Estaban todos reunidos alrededor de una gran mesa redonda. Algunos miraban extrañados a los presentes, otros se mantenían pacientes esperando que el murmullo cesara para dar comienzo a la reunión.
- ¿De verdad que tengo que estar aquí? - dijo Nay nerviosa - Debería estar con mi hermano...
Una mano con tatuajes descoloridos por el sol paro sobre su hombro con misión de tranquilizarla.
- No te preocupes, mis cuidados lo sanaran rápido - sonrió Runa tranquila y divertida al ver la mirada furiosa de Evelyn - ¿Verdad?
- Bah... Sigo diciendo que los antiobioticos harían mejor que esas cosas raras que traes, seguro que coge alguna jodida infección... A saber de que mierda de caballo venía eso...
Runa rió divertida a la vez que la mirada de Ariadna acusaba el vocabulario inapropiado de su hermana melliza.
- Quien lo diría, la pequeña Eve con tales palabras..., la ultima vez que te vi eras una niña dulce y obediente bajo el mando de tu padre, ya veo que tu hermana no ejerce ese mismo poder sobre ti - la voz de Ben sonó serena pero sus palabras escupían veneno, una mujer al cargo de uno de los mejores aquelarres que conocía... Qué barbarie pensaba.
Pero Ariadna no contestó, sus palabras resbalaron al igual que lo hacía el agua por su cuerpo cada mañana al lavarse.
- Yo solo quisiera saber... - dijo Creick mirando a todos los presentes, incluso al viejo de barbas blancas donde no conseguía averiguar donde tenía la boca... - Es si estar aquí me reportara algún beneficio, estoy perdiendo dinero estando aquí escuchando vuestras pullas y muchas bestias estarán matando vidas inocentes mientras no hacemos más que gastar saliva.
- En serio, mi hermano... - insistía Nay - yo no hago nada aquí, solo vine porque necesitaba ayuda...
- Vayámonos de aquí ojitos claros - dijo Creick mientras se levantaba.
- Sentaos un momento - la voz de Ariadna sonó clara y autoritaria he hizo que el murmullo cesara a la vez que Creick tomaba asiento divertido - Es cierto que ambos - dijo dirigiéndose a Nay y Creick - no deberíais estar aquí, pero dadas las circunstancias y vuestras habilidades he decidido que era necesario que estuvierais presentes en esta reunión, una vez finalizada sois libres de marcharos si son así vuestros deseos.
- Joder espero que no dure mucho... - dijo Eve en voz baja, notó la mirada asesina de su hermana y sonrió.
- El motivo es claro: bestias. Hemos pasado un largo tiempo, unos más que otros - y miró a Ben que la estaba evaluando con la mirada - luchando contra ellas, hemos perdido familia y amigos por su culpa y solo nos hemos limitado a enfrentarlas en contadas ocasiones sin buscar una solución para exterminarlas. - hubo un pequeño barullo de voces, Ari espero unos segundos y cuando aflojó continuó - Cada uno de los presentes, incluidas las nuevas recientes incorporaciones, son los más sabios en el tema, los más experimentados en batallas... Hoy, os he convocado aquí para ponerle fin.
- Esto es una locura... - musitó Nay - Mi padre me contó que no se sabia de donde de salen y si alguien dió con la respuesta nunca volvió para contarlo, se por donde van los tiros, se que es lo que pretendes y es una absoluta locura...
- La puta locura es esperar a que acaben con nosotros ellos primero joder - explotó Eve - cada vez son más fuertes, las criaturas con menos fuerza son cada vez menos, se están movilizando...
- Solo podemos hacer una cosa... - Creick se había emocionado de golpe, matar criaturas es una de las cosas que más le gustaban - buscar el nido.
- Interesante - dijo Runa mientras jugueteaba con una piedra morada entre sus dedos - acabar con el problema desde la raíz...
- ¿Y quién serán los suicidas? - todos la miraron con la respuesta evidente escrita en sus rostros y aun teniendo poca visibilidad Nay se dio cuenta - ¡No! No participare en esto...
- Nay - dijo Ben - Creick nos ha contado tus habilidades con el arco a pesar de no ver demasiado, si es cierto lo que dice, tus habilidades incluso tus enseñanzas para los arqueros nos serían muy útiles. Ten en cuenta que como arquera tu posición no sería en primera linea, nunca estarías cuerpo a cuerpo con la bestia y además... ¿no desearías que tu hermano, el único hermano que te queda, creciera libre y sin peligros?
- Podría... podría pensarlo... quizás...
- Bien, llevamos mucho tiempo pensando en el plan y viendo la cantidad de bestias que nos hemos encontrado en los pocos rastreos que hemos hecho estas zonas - dijo mientras abría un mapa y lo dejaba encima de la mesa a la vista de todos, señaló unas zonas en color rojo - son donde más cantidad de criaturas se han hayado y exterminado por lo que suponemos que el nido o esta cerca o tienen algo que esconder por ahí.
- Acabemos con estas putas bestias - dijo Eve - ¿tu mierda de caballo nos ayudará Runa? ¿o lo harán esos polvos de vieja que tienes en los bolsillos?
- Polvos... sí, quizás ayuden... - sonrió a Eve- Estoy seguro que unos cuantos polvos no te irían mal pequeña lagarta de lengua suelta - esto provoco una sonrisa inesperada sobre Eve que más que molestarla le gustó que la contestara.
- Sabemos donde ir pero debemos prepararnos para ello, entrenar y eso requerirá un tiempo, esfuerzo y... - comenzó a decir Ariadna.
- Cooperación - terminó Ben, y miro a la jefa a los ojos sabiendo que iban a tener muchas desavenienzas pero algo dentro de él le decía que no iba a ser... tan irritante - Nay, se que antes te he mencionado que tu posición no implicaría cuerpo a cuerpo pero a la vez que pules tu habilidades con el arco sería recomendable que aprendieras ciertas técnicas de cuerpo a cuerpo para eso, Creick, deberás ayudarla a ella y a todos aquellos que quieras ayudarnos en esta misión - ambos asintieron, uno más que emocionado que el otro - Evelyn ayuda a Creick a la vez que deberás cooperar con el material de soporte médico con Runa, y Ariadna...
