico conmigo? De repente me entro sueño y mis ojos se fueron cerrando lentamente hasta que no pude más y me deje caer encima de unos brazos que no querían dejarme marchar.



La entrada a la guarida estaba porteada por dos vampiros. Estaban al tanto de cualquier sonido. No podíamos hacer ningún paso en falso o sería nuestra muerte.

-          ¿Qué hacemos? – susurró el chaval de pelo castaño.

La pelirroja señalo a unos arbustos altos. Nos dirigimos allí con la gatita pisando nuestros pies. Los arbustos eran suficientemente altos para que no nos vieran, pero eso no impedía que pudieran escucharnos. Quería entrar y hacerlo ahora. No se que fue lo que me llevo a ir a la casa de aquella chica. Sentí que pasaba algo y tuve más certeza de ello cuando el rastro de su ventana era de un vampiro, de Matt, mi hermano pequeño. ¿Qué le había pasado por la cabeza para llevarse a la chica? ¿Tan importante era como Mikael me dijo?

Según lo que me contó la chica era una pieza importante en la batalla. Ella tenía la clave para vencer. Me quede impresionado cuando Mikael me contó que ella estaba en la parte que nos favorecía. Era una bruja de magia blanca. Y al parecer una de las poderosas. Hija de Amanda, la bruja más poderosa de los últimos tiempos, la cual fue asesinada en manos del bando oscuro. La gente lo desconoce, pero en mi manada no tuvo ninguna duda de quien fue el asesino. Gracias a que teníamos alguno de nosotros trabajando en la policía pudimos descubrir que tenía unas marcas de colmillos en el cuello. Le habían partido el cuello y luego le habían bebido la sangre hasta dejarla seca. Sea quien fuera quien bebiera su sangre era más fuerte. Los vampiros se alimentaban de brujas cuando su deseo era ser más fuerte.

A lo mejor ese es el mismo plan que tenían con Holly. Aunque lo dudo mucho. Siete noches y aun Blair notaba su aura. Si beber su sangre era lo que ellos querían ya lo habrían hecho nada mas llegar a la guarida.

-          Eh tu guapo, ¿cómo vamos a entrar? – la miré y le tapé la boca al momento, ella apartó mi mano – No te preocupes, he creado una barrera insonorizadora. No nos pueden escuchar.
-          Vaya, si al parecer eres lista – le dije medio en broma – Bueno, tendríamos que exterminar a esos dos antes de que dieran la voz de alarma, pero vosotros dos no es que sepáis mucho de vampiros.

Ambos me miraron con una sonrisa de suficiencia. ¿Me equivocaba?

-          ¡Ay! Nunca me explicaron que los licántropos eran tan ignorantes – dijo Blair – Deberías saber, querido lobito, que los dos estamos entrenados para exterminar a cualquier ser que amenazara la vida de Holly – miré al chavalin incapaz de creer que él si que supiera algo.
-          No me mires así – su voz era feroz – Se como clavarle una estaca a un vampiro antes de que este note que estoy a su lado, mi capacidad para leer la mente no se limita a solo eso, puedo bloquear los movimientos de cualquiera, inmovilizarle.
-          Vaya, pensaba que solo era un simple mentalista.
El chaval se me acercó y me encaró.
-          Te equivocas. Lo que yo no entiendo es que haces tú aquí. ¿Por qué quieres ayudarnos?
Aparté la vista al momento. ¿Cómo explicarlo si ni yo mismo lo entendía? Algo me atraía a esa hermosa y delicada bruja. No podía cerrar los ojos sin que esos ojos violetas me estuvieran mirando. No podía pensar en otra cosa que no fuera ella. ¡Y me jodia mucho! ¿Cuándo había perdido yo la cabeza? 
-          Que más da – conteste al final – ¡Un humano como tu jamás entendería esto! Ahora, a la acción.

El silencio se prolongo unos segundos. Luego Max hizo una señal para indicarme de quien se encargarían ellos. Vale, genial. El más grande para mí. Eso estaba empezando a ser divertido. Max se concentró y se quedó mirando al vampiro. Yo me alejé mientras no apartaba la mirada de mi presa. Cuando estuve seguro que el otro estaba totalmente paralizado me transformé al vuelo y tumbaba al vampiro. Le rugí en la cara. El vampiro me mostró sus colmillos amenazantes. Solo tuvo tiempo para abrir fuertemente los ojos cuando arranque su cabeza de cuajo. Giré la cabeza para observar al otro. Una llama de fuego lo convirtió en cenizas en cuestión de segundos.

Blair y Max salieron tras los arbustos. Le hice una señal a la brujita para que terminara mi trabajo. Otra llama de fuego salió de entre sus manos. Las cenizas se las llevaron el viento mientras los tres nos plantábamos enfrente de la entrada.

-          Vamos – dijo la pelirroja – Holly nos espera.
-          Jane dice que se queda aquí, podría ser peligroso para ella si se encuentra con la intrusa.
-          Está bien – contestó Blair – No perdamos más tiempo.

Corrimos por los pasillos laberínticos guiados por la brujita. A nuestro paso íbamos matando a cualquier vampiro que se interpusiera en nuestro camino. No tenían salida. Éramos un equipo infalible pero estos no eran más que vampiros de rango inferior, débiles e inexpertos. La cosa se nos complicaría si un vampiro del nivel de Allen se nos enfrentara.

-          ¡Holly! – grito Blair cuando el camino se terminaba en una gran puerta.

