19 marzo 2012

Capitulo 16 "La luz de mi oscuridad"


-          ¿Qué quieres decir? – dije totalmente confundida.
-          Después de aquel día en la terraza de la escuela no tuve ninguna duda de que era lo que ocurría – dio un largo suspiro – Por esos días tu madre estaba en esta casa, esperando a que tu padre se dignara a responder aquella carta. Cuando volví a casa le expliqué mi teoría. Le dio un ataque de ansiedad bastante fuerte. Ahora esta en un hospital con oxigeno, le cuesta respirar – se acercó a mi volviendo a envolver con su calor – Lo siento mucho Sam.
-          ¿Eso no es todo verdad? – pregunte. No sabía como explicarlo, pero sabía que había más.
-          Todo lo demás no tienes que saberlo de mí – me dijo con voz sufrida – Lo que paso antes para mi es bastante confuso, yo era pequeño – añadió – Solo puedo asegurarte que volverás a estar con tu madre.

Jack se había ido para dejarme un rato sola. No paraba de pensar en mi madre. Mi madre estaba sufriendo y yo quería estar con ella. Se que ahora debería pensar un poco en mi, pero eso no iba conmigo. Me preocupaba incluso por mi padre. Quisiera o no estábamos ligados por la sangre. Me levanté y fui a mirar por la ventana. Otro día tocaba a su fin, otro día sin poder estar junto a mi madre. Salí del cuarto, la verdad es que no quería estar sola. En el salón Mikel veía la televisión junto a James. Me senté en uno de los sofás.

       -          Sam, ¿sabes que? – me dijo Mikel entusiasmado.

Negué con la cabeza con una sonrisa. Ese niño me hacía sonreír con solo una miradita.

-          Tío James me ha dicho que mañana iremos todos juntos a dar un paseo por la montaña, ¿vendrás verdad? – dijo mientras se sentaba encima mío y me miraba esperanzado.
-          Esta bien – le dije y acto seguido le hice un ataque de cosquillas, me moría por escuchar su risa – Pero tu tienes que irte a lavar los dientes y a la cama, es muy tarde.
-          Pero si mañana es fiesta – me dijo, la excusa típica de los niños pequeños que se piensan que los fin de semana son fiesta.
-          ¿No te vas a ir a la cama ni por mi?

Me empezó a hacer pucheros. No por favor, que no me resisto.

-          ¿Y si te cuento un cuento? – le dije como ultimo recurso antes de que se me echara a llorar.

Su sonrisa resplandeció y salió corriendo a por las escaleras. James me miraba con una sonrisa.

-          Te pareces mucho a tu madre.
-          ¿De verdad? – dije con una sonrisa triste – James..., ¿mi madre esta bien?

Apartó la mirada dudando en contestar.

-          Por favor James, solo quiero saber si ella esta bien, estoy muy preocupada – no hubo respuesta – Me contentaría con escuchar su voz...

Me eche a llorar. James se levantó y se sentó a mi lado, me rodeo con su brazo en un gesto de consuelo.

-          Se que tubo una crisis de ansiedad – dije entre sollozos – Pero tengo el presentimiento que eso solo es el resultado de un mal mayor.

Me miró serio, en su mirada de color océano se ocultaba una tristeza profunda. Sabía que no me iba a contestar. También que ninguno cedería. Yo quería saber la verdad, él ni nadie quería contármelo. Pero yo seguiría insistiendo, no hoy ni tampoco mañana, pero algún día alguien comenzaría a contestar a mis preguntas.

-          Bueno Mikel, ¿qué cuento quieres hoy? – le dije mirando la gran estantería lleno de libros.
-          La cenicienta – me dijo feliz desde la cama con su pijama de ositos.
-          Esta bien, este cuento es uno de mis favoritos – dije mientras lo cogía y acariciaba la tapa donde una chica alegre fregaba el suelo.
-          El mío también – me senté al borde de la cama – A mami también le gusta. Siempre dice que yo fui su hada madrina – levanto una ceja y me dijo preocupado – Pero yo no soy una chica, prefiero ser el príncipe – añadió triunfante.

Empecé a leerle la historia, mientras el cerraba sus ojitos cansados. Escuché el ronroneo de sus ronquidos. Abracé el libro con un suspiro lleno de recuerdos. Los recuerdos de una niña que durante cinco años durmió feliz. Totalmente inconsciente al dolor que rondaba en su casa. Presa de los cuentos que su madre le contaba, en especial aquel. Era el favorito de las dos. Ahora sería el de los tres...