- Usted y yo deberíamos ocuparnos de la estrategia - finalizó Ariadna claramente molesta porque le hubiera quitado el rol de mando en esta reunión, cosa que no iba a consentir.
Una vez la reunión finalizó y con las tareas asignadas a cada uno de los presentes al igual que mucha más gente de aquel lugar se concedieron un día para mentalizarse para lo que al día siguiente estaba por comenzar.
Mostrando entradas con la etiqueta Valor y sangre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valor y sangre. Mostrar todas las entradas
07 septiembre 2012
12 julio 2012
Bestias, magia y valor
El sol se asomaba entre las colinas y la luz de un nuevo día daba paso a que aquellos horribles engendros de la naturaleza se escondieran, o al menos en su gran mayoría. Yo, desde una de las ultima ramas de un árbol observaba la fortaleza del aquelarre al que me habían pedido que acudiera. Sentada con una rodilla flexionaba y la espalda apoyada en el grueso tronco veo como un hombre acarrea a un niño a sus espalda mientras una joven le sigue muy de cerca con las manos alrededor de la del pequeño. La muchacha se veía afligida, y no solo lo demostraba su desaliñado aspecto sino por el aura que desprendía. Acababa de sufrir una gran perdida aunque no era la primera que su espíritu había debido de sentir. El hombre era otra cosa distinta, se le sentía frío pero con un gran calor interior. Como si nunca hubiera sentido la necesidad de dejarlo salir pero podía percibir como una brecha de ese hielo empezaba ha derretirse muy lentamente...
Mi vista sigue los pasos de esos dos y la vuelvo a mantener fija a la mansión. Tenía entendido que allí se encontraba casi un pueblo entero de supervivientes que había decidido establecerse ahí como si de una fortaleza se tratase. En muchos otros lugares habían seguido sus pasos pero yo nunca había sentido la necesidad de formar parte de ninguno. Y aun ahora seguía siendo así. Pero era cierto que las circunstancias apremiaban un acercamiento y si todos queríamos un lugar mejor había que cooperar.
Madre siempre me lo dijo que cuando el momento llegase lo sabría, lo sentiría y creo que es momento ha llegado. Me pongo de pie y pego un pequeño salto para ir agarrándome de cada rama hasta caer fácilmente a tierra firme. Saber vivir en la naturaleza siempre ha sido mi pasión. Lugares abiertos. Me sabía mover mejor entre la espesor del bosque que dentro de cuatro simples paredes. Al fin y al cabo la naturaleza era mi elemento.
Aun entre matorrales y arbustos sigo sin atreverme a dar el primer paso hacia la fortaleza escucho un movimiento a mis espaldas. Mi mano lenta y sigilosa se introduce en uno de los miles bolsillos de mi pantalón y poco a poco me doy la vuelta. No era más que otra de esas criaturas antinaturales, pequeña, como recién salida del cascaron pero no por eso menos peligrosa. Resultaba irónica que la criatura me mirara con inocencia, falsa inocencia.
- No engañas a nadie - le susurre.
Y el pequeño monstruo rugió, yo saque mi mano cerrada en un puño del bolsillo. La otra la deslice hacia la parte de atrás de mi cinturón y sin prisas saque una daga, larga y puntiaguda. Pase el filo de hoja por dentro de mi puño y esta se cubrió de un polvo rojo. Nada más alzar la vista vi como la cosa se acerco hacía mi, con las garras en alto, yo solo tuve que dar un pequeño impulso con fuerza hacía delante para clavarle mi daga en el pecho. Fue suficiente, la criatura, la pequeña criatura se quedo paralizada, su aliento se había detenido en cuanto introduje la daga en toda su plenitud, su cuerpo se había quedado rígido. Cuando la saqué la criatura se convirtió en polvo.
- Polvo eres y el polvo te convertirás - dije mientras guardaba mi daga otra vez en su lugar.
Unos únicos aplausos me sorprendieron a mi derecha.
- Veo que has aprendido de tu madre, pequeña Runa - dijo un hombre de una treintena de edad.
- Yo veo que tu no has cambiado Ben, ¿qué tipo de alcohol fue anoche?
- Déjame que piense... mmm... No lo sé, lo estampé contra la chimenea - me pasó el brazo protector por encima los hombros - Vamos pequeña bruja, vamos a ver que nos cuenta Ariadna y su aquelarre.
Hoy, no se lo que pasaría hoy, pero lo que estaba claro es que nada iba a ser ya como lo conocíamos. Las bestias habían abierto la veda y para nosotros ya era demasiado tiempo viviendo escondidos a su merced, había que hacer algo.
Mi vista sigue los pasos de esos dos y la vuelvo a mantener fija a la mansión. Tenía entendido que allí se encontraba casi un pueblo entero de supervivientes que había decidido establecerse ahí como si de una fortaleza se tratase. En muchos otros lugares habían seguido sus pasos pero yo nunca había sentido la necesidad de formar parte de ninguno. Y aun ahora seguía siendo así. Pero era cierto que las circunstancias apremiaban un acercamiento y si todos queríamos un lugar mejor había que cooperar.
Madre siempre me lo dijo que cuando el momento llegase lo sabría, lo sentiría y creo que es momento ha llegado. Me pongo de pie y pego un pequeño salto para ir agarrándome de cada rama hasta caer fácilmente a tierra firme. Saber vivir en la naturaleza siempre ha sido mi pasión. Lugares abiertos. Me sabía mover mejor entre la espesor del bosque que dentro de cuatro simples paredes. Al fin y al cabo la naturaleza era mi elemento.
Aun entre matorrales y arbustos sigo sin atreverme a dar el primer paso hacia la fortaleza escucho un movimiento a mis espaldas. Mi mano lenta y sigilosa se introduce en uno de los miles bolsillos de mi pantalón y poco a poco me doy la vuelta. No era más que otra de esas criaturas antinaturales, pequeña, como recién salida del cascaron pero no por eso menos peligrosa. Resultaba irónica que la criatura me mirara con inocencia, falsa inocencia.
- No engañas a nadie - le susurre.