Frené en seco mientras ellos seguían corriendo hacía la puerta. Me volteé y rastree con la mirada cada rincón. Por aquí ya habíamos pasado, nuestros olores estaban por todas partes. Una sombra a lo lejos se fue acercando hacía nuestra dirección. Una mujer de cabellos rubios y ojos verdes se paró a varios metros frente a mi.

-          No la encontrareis – dijo – Un encantamiento os hará dar vueltas y vueltas por toda la guarida, pero nunca encontrareis a Holly.
-          ¡Mama! – dijo Max - ¿Qué haces tú aquí?
¿Su madre?
-          Hola hijo, cuanto tiempo sin vernos. Espero que no me hayas echado mucho de menos, aunque no lo pareció cuando salí de aquella casa.
-          Dinos donde esta – dijo Blair con voz sombría haciendo aparecer una bola de fuego en su mano derecha.
-          Jajaja, ¿una bolita de fuego? ¿Con eso quieres matarme? – se llevó una mano a la boca y soplo en ella, luego hizo ademán de lanzar algo. La bola de fuego se esfumó – Tu poder no es nada, aunque...
-          ¡Basta! ¡Dinos donde esta Holly ahora mismo Rose! – grito Max avanzando unos pasos hacía su madre.
-          Que seas sangre de mi sangre no me impedirá hacerte daño – levantó la mano y una fuerza invisible hizo que Max saltara por los aires y chocara contra el techo, cayendo después al suelo - ¿Nunca te han dicho que debes respetar a tus mayores? – y rió maléficamente.
Me acerque a Max y con mi hocico le ayude a levantarse. Se había roto un par de costillas. Rugí a la mujer preparado para atacar. No es que me llevara muy bien con el chaval pero le tenía respeto. Cuando la miré ya no estaba.

-          ¡Suéltame! – grito Blair – No..., puedo..., moverme... Bruja vieja y arrogante... me las pagaras... 

La mujer estaba al lado de Blair sin tocarla. Una cuerda electromagnética la tenía atada sin dejarla hacer cualquier movimiento.

-          ¡Suéltala! – dijo Max – Agghh...
-          No lo intentes Max, tus poderes psíquicos no pueden hacerme nada, ya no. He tenido mucho tiempo para ponerle remedio – cogió a Blair por el brazo – Nos vemos – y desapareció.

Volví a mi forma humana. No podía ayudar a Max de esta manera. La cogí apoyando su brazo en mi espalda y aguantando parte de su peso.

-          Tenemos que ayudar a Blair... – dijo sin apenas conocimiento.
-          Ahora no podemos... Tenemos que salir de aquí y buscar ayuda – le escuché quejarse – Joder, hazme caso. Tú estás herido y si vinieran cualquier chupasangre ahora mismo no podríamos hacer nada.

Olfatee y busque la salida. El rescate no había salido bien. En vez de recuperar a Holly habíamos perdido a Blair. La situación se estaba volviendo más oscura. No me quedaba más remedio que pedir a ayuda a mi familia, a mi manada.




La cabeza la tenía nublada. Aun tenía sueño. Aparté las sabanas de encima mío y miré a mi alrededor. Sola otra vez. Me levanté y me acerqué a la puerta. Tire de ella pero seguía cerrada. Entonces me acordé de la voz de Blair llamándome. La había escuchado. Estaba segura de que había sido totalmente real.

Mire a mí alrededor. Debía salir de aquí como fuera. Tenía que aprender a usar bien mis poderes.

Encima de una butaca descansaba un vestido de seda. Me acerque y lo cogí con mis manos. Tenía que ponerme algo de ropa limpia. Llevaba una semana con la misma ropa y era incomodo. Me puse el vestido aprisa. Me estaba bien. Sea quien fuere quien lo hubiese elegido había dado con la talla.

Me planté delante de la puerta. No había ventanas, la única salida era esta. Me concentre y cerré los ojos. Tenía que haber alguna manera de abrirla. Deseé que el picaporte se rompiera. Al cabo de unos segundos escuche como algo de metal caía al suelo. Abrí los ojos y vi como los tornillos había ido cayendo uno a uno dejando el picaporte inservible. Me acerque a la puerta y tire de ella. Esta se abrió.

-          Salvada – dije en voz baja.

Me asomé y miré a ambos lados. No había nadie vigilando la puerta. Matt tenía mucha confianza en si mismo para dejarme sola aquí sin ningún tipo de vigilancia. Fui caminando con precaución por los pasillos recogiendo un poco el vestido. No se veía ni un alma. ¿Acaso estaría sola? De repente escuché unas voces al final de un corredor. Ambas me sonaron familiares.

-          ¡Suéltame ahora mismo! – era la voz de Blair.
-          Ni lo sueñes, te necesito para mis planes – y esa la voz de mi susodicha tía.
-          No pienso ayudarte Rose, antes muerta – amenazo Blair.

Me fui acercando. Blair estaba allí y la tenían presa. Tenía que ayudarla y escapar juntas.
-          ¿Nunca has deseado tener más poder? – dijo la voz de Jane – Si me hicieras caso podrías se más poderosa que tu querida amiga.
-          Me gusta ser como soy. Hacerte caso me supondría caer muy bajo como persona.

Entreabrí la puerta con cuidado de no llamar la atención. Aunque  resulto ser inútil. Ambas me miraron con ojos como platos. ¡Mierda! Se me olvidaba lo del aura.

-          ¡Holly! – dijo Blair con alegría.

Ya puestos dejaría todo claro. Me tocaba actuar de una vez por todas.