17 marzo 2012

Capitulo 9 "Amar al destino"



Popularmente a las brujas se las asocia con ciertas imágenes. 
El típico sombrero negro, viejas y feas, con espantosas verrugas en la nariz, un gato negro de compañero, la infaltable escoba para volar, y un gran caldero humeante al fuego...
Pero no todas las historias sobre brujas las pintan tan horripilantes, algunas hablan de mujeres muy hermosas, con ojos seductores, y que tienen la capacidad mágica de transformarse en cualquier otra persona o animal, y con sus encantos logran sacar ventaja de otros y someterlos a su poder.
En la tradición Celta se relata que las brujas consideraban como sus mejores amigos a los gatos erizos, en especial los de color negro. La Bruja utilizaba a su gato, como su sirviente mensajero o secretario y también se decía que era alguna persona transformada por un conjuro, doblegando su voluntad.
Durante la Edad Media nace la falsa creencia de considerar al gato negro como de mal agüero, por pensar que cumplían mandatos de las brujas y esto dio lugar a que los fanáticos sacrificaran a miles de estas bellas e inocentes criaturas.




Hogar dulce hogar. Eso es lo que quería pensar. Tras varios días durmiendo en pequeños hoteles Max y yo encontramos un modesto pisito de dos habitaciones para convertirlo en nuestro hogar. No era muy grande pero comparado con la gran mansión en la que había vivido siempre esto me parecía una ratonera. Pero a pesar de eso me sentía satisfecha. Era un comienzo, y los comienzos no tienen porque ser perfectos. Tendría que ir poniendo una parte de mi misma en aquella casa y todo estaría genial. Entre en la cocina. Los armarios eran de color marrón y blanco, teníamos una pequeña mesa a la derecha, justo al lado de una modesta nevera blanca. A la izquierda había una serie de armarios junto a un horno un poco viejo pero que funcionaba. Tres fogones llenos de suciedad de un anterior inquilino que no era muy limpio. Me acerque a la encimera, cogí una taza de uno de los armarios y me serví un vaso de café bien cargado.

Era muy temprano por la mañana. Me acerqué a la ventana del comedor con la taza de café humeante entre mis manos. El sol se alzaba majestuoso tras los múltiples edificios dándonos el mensaje de que un nuevo día estaba empezando. Me senté en el sofá de color negro y encendí el televisor dejándolo a un volumen bajo para no despertar a Max. Las noticias eran las mismas de siempre, accidentes de trafico, asesinatos sin sentido, políticos corruptos, deportes de todo tipo.

Eran las 9 de la mañana cuando decidí ponerme en marcha y vestirme para buscar algún local a buen precio. Quería montar una tienda de objetos mágicos para ayudar a la gente. Había descubierto que si me concentraba podía mandar un poco de mi poder curativo en los objetos y si una persona los tocaba se curaba. Es decir, si cojo una pulsera y mando mi poder pensando que es para curar una lesión en la muñeca, si una persona se pone ese objeto teniendo ese tipo de lesión se curara como si nunca hubiese existido. Lamentablemente cada objeto era de un único uso. Por eso tenía que pensar en objetos que la gente pudiese utilizar para otras cosas más tarde. En realidad no sabia si el negocio que estaba apunto de iniciar daría buenos frutos pero merecía la pena intentarlo, sobretodo si podía ayudar a la gente.

Me puse unos vaqueros negros de pitillo y una camisa roja de manga corta. Me calcé unas manoletinas también de color rojo y me hice una coleta. Aun así el pelo se me veía largo, pues la coleta me llegaba a media espalda. Cogí mi bolso negro y revise que llevara todo lo imprescindible y salí de casa. No quería esperar a que el ascensor llegara hasta la décima planta donde se encontraba mi piso y baje tranquilamente por las escaleras.  Las calles ya estaban repletas de gente con prisas por ir a sus puestos de trabajo. Las inmobiliarias todavía estaban cerradas así que me puse a pasear admirando la que sería la ciudad donde viviría por tiempo indefinido.