Y el pequeño monstruo rugió, yo saque mi mano cerrada en un puño del bolsillo. La otra la deslice hacia la parte de atrás de mi cinturón y sin prisas saque una daga, larga y puntiaguda. Pase el filo de hoja por dentro de mi puño y esta se cubrió de un polvo rojo. Nada más alzar la vista vi como la cosa se acerco hacía mi, con las garras en alto, yo solo tuve que dar un pequeño impulso con fuerza hacía delante para clavarle mi daga en el pecho. Fue suficiente, la criatura, la pequeña criatura se quedo paralizada, su aliento se había detenido en cuanto introduje la daga en toda su plenitud, su cuerpo se había quedado rígido. Cuando la saqué la criatura se convirtió en polvo.
- Polvo eres y el polvo te convertirás - dije mientras guardaba mi daga otra vez en su lugar.
Unos únicos aplausos me sorprendieron a mi derecha.
- Veo que has aprendido de tu madre, pequeña Runa - dijo un hombre de una treintena de edad.
- Yo veo que tu no has cambiado Ben, ¿qué tipo de alcohol fue anoche?
- Déjame que piense... mmm... No lo sé, lo estampé contra la chimenea - me pasó el brazo protector por encima los hombros - Vamos pequeña bruja, vamos a ver que nos cuenta Ariadna y su aquelarre.
Hoy, no se lo que pasaría hoy, pero lo que estaba claro es que nada iba a ser ya como lo conocíamos. Las bestias habían abierto la veda y para nosotros ya era demasiado tiempo viviendo escondidos a su merced, había que hacer algo.
28 marzo 2012
Bestias, pasado, sangre y futuro.
La madera cruje en la chimenea consumiéndose por las llamas. Esa era la única luz que alumbra la sala. Un pequeña biblioteca, con un par de sillones antiguos que se situaban adorando al fuego. Yo, sentado en uno de ellos, levanto mi mano con mi copa de... ¿qué era esta noche? Bah, alcohol. El liquido ambarino y traslucido se mezcla con el baile de las llamas. La noche era larga, como la que más. Aunque realmente no sabía si era de noche. Las ventanas estaban tapadas con maderas, impidiendo que entrara cualquier rayo de luz. Tampoco sabia cuando días hacia que me escondía en aquella vieja casona abandonada. Había hecho un paro en mi camino aunque sabía que tenía prisa y que le estaba esperando. Pero aquella botella de whisky le hizo tragar saliva y no se pudo contener. ¡Maldita bebida! Pero era lo único que tenía sentido en este mundo para él. Porque todo lo demás había cambiado, de un día para otro. Sin preguntar si se podía, o sin avisar si quiera.
¿ Bestias que se comían a la gente? ¿En serio? Puta mierda de todo. Había visto morir a sus amigos, a su familia, a su mujer que esperaba a su hijo... y seguía viviendo. Pero, ¿para que? Cuando conocía a Liss algo dentro de él empezó a encajar, ya no se sintió extraño siendo como era. Empezaba a darse cuenta que su forma de ser congeniaba con la de ella. Había sentido la necesidad de quererla y protegerla. Puesto que ella la daba sentido a su vida, a querer abrir los ojos por las mañanas. La vida era casi perfecta. Hasta que lo dijeron por las noticias. No sabían de donde venían, o que eran. Había gente que pensaba que era un ser humano mutado. Y puede ser que en algún momento fuera así, pero incluso esas cosas habían comenzado a reproducirse... Y no quería saber como, la mera idea de imaginarlo me producen arcadas.
Para el caso, cuando me quise dar cuenta de lo que estaba ocurriendo, de que era real poco más pude hacer que esconderme junto con Liss. Pero ella estaba embarazada de 8 meses y no podía moverse mucho. No había sido un embarazo fácil. Resguardados en el sótano de nuestra casa escuchamos ruido arriba. Escuchamos pedir ayuda y la mirada de Liss reflejo la necesidad de socorrer, estaba alterada. Quise salir a investigar, pero no encontré nada. Salvo cuando di media vuelta. Liss estaba muerta..
Me bebo el último trago de mi copa y la lanzo contra el fuego. Este se enciende vacilon durante unos segundos. Pero oh, fantástico. ¡Hay más! Me limite a sobrevivir, a seguir adelante. Nunca había sido una persona que se dejara vencer por las emociones. Aunque necesitaba realmente a Liss ella ya no estaba y ya no tenia que demostrar nada a nadie. Pero si podía hacer algo, acabar con cada cosa que devoró a mi familia. Y así hice. Cada cosa que ha pasado por delante de mi no ha visto ningún nuevo amanecer. Pasaron los años, yo seguía mi instinto. Hasta que un día, cuando quise darme cuenta de todo el tiempo que había pasado, lo vi. El reflejo en el espejo era de un hombre, de unos treinta años, pero realmente debía tener unos sesenta y pocos. ¡Tachan! No envejezco. ¿Chachi verdad? Pues no. Es una puta jodida mierda. ¡Esto nunca termina!
Y para colmo ahora me toca ir a un aquelarre del norte de donde me encontraba. Tenían ciertas hipótesis sobre algo, un movimiento controlado o algo así, de las bestias. Y necesitaban de mi sabiduría. ¡oh, halagador! Mierda. Aunque realmente sentía curiosidad. ¿Un aquelarre dirigido por una mujer? Era una niña la última vez que la vi. ¿Ya era capaz la pequeña Ariadna? Eso tenía que verlo, incluso de ponerlo a prueba, je.
¿ Bestias que se comían a la gente? ¿En serio? Puta mierda de todo. Había visto morir a sus amigos, a su familia, a su mujer que esperaba a su hijo... y seguía viviendo. Pero, ¿para que? Cuando conocía a Liss algo dentro de él empezó a encajar, ya no se sintió extraño siendo como era. Empezaba a darse cuenta que su forma de ser congeniaba con la de ella. Había sentido la necesidad de quererla y protegerla. Puesto que ella la daba sentido a su vida, a querer abrir los ojos por las mañanas. La vida era casi perfecta. Hasta que lo dijeron por las noticias. No sabían de donde venían, o que eran. Había gente que pensaba que era un ser humano mutado. Y puede ser que en algún momento fuera así, pero incluso esas cosas habían comenzado a reproducirse... Y no quería saber como, la mera idea de imaginarlo me producen arcadas.