-          Rose deja a Blair ahora mismo – dije amenazante.
-          No puedes conmigo querida niña, ninguna de las dos podéis – se acerco a Blair y le acarició la cara mientras me miraba – Pero ya que estas aquí podrás ver el despertar de tu querida amiga.
-          ¿¡Despertar!? – dijimos las dos a la vez.

Rose no nos contestó. Puso los dedos índice y corazón en la frente de Blair. Una luz emanó de sus dedos cegándome en un primer momento. Cuando pude ver Blair estaba inconsciente en el suelo. No me lo pensé dos veces y fui a por ella. La cogí entre mis brazos y la zarandee para despertarla. Pero nada. Mire a Rose con rabia y de mi mano emano una luz, la puse frente a Rose pero una mano me paró. Blair había despertado.

-          Blair, ¿estás bien? – dije preocupada.
-          Por supuesto que si – me hizo a un lado y se levantó sin ninguna complicación.
Me levanté tras ella.

-          Vámonos Blair – dije a sus espaldas.
-          No - ¿cómo? – Yo no me voy, ni tu tampoco – dijo girándose y cogiéndome del cuello.
-          Blair, pero que haces... – no podía respirar con facilidad.
-          Terminar el trabajo que hace muchos años tuve que haber terminado – no entendía nada.

La miré a los ojos intentando adivinar alguna respuesta que me ayudara a entender que es lo que estaba ocurriendo.

-          Blair, recuerda que no tienes que matarla – Blair la miró enfadada – Todavía – Blair sonrió sombríamente.
-          Ya lo se, antes me tiene que dar algo que debería ser mío – me miró – Muy bien brujita de magia blanca, dame lo que es mío ¡Ahora!
-          No se... de que me estas... hablando – dije apenas sin aire.

Esa no era mi amiga. Ella no me haría esto. ¿Qué estaba pasando? Tenía que escapar de alguna manera. ¿Pero como iba hacerlo? Pensé en como hacía Blair para teletransportarse pero mucho me temía que no fuera capaz de hacerlo. Mire por todos los lados. A los lejos en una mesa había una vajilla de metal. Si pudiera moverlos hacía ellas...

Cerré los ojos fuertemente y puse todas mis fuerzas para mover aquellos objetos. Noté el sudor de mi frente mientras Blair no dejaba de apretar mi cuello.

-          Déjala, la mataras... – dijo Rose aunque sin importarle demasiado.
-          Está bien... – dijo Blair con resignación.
Cuando recupere el aire pude ser capaz de concentrar más mis energías. Abrí los ojos en el mismo momento que los objetos estaban en el aire.

-          ¡Átala! – dijo Rose.

-          No – dije.

Y mande los objetos hacia ellas. Salí corriendo cuando ellas cayeron al suelo. Me perdí entre los pasillos sin llegar a ver ninguna salida. ¿Dónde estaría? Escuché unas voces detrás.

-          ¿Cómo que se ha escapado? ¿Por qué no había nadie en la puerta vigilando?
-          Lo siento señor... Tuve una emergencia y...

¿Así que si me estaban vigilando? Debo salir de aquí lo antes posible. Seguí corriendo sin ningún sentido. No sabía a donde iba, pero en algún momento me tendría que encontrar con alguna puerta que diera a la salida.

-          ¡Holly! – era la voz de Matt - ¡Espera!

¡No! Él era muchísimo más rápido que yo, me atraparía enseguida. Pare en seco recuperando el aliento. No tenía otra alternativa. O intentaba teletransportarme ahora o me quedaría aquí para siempre. Intente recordar lo que Blair siempre me decía: imagina un lugar a donde quieras ir, un lugar familiar.

Y así lo hice. Me giré viendo como Matt se acercaba a mi mientras en mi mente iba creando con detalle un lugar a donde siempre me había sentido a gusto. Donde había vivido los momentos más importantes de mi vida. La imagen de Matt se fue haciendo borrosa mientras lo escuchaba llamarme. A los pocos segundos había conseguido, contra todo pronostico, llegar al lugar al que yo deseaba ir. El bosque de atrás de casa de mis padres.

Me senté en el suelo intentando asimilar todo lo ocurrido. No entendía ese cambio de comportamiento de Blair. Ella nunca me había tratado o hablado de aquella manera. Ella no era así. Su mirada era oscura y su voz tenebrosa.

-          ¿Holly? – alcé la mirada hacía aquella voz - ¡Holly! – los ojos me escocían por las ganas de llorar al ver a la persona que menos me esperaba.

-          Tía Jane...

Tía Jane en el cuerpo de Rose. Ahora lo sentía, ahora que lo sabía podía sentir el aura pura de mi tía. ¡Que estúpida había sido! ¿Cómo no me había dado cuenta? Jane vino hacía mí y me arropo entre sus cálidos brazos.

-          Bienvenida a casa, cariño. 

28 mayo 2012

Capitulo 12 "Amar al destino"


¿Por qué somos lo que somos? ¿Qué nos lleva a ser de una determinada manera? Dicen que en esta vida evolucionamos, cambiamos con el transcurso del día a día. Que según con quien nos juntemos somos de una manera o de otra ¿y no es cierto? ¿Acaso somos iguales con nuestros amigos que con nuestros padres? Dile a tu padre que te emborrachaste la pasada noche y que te despertaste en la cama de vete tu a saber quien, ya veras la ostia que te da. En cambio dile eso a un amigo, ya verás las risas que os echáis.
Con esto simplemente quiero decir que somos lo que somos porque queremos ser así, porque lo que nos rodea nos hace ser.