Pase por un parque donde unas madres hablaban sobre sus casas mientras sus niños, en los carritos, se peleaban por quitarse sus chucherias. Me senté en un banco. Tan temprano y ya hacía una calor insoportable. Tenía que haberme puesto una falda en vez de unos pantalones largos. Mi atención se fue hacía un gato de pelaje perlado y mirada rojiza. Corría de un lado a otro perseguido por un perro grande como un caballo. El dueño del perro corría tras de él gritándole para que se quedase quieto. El gatito se metió dentro de un agujero y el perro se quedo fuera ladrándole. Al final el dueño consiguió coger al perro, le puso una correa y se marcho de allí gritándole al perro que esa noche se quedaría sin cena.

Me acerqué a donde el gato estaba escondido. Me agaché para mirar dentro del agujero y vi una mirada atemorizada, como si fuera de una persona.

-          Sal gatito, ya ha pasado el peligro – dije con voz tranquilizadora.

El gato salió de su escondrijo con pasos tranquilos. Le acaricié la cabecita. Era suave. Lo cogí en brazos y entonces me di cuenta que era una gatita.

-          Vaya, ¿qué estas sola? – la gatita me miró con ojos más tristes aun y se puso a jugar con la piedrecilla que llevaba de colgante, la que me regalo mi abuela - ¿Te gustaría venirte conmigo?
La gatita maulló como respuesta y luego se fregó contra mi pecho. Si hubiera sido una persona me hubiera dado en que pensar pero siendo un gatito me enternecí.

-          Pues lo primero será buscarte un nombre – dije mientras inicia el camino hacia el banco donde esta sentada antes – A ver, ¿qué nombre le pongo a una gatita tan linda como tu? – me puse a pensar mientras la mañana iba pasando sin que yo hiciera nada de lo que tenía que hacer – Mmm, que mala soy yo para esto de los nombres – y reí para mi misma – Bueno – dije poniéndome de pie – mientras pienso, ¿qué te parece si te vamos a comprar alguna cosilla para ti? – la gata maulló encantada, o eso me pareció a mi.

Me paseé por las calles en busca de alguna tienda de animales. Al fin, unos cuantos minutos más tarde me encontré con una. Entre y eché un vistazo. Lo que haría falta es comida, una camita, una cosa de esas para afilarse las uñas, la caja de arena... y creo que ya esta. Le fui acercando todo eso al chico al mostrador. Iría bastante cargado con todo ello. Ojalá que alguien me ayudase a llevarlo a casa, pero no veía muy animado para hacerlo al chico. Metimos todo en la bolsas como pudimos mientras Tyara, así es como me decidí por llamar a mi gatita, se fregaba contra mis piernas. Cargada como iba, al salir de la tienda me choqué con un hombre.

Me quede paralizada al ver su mirada. Eran verdes, brillantes, como la de aquel hombre que me salvo de Tomas y que nos estuvo siguiendo durante un rato cuando Max y yo llegamos a la ciudad. El hombre me ayudó a recoger lo que se había caído al suelo. Tenía el pelo oscuro y algo largo. Me sonrió y mi corazón dio un brinco.

-          Lo siento, debí fijarme al salir – dije mientras me ponía roja – Gracias por ayudarme a recogerlo – escuché como Tyara se crispaba, estaba claro que no le gustaba el hombre.

-          No pasa nada, siempre es un gusto chocarse con una chica tan hermosa – su voz era suave e incitadora, me atrapó - ¿Hacía donde vas? Porque si quieres te llevo alguna bolsa durante un rato.

-          A.., a tres calles más abajo – dije mirándolo ensimismada, era tan guapo y se le veía tan fuerte - ¿De verdad que no te importa?

-          Para nada. ¿Por qué me iba a molestar ayudar a una damisela tan bonita? – creo que me estaba poniendo roja como un tomate, Tyara volvió a crisparse mientras nos seguía – Parece que no le gusto a tu gato.

-          Gata – le corregí- La he encontrado hoy, por eso llevo tantas cosas.

-          Vaya, pues tiene suerte si se va a vivir contigo – dijo volviéndome a sonreír. Sus sonrisa era blanca como la leche y totalmente hipnotizante – Por cierto, ¿cómo te llamas?

-          Holly, no llevo mucho tiempo viviendo por aquí, ¿y tu?

De repente le sonó el móvil y nos paramos. Dejo una de las bolsas en el suelo y atendió a la llamada.