Para el caso, cuando me quise dar cuenta de lo que estaba ocurriendo, de que era real poco más pude hacer que esconderme junto con Liss. Pero ella estaba embarazada de 8 meses y no podía moverse mucho. No había sido un embarazo fácil. Resguardados en el sótano de nuestra casa escuchamos ruido arriba. Escuchamos pedir ayuda y la mirada de Liss reflejo la necesidad de socorrer, estaba alterada. Quise salir a investigar, pero no encontré nada. Salvo cuando di media vuelta. Liss estaba muerta..
Me bebo el último trago de mi copa y la lanzo contra el fuego. Este se enciende vacilon durante unos segundos. Pero oh, fantástico. ¡Hay más! Me limite a sobrevivir, a seguir adelante. Nunca había sido una persona que se dejara vencer por las emociones. Aunque necesitaba realmente a Liss ella ya no estaba y ya no tenia que demostrar nada a nadie. Pero si podía hacer algo, acabar con cada cosa que devoró a mi familia. Y así hice. Cada cosa que ha pasado por delante de mi no ha visto ningún nuevo amanecer. Pasaron los años, yo seguía mi instinto. Hasta que un día, cuando quise darme cuenta de todo el tiempo que había pasado, lo vi. El reflejo en el espejo era de un hombre, de unos treinta años, pero realmente debía tener unos sesenta y pocos. ¡Tachan! No envejezco. ¿Chachi verdad? Pues no. Es una puta jodida mierda. ¡Esto nunca termina!
Y para colmo ahora me toca ir a un aquelarre del norte de donde me encontraba. Tenían ciertas hipótesis sobre algo, un movimiento controlado o algo así, de las bestias. Y necesitaban de mi sabiduría. ¡oh, halagador! Mierda. Aunque realmente sentía curiosidad. ¿Un aquelarre dirigido por una mujer? Era una niña la última vez que la vi. ¿Ya era capaz la pequeña Ariadna? Eso tenía que verlo, incluso de ponerlo a prueba, je.
08 marzo 2012
Muerte, sangre y dolor...
Llevaban ya un día entero encerrados en la trampilla que sus padres hicieron bajo el suelo de la casa para esconderse. El mayor de los dos muchachos todavía escuchaba como alguna bestia rondaba cerca ya que le llegaba su olor pero era tan tono que no identificaba de donde venía. El más pequeño temblaba entre los brazos de su hermano. Deseaba que su hermana volviera pronto. Tenía mucho miedo.
La bestia de ojos ambarinos se recorría toda la estancia siguiendo el olor. Ya había restregado su mugrienta nariz varias veces por encima de la trampilla pero había pasado de largo al no encontrar nada lógico. Se comenzaba a desesperar, estaba hambriento y la ira iba apoderándose de él. Así que según pasaba los minutos iba destrozando más y más cosas.
Los niños cada vez tenían más miedo. Era la primera vez que Nay los dejaba tanto rato a solas. Ellos no sabían como defenderse.
La bestia cargo con la estufa de metal y la tiro con el suelo con furia, abriendo a su paso un agujero en el suelo de la estancia. El olor se hizo más fuerte.
En las cercanías de la casa Nay notaba espantada tras un arbusto como habían dos bestias, una dentro y otra fuera por su hogar. Horrorizada no paraba de pensar en sus hermanos pequeños.
- Son débiles - dijo Creick, que estaba junto a ella. La quería dejar sana y salva para poder seguir su camino pero parecía que el destino no le dejaba tranquilo.
- ¿De ojos amarillos? - pregunto ella.
Comenzaba a amanecer y la noche daba paso a la luz,a la claridad, pronto las criaturas se cansarían de buscar, eso si es que no les superaba el hambre. Creick miró a Nay incrédulo.
- ¿Eres ciega? - pese a sonar como un insulto la pregunta era una pregunta seria.
Creick se acaba de dar cuenta de la capa de brillantes que los ojos claros de Nay presentaban. Como si tuviera una fina capa de tela brillante. Nay agacho la cabeza.
- No del todo, distinto el movimiento de "cosas" por suerte tengo el sentido del oído y del olfato más desarrollados. Por lo que identifico mucho mejor que una persona normal de donde vienen los sonidos y puedo distinguir a esas bestias de cualquier otra cosa. Huelen fatal...
- Pero antes... Con tu arco... Tu...
Creick estaba incrédulo, antes, era de noche y ella desde su escondite disparó a la bestia con su arco una flecha que dejo al bicho con un boquete en toda la cabeza.
- Ya te dicho puedo... - Nay interrumpio sus palabras cuando escuchó el estruendoso ruido que salió del interior de la casa - ¡Mis hermanos!
No se lo pensó dos veces y salió corriendo sacando su arco y preparando una flecha que en cuanto la bestia que estaba fuera se le fue a acercar se la llevo incrustada entre ojo y ojo.
- Esta mujer... Guau... - dijo Creick para si - Espérame loca.
La puerta de la entrada estaba destrozada. Nay se apoyo contra el marco preparada para girarse y entrar con otra flecha preparada en el arco. Creick ya se encontraba a su lado con la espada en mano. Un grito desgarrador salió del interior y Nay no pudo aguantar más. Pero cuando llegó al lugar de donde procedía el grito ya era demasiado tarde y ella se quedó paralizada.
Creick estaba fuera de si al ver la escena. Un crío, que parecía tener unos 8 años, estaba muerto en el suelo, con toda la espalda desgarrada dejando ver la columna vertebral. El estomago se le revolvió un poco pero había visto cosas peores, por desgracia. Al lado de este había un crío más pequeño, de unos 6 o 7 años, con el pie totalmente quemado al lado de una estufa destrozada. Lloraba desconsolado. Pero por otro lado la bestia se retorcía de dolor con los ojos lleno de brasas de la estufa. Y pronto entendió que había ocurrido.