Unos cuantos años atrás

Saque la ropa de la maleta y la metí toda echa un ocho dentro del armario gris de mi nueva habitación. No quería perder el tiempo en doblar la ropa y ponerla en el armario, porque sabía que a la semana iba a estar tal y como la había dejado ahora. Puse mis libros en una estantería vacía y me concentre en mi misión. ¿Qué que misión era? La de encontrar a mi compañera. Y no me refiero a la de cuarto. Claro que si encuentro a mi compañera y encima es la que ocupara la otra cama de mi habitación me llevo dos por uno.

Salí del cuarto y me puse a dar vueltas por los pasillos intentando encontrar a aquella persona que haría de mi mundo algo más especial, pues complementaría una parte de mi vida que siempre me había faltado. Desde pequeña me habían dicho que toda persona esta destinada a tener a alguien, y más alguien como yo.

Las brujas necesitan a una compañera fiel y amiga para complementarse. Estas pueden ser de carácter totalmente diferentes, de una manera que parezca incompatibles como personas, pero les unirá un hilo más fuerte que el diamante. Sus magias se sintonizaran en una frecuencia única, donde la unión las hará más fuertes.  Aunque esto no siempre funcionó. Hubo una vez, hace muchísimos años, que dos brujas que debieron ser compañeras se convirtieron en rivales, creando así dos bandos claramente diferenciados donde cada bruja tubo que elegir a cual pertenecer.

Según me habían contando, esa historia podría volver a repetirse en tiempos actuales. Las almas de aquellas brujas se han reencarnado en un cuerpo joven y nuevo. Se supone que mi compañera es una de aquellas almas reencarnadas.

Seguía vagando por los pasillos pero no sentía nada. Nadie me llamaba la atención hasta que me canse de andar y regrese a mi cuarto.

-          Max no hace falta que me sigas hasta mi cuarto, en cuanto me acostumbre a este lugar ya no estaré así – dijo la chica de cabello castaño, largo y ondulado a un chico de pelo castaño algo más bajito que ella – Puedes irte, en cualquier momento puede venir mi compañera de... – alzo la mirada y se dio cuenta de mi presencia - ¡Hola!

-          Hola, ¿tu serás mi compañera de cuarto? – le di la mano – Me llamo Blair – ella la cogió, una corriente me erizó el vello del cuerpo.

-          Yo soy Holly – sus ojos eran violetas, parecían dulces de caramelo. Su voz me transportó a otro lugar, a otro tiempo a donde dos chicas se dieron la mano de la misma manera que hoy lo hacíamos ella y yo para después sacar el hacha de guerra contra la otra.

-          Bienvenida compañera – y la abracé con toda la alegría del mundo dejándola patidifusa pero abrazándome a su vez.

Ese día algo muy fuerte nos unió, algo que creía irrompible. La delgada línea de diamante se tenso creando un fuerte vínculo y convirtiéndonos en grandes amigas. Pero... ¿acaso es oro todo lo que reluce?





Me desperté con la respiración agitada y con todos los pelos en la cara. Cuando dije que la noche sería larga nunca imagine que esa noche se acabaría convirtiendo en días. Era la séptima noche desde que Holly fue secuestrada por un vampiro. Jeremy nos había guiado siguiendo el rastro del vampiro, puesto que él, como licántropo tenía un sentido especial para ello.

-          ¿Estás bien pelirroja? – dijo el susodicho desde la oscuridad de la cabaña vieja y abandonada que encontramos para pasar la noche – No parecía que tuvieras una pesadilla.

-          Y no lo era – dije mientras me ponía de pie dándole sin querer un patada a Max que había estado durmiendo a mi lado – Pero... ¡Vaya! Había creído entender algo de ese sueño pero no me acuerdo – me acerque a Jer - ¿Algo nuevo?

-          No, aunque cada vez estamos más cerca. El olor es más reciente.

-          Pues a ver si es verdad – dijo Max mientras se desperezaba – Estoy harto de dormir en el suelo y que me despierten a patadas.

Me acerqué a él y le pellizque la mejilla.

-          No te quejes Maxie – cuando escuché que se quejaba deje de apretar y puse mi mano en su hombro – Todo esto es por Holly, ya lo sabes.

Jane, la gatita, salto desde algún lugar y se planto en frente de los tres mirándonos. Luego su mirada quedo fijada en Max.

-          Dice que ha encontrado el escondite de los vampiros. Esta vigilado y es peligroso. Hay dos guardias en la puerta y que por lo que ha podido ver dentro hay muchísimos más vigilando cada rincón.

-          Esos chupasangres son como ratas ¡Vayas donde vayas siempre hay! – se quejó Jeremy.

-          ¿Y ahora que hacemos? – dije mirándole.

-          Pues vamos a ir – dijo como si nada.

-          ¿Has escuchado lo que te he dicho? – dijo Max molesto.

-          Sí. Pero vuestra amiga esta allí dentro, ¿no? – los dos asentimos – Pues habrá que entrar de alguna manera.

-          Yo puedo hacerlo – dije – Si consigo localizar el aura de Holly puedo tele transportarme allí dentro.

-          Muy lista brujita, pero no lo creo factible.

-          ¿A si? Explícame porque guapo – dije desafiándole.

-          Creo que tu mejor que yo sabes que hay más brujas y que muchas de ellas se aliaron una vez con los vampiros, digamos que son el bando oscuro. Ellos también tienen sus recursos contra la magia.

-          ¿Bando oscuro? – pregunto Max.

-          Cualquier tipo de magia que tenga que ver con la muerte y la destrucción es oscura. Sobretodo si esa magia se junta con los chupasangres, que de muerte saben mucho.

-          Veo que los odias – dije.

-          Lo llevo en mi naturaleza – cogió una bolsa – Vamos, no hay tiempo que perder. 




Siete noches aquí encerrada. Matt me las iba a pagar. ¿Qué pretendía sacándome así de mi cuarto para luego dejarme en esta habitación día y noche encerrada? La comida estaba buena, eso tenía que reconocerlo... ¿¡No me estaría cebando para luego chuparme la sangre!? Me acerqué a la puerta por décima vez aquel día y grité:

-          ¿Quiere alguien sacarme de aquí?

Pero para variar nadie contestó. Estaba aburrida, cansada y echaba de menos a mi gente. Me senté en la gran cama de matrimonio y hundí la cara entre mis manos. Tuve unas ganas tremendas de echarme a llorar pero no lo hice. Por increíble que pareciese me sentía incapaz de llorar. No había vuelto a hacerlo desde la muerte de mi madre.

-          ¡Ay mama! ¿Por qué me pasan a mí estas cosas?

La puerta se abrió e inconscientemente cogí un cojín de la cama y me lo puse en el pecho. No pude creer lo que mis ojos me proyectaron. ¡Era mi tía!

-          ¡Tía Jane! Has venido a por mí – dije mientras tiraba el cojín por el suelo y me tiraba a sus brazos.

Ella no me correspondió pero no le di importancia. Ella estaba aquí conmigo, nada me importaba más que volverla a ver.

-          Shhh calla pequeña, si me pillan estamos perdidas – dijo apartándome un poco y cerrando la puerta sin hacer ruido.

-          ¿Has venido a buscarme? – pregunte con alegría.

-          Algo así – me miró raramente - ¿Por qué no has utilizado tus poderes para irte de aquí? – quiso saber.

-          No se..., no se como hacerlo. Es muy extraño tía Jane, pero a pesar de lo que Blair diga no puedo utilizar bien mis poderes. ¿Sabes tu porque?

-          Cla...

La puerta se abrió dando un portazo. Matt entró a la habitación y cogió rudamente del brazo a mi tía.

-          ¡Fuera de aquí! Te dije que no te acercaras.

-          Suéltala – le ordene – Es mi tía.

Matt me miró sorprendido. Pero no tarde ni dos segundos en volver la mirada a Jane.

-          Fuera – y la soltó.

Jane me miró de nuevo. Tuve una sensación extraña pero no acerté a identificar porque. Salió de la habitación con la espalda recta y paso decidido.

-          Tu también te puedes ir – le dije dándole la espalda.

-          Lo siento mucho Holly – dijo poniendo sus frías manos en mis hombros – Me hubiera gustado poder venir a verte antes pero... las circunstancias me lo han impedido.

-          ¡Eso que más da! – dije dándome la vuelto, enfrentándole con la mirada – Me has secuestrado, me has sacado de mi hogar contra mi voluntad.

-          No podía estar sin ti, no quiero perderte – me acercó a él, dándome un cariñoso abrazo - ¿Por qué te fías de esa bruja y no te fías de mi?

-          Esa bruja es mi tía – dije apartándome – Tu...

-          ¿Yo que soy? Creo que te equivocas en muchas cosas Holly, esa mujer no es tu tía.

-          ¡Sí lo es! – dije furiosa.

-          Si esa mujer fuera tu tía no te hubiera dejado conmigo. Esa mujer no es quien parece. Ese cuerpo no es suyo. Se llama Rosemary.

-          Eso es imposible... Rose...

Entonces empecé a encajar las piezas. El cambio de comportamiento de Rose todo este tiempo, aquella despedida, aquella ultima frase...  ¿Pero como era posible? ¿Por qué nadie me había dicho nada? ¿Blair y Max lo sabrían? ¿Cómo lo sabía Matt?

Todo hilo de pensamiento dejo de existir cuando Matt me cogió entre sus brazos y junto sus labios con los míos. A pesar de ser fríos como el hielo yo me sentía arder.

-          Déjame que te quiera – dijo apartando sus labios un poco – Déjame hacerte mía...
-          ¿P-porque?
-          Porque así debe ser cielo. En cuanto te vi lo supe. Tú existes porque yo existo. Te necesito porque tú eres mi aire. Tu me das la vida que no tengo – me acarició la cara con la mano y me perdí en su mirada, olvidando si el que tenía delante era Matt o era Jeremy – Porque tu calor responde ante mis besos – y fundimos nuestros labios.

La cabeza dejo de funcionar. Los brazos se movieron solos y rodearon su cuello. No sentía el frío, pues toda yo ardía en llamas. El me atrajo más cogiéndome por la nalga y haciendo que se me escapara un suave gemido. Con dulzura me cogió del pelo y tiro de mi hacía atrás besándome el cuello. Leves descargas de pasión hacían que mi corazón bombeara a gran velocidad. Entreabrí la boca dejándome  llevar. Matt fue descendiendo por mi cuello hasta llegar a mi pecho donde se deleito jugando con su lengua. Los pezones se me pusieron duros. La respiración era agitada.

En un cambio repentino volvió a devorar mi boca con voracidad cogiendo con su mano uno de mis pechos. Me sentía enloquecer. La cabeza me daba vueltas. La imagen de Jeremy se confundía con la de Matt. No entendía lo que me pasaba, mi cuerpo reaccionaba solo. Pare de repente cuando en mi mente escuche ruido tras la puerta. Se escuchaban gritos.

-          ¡¡Holly!! – esa era la voz de Blair.