El crío mayor había protegido al pequeño, a costa de su vida, este, en un intento de hacer algo por su hermano chutó la brasas con su pie descalzo para que le llegaran a la bestia y dejara de comer.
- Coge a tu hermano, ¡vamos! - le gritó Creick a Nay. Esta reaccionó.
Creick cargó contra la bestia poniéndole la espada en la garganta. La bestia gritaba y gritaba por el dolor. No veía, las brasas le habían quemado los ojos y sangraba una viscosidad oscura.
- Era solo un crío... - dijo Creick - solo un crío.
Le pego un rodillazo en el estomago, se apartó y con un corte limpio, le cortó la cabeza. El silencio se hizo en aquel lugar.
Más tarde, en las profundidades del bosque, en una cueva, había una pequeño fuego rodeado por tres personas. Creick cortaba con su cuchillo un trozo de madera para pasar el tiempo. El pequeño con el pie vendado y con fiebre dormía en los brazos de su hermana totalmente exhausto. Nay estaba en shock. No sabía que tenía que hacer.
- Mañana por la mañana os llevaré a un aquelarre que hay cerca de aquí. Es un día de camino más o menos. Ya cargaré yo con el chaval. Allí os acogerán y podrán curar mejor a tu hermano.
Nay solo se limitó a asentir....
La bestia de ojos ambarinos se recorría toda la estancia siguiendo el olor. Ya había restregado su mugrienta nariz varias veces por encima de la trampilla pero había pasado de largo al no encontrar nada lógico. Se comenzaba a desesperar, estaba hambriento y la ira iba apoderándose de él. Así que según pasaba los minutos iba destrozando más y más cosas.
Los niños cada vez tenían más miedo. Era la primera vez que Nay los dejaba tanto rato a solas. Ellos no sabían como defenderse.
La bestia cargo con la estufa de metal y la tiro con el suelo con furia, abriendo a su paso un agujero en el suelo de la estancia. El olor se hizo más fuerte.
En las cercanías de la casa Nay notaba espantada tras un arbusto como habían dos bestias, una dentro y otra fuera por su hogar. Horrorizada no paraba de pensar en sus hermanos pequeños.
- Son débiles - dijo Creick, que estaba junto a ella. La quería dejar sana y salva para poder seguir su camino pero parecía que el destino no le dejaba tranquilo.
- ¿De ojos amarillos? - pregunto ella.
Comenzaba a amanecer y la noche daba paso a la luz,a la claridad, pronto las criaturas se cansarían de buscar, eso si es que no les superaba el hambre. Creick miró a Nay incrédulo.
- ¿Eres ciega? - pese a sonar como un insulto la pregunta era una pregunta seria.
Creick se acaba de dar cuenta de la capa de brillantes que los ojos claros de Nay presentaban. Como si tuviera una fina capa de tela brillante. Nay agacho la cabeza.
- No del todo, distinto el movimiento de "cosas" por suerte tengo el sentido del oído y del olfato más desarrollados. Por lo que identifico mucho mejor que una persona normal de donde vienen los sonidos y puedo distinguir a esas bestias de cualquier otra cosa. Huelen fatal...
- Pero antes... Con tu arco... Tu...
Creick estaba incrédulo, antes, era de noche y ella desde su escondite disparó a la bestia con su arco una flecha que dejo al bicho con un boquete en toda la cabeza.
- Ya te dicho puedo... - Nay interrumpio sus palabras cuando escuchó el estruendoso ruido que salió del interior de la casa - ¡Mis hermanos!
No se lo pensó dos veces y salió corriendo sacando su arco y preparando una flecha que en cuanto la bestia que estaba fuera se le fue a acercar se la llevo incrustada entre ojo y ojo.
- Esta mujer... Guau... - dijo Creick para si - Espérame loca.
La puerta de la entrada estaba destrozada. Nay se apoyo contra el marco preparada para girarse y entrar con otra flecha preparada en el arco. Creick ya se encontraba a su lado con la espada en mano. Un grito desgarrador salió del interior y Nay no pudo aguantar más. Pero cuando llegó al lugar de donde procedía el grito ya era demasiado tarde y ella se quedó paralizada.
Creick estaba fuera de si al ver la escena. Un crío, que parecía tener unos 8 años, estaba muerto en el suelo, con toda la espalda desgarrada dejando ver la columna vertebral. El estomago se le revolvió un poco pero había visto cosas peores, por desgracia. Al lado de este había un crío más pequeño, de unos 6 o 7 años, con el pie totalmente quemado al lado de una estufa destrozada. Lloraba desconsolado. Pero por otro lado la bestia se retorcía de dolor con los ojos lleno de brasas de la estufa. Y pronto entendió que había ocurrido.
El crío mayor había protegido al pequeño, a costa de su vida, este, en un intento de hacer algo por su hermano chutó la brasas con su pie descalzo para que le llegaran a la bestia y dejara de comer.
- Coge a tu hermano, ¡vamos! - le gritó Creick a Nay. Esta reaccionó.
Creick cargó contra la bestia poniéndole la espada en la garganta. La bestia gritaba y gritaba por el dolor. No veía, las brasas le habían quemado los ojos y sangraba una viscosidad oscura.
- Era solo un crío... - dijo Creick - solo un crío.
Le pego un rodillazo en el estomago, se apartó y con un corte limpio, le cortó la cabeza. El silencio se hizo en aquel lugar.
Más tarde, en las profundidades del bosque, en una cueva, había una pequeño fuego rodeado por tres personas. Creick cortaba con su cuchillo un trozo de madera para pasar el tiempo. El pequeño con el pie vendado y con fiebre dormía en los brazos de su hermana totalmente exhausto. Nay estaba en shock. No sabía que tenía que hacer.
- Mañana por la mañana os llevaré a un aquelarre que hay cerca de aquí. Es un día de camino más o menos. Ya cargaré yo con el chaval. Allí os acogerán y podrán curar mejor a tu hermano.
Nay solo se limitó a asentir....