-          Blair... – dije apartándome de Matt y empezando el camino hacia la puerta, Matt me cogió de la muñeca parándome.

-          No vayas... – su voz sonó ronca y triste.

Me lo quedé mirando unos segundos ¿qué debía hacer? 

13 abril 2012

Capitulo 11 "Amar al destino"


En medio de esta gran confusión, los hombres creen saber lo que es bueno y lo que es malo. Creen también que haciendo lo que llaman “bueno” y evitando lo que llaman “malo”, están cumpliendo con todo su deber. No saben cuán confundidos están, no saben que viven en el error, no saben que continuamente se engañan a sí mismos y engañan a los demás. No lo saben porque están dormidos, porque les han lavado el cerebro, porque les han anulado el Espíritu desde su nacimiento. La mayoría de los hombres llama luz a lo que es verdadera oscuridad y a la Luz Verdadera la percibe como tinieblas. Llama “bien” a todo lo satánico proveniente del demiurgo, y a todo lo que proviene del Dios Incognoscible lo llama “mal”.


-          Que hace un maldito licántropo aquí – siseo Matt, el vampiro.

Un licántropo. El chico que estuvo aquella noche en mi cumpleaños era un licántropo. Iba vestido de la misma manera. Pantalones negros, camisa negra un poco abierta, pelo despeinado, pero no estaba esa sonrisa torcida. Su semblante serio mostraba asombro. Quise comprobar que tipo de ser era. Cerré mis ojos y detecte su aura cálida. Cuando estuve apunto de rozarla me tope con una muralla. ¿Pero que...? Nunca me había pasado algo parecido. Nunca había tenido la necesidad de pedir permiso para entrar y explorar. Lo intente de nuevo, pero el esfuerzo fue en vano. Le miré.
-          No te voy a dejar entrar brujita, no insistas – me dijo – Por cierto, ¿por qué cada vez que te veo te encuentro con mala compañía? – y miró a Matt.
-          Holly, vayámonos – dijo Matt amarrándome de la mano.
Al segundo el chico estaba frente a nosotros.
-          No te la llevaras. Ella no será una nueva victima más.
-          No pienso hacerle nada – la voz de Matt rugió de furia – Además, ¿quién te crees que eres para darme ordenes?
-          Buena pregunta – y se rió – Te la respondería encantado Matt – Matt se tensó ante el nombramiento de su nombre – Me llamo Jeremy y tu, te has equivocado de chica – al momento Jeremy me cogió y me cargó a su espalda, cogiéndome de las piernas.
Echó a correr como si le persiguiera la misma muerte. Todo a mí alrededor se vio borroso. Sabía que los licántropos eran rápidos, más que una persona normal y corriente, pero nunca imaginé tal cosa. Su cuerpo se notaba caliente. Al contrario que los vampiros, que eran fríos como el hielo, los licántropos tenía una temperatura superior a la de las personas, de alrededor de unos cuarenta y cinco grados, una temperatura en la que las personas deberían estar sino muertas, en camino de ello.
-          ¿A dónde me llevas? – le dije aferrándome a él temiendo caerme.
-          A un lugar seguro – su voz no se notaba cansada por el esfuerzo de correr y de llevar una carga en su espalda - ¿has sentido miedo?– había humor en sus palabras.
-          No te lo diré – dije apoyando mi mejilla contra su espalda.
De repente paró. Estábamos en el parque donde esa misma mañana había encontrado a Tyara. Me sentó en uno de los bancos. Él se quedo de pie. Sin mirarme.
-          Deberías tener más cuidado – dijo de voz y pronto – Los vampiros son... seres en los que no debes confiar – se medio giró y me miró – podrías convertirte en su cena.
-          ¿Y de un licántropo me debería fiar? – la pregunta le pillo por sorpresa.
-          Nosotros no nos comemos a las personas – su voz mordaz me pillo desprevenida – Supongo que sabrás volver desde aquí a tu casa – se volvió a girar y comenzó la marcha.
-          ¡Espera! – dije mientras me ponía de pie, él se paro – Jeremy, ¿no? Igualmente, gracias.
-          Te debía una, ahora ya estamos en paces – y desapareció en la noche.
Cogí mis cosas y empecé una marcha lenta hacía mi casa. Hoy había sido un día muy interesante. En un mismo día había adoptado a una gatita que, a mi parecer, parecía entender lo que yo le decía, a un vampiro y me había reencontrado con el chico misterioso, Jeremy. Me paré en un semáforo en rojo esperando. Al otro lado de la calle algo me llamó la atención…




Unos segundos después de que ese pulgoso y Holly desaparecieran Allan me honro con su presencia. Su sonrisa fría fue un presagio de mal agüero. Pase de él. No estaba para escuchar uno más de sus sermones. Tenía muchas cosas en las que pensar. Me di la vuelta, pero su mano se aferró a mi brazo y me impidió hacer movimiento alguno.
- ¿Por qué lo has dejado escapar? – siseó.
-          Que más da – no me importaba – No durará mucho.
-          El licántropo ese es nuestro más fuerte enemigo ¡Tenias que haberlo matado! – me cogió por el cuello y empotró mi cuerpo contra la pared, esta se quebró dejando caer alguna que otra piedra en el caliente asfalto – Y esa bruja... ¡Esa bruja es la chica que necesitamos!
-          ¿Q-que quieres decir? – no me estaba ahogando, los vampiros no necesitamos respirar – El mensaje que he dejado hoy.. ¿era para Holly? – esto no me gustaba un pelo.
-          Claro que si idiota ¿cuántas brujas conoces con los ojos violetas? ¿Cuántas? ¡Solo queda una! Es ella quien decide la batalla, sin ella... ¡estamos perdidos!
Me reí ante las palabras de Allan. ¿Cómo iba a ayudarnos esa criatura? Puede ser que fuera una bruja pero la humana más frágil que había tocado nunca. El recuerdo del palpitar de su sangre en el cuello hizo que me relamiera. Tenía la sangre más apetecible que había olido jamás.
-          No digas tonterías Allan – dije mientras apartaba su brazo - ¿Cómo íbamos a perder nosotros?
-          Ella tiene la clave, la clave para exterminarnos – se dio media vuelta – Más te vale convencerla para que se una a nosotros. Ya he visto que..., se te da muy bien tratar con brujitas adolescentes. Lo dejo en tus manos Matt, no me falles – y desapareció volando en forma de murciélago dejándome totalmente desconcertado.
¿Cómo iba yo a convencerla? Una sonrisa blanquecina se vislumbro entre mis labios cuando encontré la respuesta. ¿Acaso no éramos los vampiros el ser con más arte para la seducción?