13 febrero 2012
Otra de bestias, sangre y muerte
Sudor, lagrimas y barro cubrían su rostro mientras la muchacha corría sin saber a donde. La noche había caído sobre ella sin darse apenas cuenta y no había forma de saber como volver y mucho menos donde ponerse a salvo. Había salido del refugio a media tarde a cazar algo para la cena y había encontrado una presa lo bastante grande para poder alimentar a su dos hermanos menores. Cautivada por la emoción de la caza se le había pasado el tiempo volando y no se había percatado de que anochecía. Para cuando quiso volver no sabía donde estaba.
Y ahora tenía miedo porque no sabía guiarse en la oscuridad. Solo su padre supo alguna vez y murió antes de poder enseñarla. Agarró bien fuerte el cuchillo que utilizaba para desgarrar la garganta a su presa en modo de defensa al escuchar un ruido a su espalda. Podría tener miedo, podría estar llorando y estar llena de barro por haberse caído al no ver nada pero no era una cobarde y si alguna de aquellas criaturas de la mano del demonio se le acercaba se lo llevaría a la tumba con ella. Porque una cosa era cazar y otra ser la presa.
Dio media vuelta sobre si misma para encarar lo que fuera a venir, el viento movió los arboles que dejaron pasar pequeños rayos de la luna que iluminaron a la bestia de ojos amarillos. Tenía una herida en la mejilla llena de pus amarillento que se mezclaba con la saliva verde de la bestia. Por lo general y con sus capacidades sobre caza aun tenía alguna posibilidad de salir de esta, pensó Nay.
La muchacha que era de estatura baja hizo mano del cuchillo que llevaba para emergencias de su bota derecha teniendo ambas armas en cada mano apuntando a la criatura que seguía parada frente a ella respirando fuerte y excitándose divisando a su propia presa, Nay, que llevaba su cabello rojizo recogido en una trenza mal hecha que le llegaba hasta el hombro. Sus ojos verdes estaban entrecerrados, ajustando su visibilidad nula en la oscuridad lo máximo posible para percibir a la bestia.
Realmente no quería terminar allí, sus hermanos pequeños la necesitaban, no tenían más que 7 y 8 años, y ella, la mayor con 19, era la única adulta responsable. Sin ella morirían... Tenía que sobrevivir. La bestia se precipito hacía ella, el crujido de una rama en el suelo advirtió a Nay y se echó hacía un lado notando como la piel de la bestia la rozaba mínimamente. Nay se pasó la manga de su camiseta por la cara para quitarse el sudor por la adrenalina. No sabía lo que estaba haciendo, de día sabia como no meterse en el camino de estas criaturas pero por la noche, si no podía verlas no sabía donde meterse y esconderse.
- A la izquierda - gritó una voz grave - ¡Va!
Nay se echó a la izquierda y sintió como la bestia rugía volviéndola a pasar por el lado. Nay empezaba a notar la respiración agitada, ¿quién la había ayudado? Seguía sin poder ver nada. Pero la bestia sabía muy bien donde se encontraba ella y estaba deseando devorarla. Por suerte no entendían su idioma y no pudo saber que ella se apartaría.
- Tres o cuatros pasos a tu derecha tienes una árbol, quédate detrás - una mano se había puesto sobre su brazo sin notar que estaba alguien a su lado y la empujó hacía esa dirección - Te gusta la gente indefensa - dijo el hombre a la bestia - ven a por mi si te atreves.
El hombre, de media estatura se abalanzó con fuerza empuñando su espada cortándole un brazo a la criatura que gritó y su rugido resonó en la negrura espesor del bosque. Creick empujó a la bestia de una patada llevándolo al punto más lejano de donde Nay se encontraba.
- Vamos a acabar esto pronto - dijo Creick.
Su complexión era más pequeña que la de un hombre normal pero eso le confería una mayor agilidad por lo que pudo ir esquivando cada ataque de la bestia, que llena de furia y dolor, no paraba de atacar al muchacho. En cada una de estas, Creick, le iba haciendo pequeños cortes con la espada que iban cabreando más y más a la bestia. Pero eso era algo más a su favor. Al ser una bestia de ojos amarillos era imprudente y no pensaba en como atacar, simplemente lo hacía y al estar cegado por la furia sus ataques eran menos concretos aunque más fuertes pero no alcanzaban nunca a su presa y más si esta poseía una agilidad innata.
Creick, cansado ya de jugar con la bestia, se precipito para darle un ultimo golpe pero entonces vio como una flecha atravesaba la cabeza de la criatura. Esta, muerta, cayó enseguida desplomada en la tierra a los pies de Creick.
- Gracias por ayudarme - dijo Nay - Donde quieras que estés porque no te veo.
Con dos pasos ágiles Creick se puso frente a Nay.
- De nada, ¿se encuentra bien? - preguntó aunque sin mucho interés.
- Sí, gracias, pero me temo que no se donde estoy. Y no se donde encontrar un lugar para pasar la noche a salvo.
Creick se ofreció a ayudarla, la protegería durante la noche y se aseguraría que llegara a su hogar sana luego ya pasaría cuentas, nadie le quita la diversión de matar a esas cosas y menos protege a nadie a cambio de nada.
Y ahora tenía miedo porque no sabía guiarse en la oscuridad. Solo su padre supo alguna vez y murió antes de poder enseñarla. Agarró bien fuerte el cuchillo que utilizaba para desgarrar la garganta a su presa en modo de defensa al escuchar un ruido a su espalda. Podría tener miedo, podría estar llorando y estar llena de barro por haberse caído al no ver nada pero no era una cobarde y si alguna de aquellas criaturas de la mano del demonio se le acercaba se lo llevaría a la tumba con ella. Porque una cosa era cazar y otra ser la presa.
Dio media vuelta sobre si misma para encarar lo que fuera a venir, el viento movió los arboles que dejaron pasar pequeños rayos de la luna que iluminaron a la bestia de ojos amarillos. Tenía una herida en la mejilla llena de pus amarillento que se mezclaba con la saliva verde de la bestia. Por lo general y con sus capacidades sobre caza aun tenía alguna posibilidad de salir de esta, pensó Nay.
La muchacha que era de estatura baja hizo mano del cuchillo que llevaba para emergencias de su bota derecha teniendo ambas armas en cada mano apuntando a la criatura que seguía parada frente a ella respirando fuerte y excitándose divisando a su propia presa, Nay, que llevaba su cabello rojizo recogido en una trenza mal hecha que le llegaba hasta el hombro. Sus ojos verdes estaban entrecerrados, ajustando su visibilidad nula en la oscuridad lo máximo posible para percibir a la bestia.
Realmente no quería terminar allí, sus hermanos pequeños la necesitaban, no tenían más que 7 y 8 años, y ella, la mayor con 19, era la única adulta responsable. Sin ella morirían... Tenía que sobrevivir. La bestia se precipito hacía ella, el crujido de una rama en el suelo advirtió a Nay y se echó hacía un lado notando como la piel de la bestia la rozaba mínimamente. Nay se pasó la manga de su camiseta por la cara para quitarse el sudor por la adrenalina. No sabía lo que estaba haciendo, de día sabia como no meterse en el camino de estas criaturas pero por la noche, si no podía verlas no sabía donde meterse y esconderse.
- A la izquierda - gritó una voz grave - ¡Va!
Nay se echó a la izquierda y sintió como la bestia rugía volviéndola a pasar por el lado. Nay empezaba a notar la respiración agitada, ¿quién la había ayudado? Seguía sin poder ver nada. Pero la bestia sabía muy bien donde se encontraba ella y estaba deseando devorarla. Por suerte no entendían su idioma y no pudo saber que ella se apartaría.
- Tres o cuatros pasos a tu derecha tienes una árbol, quédate detrás - una mano se había puesto sobre su brazo sin notar que estaba alguien a su lado y la empujó hacía esa dirección - Te gusta la gente indefensa - dijo el hombre a la bestia - ven a por mi si te atreves.
El hombre, de media estatura se abalanzó con fuerza empuñando su espada cortándole un brazo a la criatura que gritó y su rugido resonó en la negrura espesor del bosque. Creick empujó a la bestia de una patada llevándolo al punto más lejano de donde Nay se encontraba.
- Vamos a acabar esto pronto - dijo Creick.
Su complexión era más pequeña que la de un hombre normal pero eso le confería una mayor agilidad por lo que pudo ir esquivando cada ataque de la bestia, que llena de furia y dolor, no paraba de atacar al muchacho. En cada una de estas, Creick, le iba haciendo pequeños cortes con la espada que iban cabreando más y más a la bestia. Pero eso era algo más a su favor. Al ser una bestia de ojos amarillos era imprudente y no pensaba en como atacar, simplemente lo hacía y al estar cegado por la furia sus ataques eran menos concretos aunque más fuertes pero no alcanzaban nunca a su presa y más si esta poseía una agilidad innata.
Creick, cansado ya de jugar con la bestia, se precipito para darle un ultimo golpe pero entonces vio como una flecha atravesaba la cabeza de la criatura. Esta, muerta, cayó enseguida desplomada en la tierra a los pies de Creick.
- Gracias por ayudarme - dijo Nay - Donde quieras que estés porque no te veo.
Con dos pasos ágiles Creick se puso frente a Nay.
- De nada, ¿se encuentra bien? - preguntó aunque sin mucho interés.
- Sí, gracias, pero me temo que no se donde estoy. Y no se donde encontrar un lugar para pasar la noche a salvo.
Creick se ofreció a ayudarla, la protegería durante la noche y se aseguraría que llegara a su hogar sana luego ya pasaría cuentas, nadie le quita la diversión de matar a esas cosas y menos protege a nadie a cambio de nada.
07 febrero 2012
Una de bestias, sangre y muerte
Le costaba respirar. La sangre descendía por lo largo de su
brazo alzado. La espada aun la tenía en mano, atravesando el corazón de aquella
criatura sin escrúpulos que se había lanzado sobre ella sin ningún
miramiento. Le quedaban pocas fuerzas,
pero eran suficientes para terminar lo que quedaba de día con vida.
De una patada tiro del cuerpo sin vida
que tenía encima lanzándolo contra un tronco seco y sin vegetación que crujió y
se partió en cuanto el cuerpo colisiono contra él. La muchacha, aun echada en
el suelo, dejo caer el brazo y la espada. Apoyándose en la espada consiguió
levantarse.
Ariadna no tenía mucho más de veinte
años, pero en su no tan larga vida había visto más y había vivido más de lo que
le hubiese gustado. Su cabello era del color del chocolate, estaba recogido en
una larga cola de caballo que llegaba hasta más de media espalda. Su cuerpo
estaba bien formado, lleno de curvas y pechos redondos y maduros. Sus ojos eran
verdes y sus labios carnosos de un color rosado.
Cuando se hubo levantado del todo se dio
cuenta que le dolía un costado. Se guardó la espada en la funda que tenía atada
tras la espalda y se miró. Se dió cuenta que antes de clavarle la espada el
estúpido animal le había arañado con sus mugrientas zarpas y la había herido.
Rasgo un poco de lo poco que le quedaba de la camiseta y se
tapono la herida intentando cortar la hemorragia.
En el suelo había varios cuerpos,
quietos e inmóviles. Viendo que no había ningún movimiento se dispuso a contar
las bajas. Ella sabía que no debía esperar nunca que hubiese algún
superviviente pero la esperanza siempre estaba viva dentro de ella, en un
rincón, negándose a morir aunque viera la muerte a cada hora. Caminó por el pequeño
claro del bosque inspeccionando cada cuerpo y alerta por si todavía quedaba
alguna criatura con vida. La imagen de aquel escenario hubiera revuelto
más de un estomago. Había sangre por todas partes, a alguna criatura se le
salían las tripas llenas de una viscosidad verde que emitía un olor putrefacto. Había alguna de esas horribles bestias hechas pedazos.
De repente, a su derecha, algo o alguien
se movió. Su miraba al igual que su cuerpo se quedaron quietos y a la espera
antes de efectuar cualquier movimiento. Cuando escuchó un gruñido y una
palabrota relajo los músculos y se acercó.
Entre un tronco y uno de aquellos
bichos, a los cuales nadie se atrevía a ponerles un nombre, se encontraba una
muchacha. Sus cabellos rubios recogidos en una trenza estaban desaliñados y
llenos de sangre y barro por la batalla. Apartó el cuerpo de la bestia e
inspeccionó las heridas.