-          ¿¡Esta vivo!? Pensamos que había muerto aquel fatídico día... – dijo Mikael – Esto cambia las cosas...
-          No cambia nada Mikael, Matt es un vampiro, por lo tanto nuestro enemigo – dije a pesar de que me dolía tan solo pensarlo.
Había vivido con el remordimiento de no haber cuidado de él como mi padre me dijo que hiciera. Pensando que había muerto. Pero pensándolo bien, muerto estaba.
-          Sigue siendo tu hermano Jeremy y también fue, aunque por poco tiempo, uno más entre nosotros. Puede ser que esta batalla sea la oportunidad para volver a poner las cosas en orden, incluido él.
Picaron a la gran puerta color gris cenizo del despacho de Mikael. Vivía en una gran mansión, el muy cabron tenía tanta pasta que se le salía por las orejas. Vivir tantos años le había salido rentable. Aunque la edad ya le estaba empezando a pasar factura.
-          Entra – dijo si prestar atención a la puerta, pensativo todavía en los nuevos acontecimientos.
-          Señor, le traigo su medicina – dijo una joven con una bandeja en las manos.
-          ¡Ahora no Nira! – se quejo Mikael cual niño pequeño.
-          Me da igual lo que usted me diga señor. Mi responsabilidad es cuidar de usted, y si entre esas tareas tengo que meterle un embudo en la boca para que se tome sus medicinas no olvide que soy capaz de hacerlo – dejó la bandeja sobre el escritorio – Vendré de aquí unos minutos, espero que haga lo que tiene que hacer – se dio media vuelta, me miró y me sonrió – Buenas noches señor Jeremy, es un gusto volver a verle.
-          Igualmente Nira, ¿todo bien? – le conteste.
-          Sí, espero que esta vez se quede algo más de tiempo. Me debe una cena – me dedicó otra de sus sonrisas picaras y salió por la puerta.
Escuché refunfuñar a Mikael mientras olía el liquido que tenía que beber. Seguramente estaría asqueroso. Pero el caso es que funcionaba, como todos los brebajes que las brujas nos proporcionaban. Yo mismo era fiel testigo de que eran eficaces, pues aquella niña, Holly, me dio a probar uno y al momento me sentí mejor.
-          Arrggg ¡Voy a morir! – dijo Mikael muy teatrero – Bueno – añadió sacudiendo la cabeza – Por donde íbamos... ¡ah si! Tu hermano... Ya se que desde aquel fatídico día no tomas en gracia a ningún vampiro pero a pesar de lo que parezca tiene tu misma sangre. No se si hay alguna posibilidad de volver recuperarle pero valdrá la pena intentarlo  Jer.
-          Nada de lo que te diga te va a hacer cambiar de parecer ¿no? – dije medio refunfuñando.
-          Nada, amigo mío, nada – se acomodó más en su sillón – Y ahora bien... Cuéntame más cosas sobre esa brujita que dices que conoces...




Las diez de la noche y ninguna noticia de Holly. ¿Le habrá pasado algo? ¿Tendría que ir a buscarla? ¿O mejor me quedo en casa? “No te preocupes Max, esta bien” me dijo la voz de Jane. Mire a la gata de ojos carmesíes. No me mentía, lo se. Pero sentía un nudo en el estomago. Me tiré en el sofá con los brazos cruzados, moviendo una pierna inquieta. ¿Pero porque no ha llegado todavía?
Sin querer escuché los pensamientos de Jane. Estaba triste por no poder a abrazar a su sobrina con su propio cuerpo. Aun recuerdo el día en que todo eso paso. Fue al día siguiente de la muerte de la abuela de Holly cuando Jane y mi madre intercambiaron cuerpo. La causante de eso fue Jane, pues en un intento de proteger a Holly le arrebato el cuerpo a Rose dándole el suyo a cambio. Jane se pudo quedar en la casa gracias a hacerse pasar por Rose, pero mi madre tuvo que marcharse, echa una furia cabe añadir. Aun así el comportamiento de Holly a la que pensaba que era su madrastra fue el mismo, todavía no sabía identificar las auras y aun ahora le costaba bastante. 
Jane se acercó a la puerta de la entrada ronroneando. La puerta se abrió y se escucharon unas risas.
-  Pues imagínate la cara que puso mi madre cuando sin querer desaparecí de la mesa mientras comíamos – esa risilla me resultó sumamente familiar – Cuando conseguí regresar estaba con mano en el teléfono llamando a la policía diciendo que me había secuestrado con un truco de magia.
Por la puerta aparecieron Holly y Blair. Blair no paraba de hablar como siempre, siempre tan animada. Llevaba puesto un vestido amarillo, el cual más chillón, y un pañuelo rojo en el cuello. El pelo anaranjado lo llevaba suelto y rebelde. Me miró y me guiñó un ojo:

-          ¿Cómo estas Maxi? – me cogió del moflete y me lo estiró como hacen las viejas con los niños pequeños - ¡Pero si pareces todo un hombre! – y se rió de nuevo.

Jane ronroneo en las piernas de Holly llamando su atención. Esta la cogió en brazos y comenzó a acariciarla.

-          ¡Oh! ¿Esta es la gatita de la que me habías hablado? – se acercó a la gatita – Que bonita... – de repente su mano se quedo quieta.

Blair cerró los ojos, luego soltó el aire que había estado reteniendo y me miró. “Sí, como puedes comprobar es Jane” Blair abrió la boca por la sorpresa “Ya era muy fuerte que Jane hubiera cambiado su cuerpo con la intrusa, ¿ahora se ha convertido en gato?” Holly dijo algo pero ninguno de los dos le hicimos caso, viendo nuestro caso se fue a su cuarto a lo que creo que dijo cambiarse. “No se ha convertido, es una parte de su poder materializado en gato para poder cuidar de Holly”. Jane, Tyara, saltó  a mis piernas y me miró “Tenéis que hablar con Holly en sus ropas he notado dos olores distintos”. “¿Dos olores?” Miré a Blair.

-          Holly ha estado con un vampiro y un licántropo.

Los tres nos quedamos mirándonos. Si no poníamos cartas en el asunto Holly podría estar en peligro.



Ya les vale a esos dos por ignorarme. Se han quedado mirándose como dos tortolitos. Ya sabía yo que entre ellos hay algo pero no me quieren decir nada. ¡Que más da! Me quite la ropa que llevaba y me puse unos pantalones corto de deportes y una camiseta de tirantes blanca.

Había sido sorprendente la aparición de Blair cuando iba a cruzar la calle. Tenía muchas ganas de verla. Desde que dejamos el internado no habíamos podido hablar mucho y la echaba mucho de menos. No podía evitar que me faltaba algo cuando ella no estaba. Era como mi hermana. Aunque... desde hace tiempo notó un vacío muy distinto en mi interior. Es como si me faltara una pieza que encajara dentro de mí.

Me asomé a la ventana y respiré un poco de aire fresco mientras pensaba en aquellos dos chicos. Eran tan iguales pero a la vez tan distintos. El frío de uno por ser vampiro y el calor del otro por ser licántropo. La alegría de uno y la seriedad del otro. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando me acordé de aquel beso con Matt. Por un segundo desee poder volver a besarle aunque solo pensara en Jeremy mientras lo besaba. ¿Pero que me estaba pasando? Cerré los ojos fuertemente. Noté que el aire se movía a mí alrededor y que unos brazos fríos se hacían dueños de mi cuerpo.



-          Será mejor no perderla de vista – dije – Nada más nos faltaría que nos la fueran secuestrando – me quité el pañuelo rojo del cuello y empecé la marcha hacía la habitación de mi mejor amiga.

-          Tienes razón – dijo Max – Después del mensaje en la pared de la cocina... no hay que fiarse de nada, ni de nadie... Aunque no creo que Holly... – se calló en seco cuando abría la puerta de la habitación de Holly.

La cortina se movía a causa del viento. La ventana estaba abierta. Había ropa desperdigada por todas partes, lo que explicaba el sentido del orden de la dueña. Pero esta, no estaba.

-          ¿Dónde narices se ha metido? – dijo Max entrando y buscándola por todas partes.
-          No te esfuerces Maxi – dije – No la vas a encontrar debajo de ninguno de los montones de ropa – me acerqué a la ventana y cerré los ojos concentrándome en el aura de Holly.

Todavía la sentía, aunque muy lejos. Alguien estaba con ella. Alguien se la llevaba lejos de nosotros, de su familia. Intente transportarme a donde ella estaba pero estaba constantemente en movimiento y no podía. Quien fuese quien estuviera con ella era muy rápido.

-          No... – dije un susurro.
-          ¿Qué pasa? – dijo Max alarmado.
-          Acabo de perder su rastro – dije dándome la vuelta y abriendo los ojos – Se la acaban de llevar al nido del lobo.
-          Te equivocas – dijo una voz grave tras de mi.

Me giré y clave mi mirada en la mirada verde del hombre que se amarraba al marco de la ventana.

-          ¿Y tú quien eres? – espetó Max totalmente fuera de si.
-          Me presento – dijo mientras entraba por la ventana como si fuera lo más normal del mundo – Me llamo Jeremy y a vuestra amiga se la acaba de llevar un vampiro.
-          ¿Qué? – dije – Estamos perdidos, ¿cómo vamos a ir a por ella?
-          Será difícil – dijo Jeremy – Será peligroso, pero no será imposible.
-          ¿Y como puedes estar tan seguro? – Max le estaba matando con la mirada.
-          Muy fácil chabalin. Pero... me temo que tenemos que ponernos en marcha. Os lo explicare por el camino.
-          Sí, lo que tu digas guapo – le dije con una sonrisa en la cara – Pero para salir lo haremos por la puerta.

La noche se haría larga, estaba segura. Pero no temía a nada. Estaba en juego lo que más nos importaba a los aquí presentes. Estaba segura que Jeremy también le importaba, sino... ¿qué haría un licántropo con nosotros?