-
No te preocupes Evelyn, no es mucho – le dijo con
calma.
-
Y una mierda, me duele, voy a morir – la muchacha más
que moribunda estaba cabreada.
-
No vas a morir, sobrevivirás, como siempre – la ayudó a
levantarse colgando un brazo de Evelyn por su cuello y amarrándola por la
cintura – Eres una quejica de pura cepa.
Evelyn se carcajeó haciendo que sus fuerzas flaquearan y
casi arrastro a su amiga al suelo. Pero Evelyn sabía que ella no la dejaría
caer. Sabía que en la batalla cada uno de ellos se tenía que preocupar por su
propia vida, no podían arriesgarse por nadie pero cuando la batalla terminaba
ella siempre estaba allí para ayudar y cuidar a cada uno de ellos.
-
¿Solo estamos nosotras? – pregunto Evelyn con un nudo
en la garganta.
-
No lo sé, puede que alguien más haya sobrevivido pero
no voy a arriesgarme en averiguarlo - dijo a su hermana melliza mientras le daba una patada a la cabeza medio
destrozada de una de las bestias que yacía en el suelo.
Tenían rasgos parecidos, pero aun así no eran idénticas.
Evelyn era esbelta, rubia, alta y con curvas. Sus rasgos eran sacados de un
cuento de hadas con ojos verdes igual que su hermana y los labios del mismo
color rosado. Pero aun así era una excelente luchadora y manejaba mejor el
hacha que cualquier hombre.
El bosque estaba muy silencioso. No se escuchaba a ningún
pájaro cantar y los animales permanecían escondidos. Eso solo podía significar
una cosa. Las bestias andaban cerca. Ariadna alzó el brazo hacia su espada.
Evelyn, a pesar de sus heridas, agarró con fuerza su hacha. Ambas esperaron
quietas, no tardarían en llegar.
De repente, en frente de ellas, dos bestias aparecieron.
Eran grandes y fuertes, su piel era grisacea, dejaban ver sus dientes dejando
escapar saliva de un color verdoso por la rabia. Sus ojos, encolerizados, eran de
color amarillo.
Tras varios años de duras batallas con aquellas bestias
habían descubierto que su fuerza y la madurez de las criaturas se
determinaba por el color de sus ojos. Los que tenían los ojos amarillos eran
débiles, torpes y se precipitaban hacia su contrincante a la mínima, los que
los tenían de color negro eran más maduros, un poco más fuertes y se lo
pensaban un poco antes de atacar y por ultimo, los que tenían los ojos rojos,
eran
fuertes, hábiles con sus garras, despiadados con sus presas,
no se precipitaban al luchar pues evaluaban cada movimiento buscando la manera
más eficaz de matar.
-
Tu el de la derecha, déjame el de la izquierda – dijo
en voz baja Ariadna para que solo su hermana la escuchara.
Ariadna desenvainó su espada. Evelyn se abalanzó con el
hacha hacía la bestia pero esta la esquivo dando un salto hacia la derecha. Ev,
más rápida de lo que la bestia esperaba dio media vuelta con hacha en mano y de
una sola vez le dejo sin cabeza. La cabeza de la bestia calló
a su pies, al igual que el cuerpo, que en un último espasmo de vida intento
agredir a Evelyn, pero esta le dio una patada mandando el cuerpo unos metros
más allá.
A su vez, Ariadna, también se abalanzó, pero no atacó con la
espada. Alzo su pierna asestándole un golpe al animal en la cabeza. Este, como
si el golpe hubiera sido una caricia, sonrió mostrando sus dientes putrefactos,
alzo su garras y la intentó agarrar del cuello. Ariadna se echó hacia un lado mientras
alzaba su espada hacía él. La espada hirió uno de los brazos de la bestia pero
esta, una vez más, pareció no percatarse del dolor. Luchaba por instinto, el
dolor no significaba nada para ellos, lo único que querían era matar y luego
desgarrar cada centímetro de la piel de sus víctimas para luego comérselas.
Ariadna no paró, después de herirle se movió hacia su
izquierda, le volvió a atestar una patada y en el mismo ataque clavó la espada
en el corazón de la bestia.
La bestia soltó un gruñido desgarrador, mientras caía al suelo.
Ariadna, no tranquila con haberlo matado, arrancó la espada del cuerpo de la
criatura y se lo clavó en la cabeza.
Ambas se miraron.
-
Vayamos a casa – dijo Ari.
-
Sí, ya es tarde.
Anduvieron más de media hora por el negro bosque alertas por
si alguna bestia rondaba cerca. Pero por el camino no tuvieron ningún percance.
Cuando llegaron a su morada las estaban esperando. Contaron las bajas teniendo en cuenta los que habían regresado. Como siempre..., siempre había alguna.
Ariadna se adentro a la casa y se metió por un largo pasillo
de paredes marrones. A cada lado habían varias puertas, pero no se paró en
ninguna. Eran las habitaciones de los demás habitantes de aquella enorme
mansión. Por el camino se encontró con varias personas que la saludaron con un
asentimiento de cabeza. No se paró a hablar con ninguna. No le apetecía. Solo
quería lavarse y ponerse ropa limpia.
Una nueva batalla había dado a su fin, pero no era la
ultima. Ella no recordaba otra vida donde la muerte y la sangre no formaran
parte. Estaba acostumbrada a lidiar con esas cosas pero desde hacia pocas
semanas las criaturas se habían vuelto más salvajes y más fuertes. Algo se
avecinaba y por eso, tenia que reunirse con el consejo y hablar de ello. Por
supuesto no llegarían a ninguna conclusión lógica. Nadie sabía, después de
tantos años, de donde salían aquellas bestias. Algunos pensaban que eran
aliens, otros que procedían de alguna magia negra, pero eso eran estupideces. O
no. Ariadna ya no sabía que pensar al respecto, pero no se podía permitir
mostrar aquella flaqueza de duda pues ella era la cabeza del aquelarre. Ella
era la jefa, ella tenia la obligación de que todas las personas que allí vivían
estuvieran protegidas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)