-          ¿Si? Claro.., ¿de veras? Pobre, tampoco era para que le hiciera algo así... Sí.. Enseguida voy – colgó y volvió su atención en mi – Encanto, lo siento de veras, me gustaría acompañarte pero tengo algo urgente que hacer.

-          No pasa nada – me quedaba solo una calle hasta llegar a mi casa, no creo que me fuera a dar algo – Muchas gracias.

-          Gracias a ti por compartir tu tiempo conmigo encanto – y me beso en la mejilla disparándose todas las alarmas en mi cabeza. Se acercó a mi oído y dijo – Me llamo Matt.

Luego se fue dejando tras de si un aura atrayente. Mis pies quisieron seguirle pero mi mente me previno y no dejó dar ninguna orden de movimiento. Me quedé inquieta mirándole como se marchaba. Me di la vuelta y mire a Tyara que se había quedado quieta con la mirada fija en mí.

-          ¿Qué pasa? Era guapo, tampoco era para que te mostraras tan arisca con él – le dije – Vamos, vayamos a casa – y cogí todas las bolsas como pude.





Me desperté cuando el sol me dio en la cara y no tuve más remedio que despertarme. Salí de mi habitación y al escuchar tanto silencio me di cuenta de que Holly ya no estaba. Seguramente habrá ido a mirar algún que otro local. Me fui a la cocina y me serví una taza de café, le puse unos hielos y me senté en el sofá mientras veía la televisión. Que asco, todo programas del corazón. ¿Es que no saben hacer otra cosa? Fui cambiando de canal hasta que me canse de no encontrar nada interesante para ver mientras esperaba que llegara Holly.

Me asomé a la ventana intentando buscar algo de frescor. Era un día muy caluroso. No tardaron mucho en llegar los pensamientos de la gente a mi cabeza. “Estoy deseando que llegue el invierno, este calor es insoportable. ¿Qué hace ese crío? Se va a matar con ese monopatín” pensaba un hombre con traje y corbata. “Porque no le habré dicho que le quería, a lo mejor aun estaría conmigo y no me sentiría tan sola” pensaba una chica de cabello rubio. “Dios, como pesan estas bolsas” reconocí la voz “Si, tu mírame Tyara, ya podías hacerte persona y ayudarme” Holly se rió interiormente “el calor me esta volviendo loca”. Vi en su mente que estaba cargada de bolsas y que caminaba junto a una gatita.

Me fui  vestir rápidamente y bajé a ayudarla. En cuanto me vió dejó salir un suspiro retenido y me sonrió.

-          Menos mal – me endiño una par de bolsas – Ayúdame a subir esto.

-          ¿Todo esto es para la gata? – dije impresionado.

-          Sí, es nuestra nueva inquilina. Max, te presento a Tyara, Tyara él es mi hermanito, vive conmigo – le explicó cariñosamente a la gata.

Se la veía feliz con la gata. Miré a la gatita y ella me miró a mi. “No he podido evitarlo Max, tenía que estar cerca de ella” Escuché eso cuando estábamos subiendo las escaleras para entrar al rellano que daba al ascensor. “¿Jane?” pensé mientras me apoyaba en una pared esperando al ascensor. Holly silbaba distraída, se notaba que estaba feliz. “Sí, soy yo. Creo que Holly no se ha dado cuenta, es nueva con esto de las auras y si.. ya sabes, no creo que note que soy yo”. “¿Pero de verdad que te has convertido en gato? ¿Y que pasa con tu hermano?” No entendía nada. “No me he convertido en gato. He creado como un animal como un escucha con parte de mi poder. Así estaré segura de que Holly esta bien”. “Veo que no te fías de mi Jane” me sentía ofendido. Si que había acompañado a Holly porque quería, pero también era para que estuviera segura. “Sé que contigo iba a estar bien, pero tampoco va a estar contigo todo el día”. “Entiendo”. Subimos al ascensor.

-          ¿Has encontrado algo? – le pregunté a Holly.

-          No, me encontré con esta ricura – dijo mientras se agachaba y le acariciaba la cara – y se me fue de la cabeza completamente. Supongo que mañana me pondré a buscar.

Jane o Tyara, no se como llamarla ahora, se restregó por los pies de Holly. Entramos en casa y Holly en seguida se puso a colocar las cosas en su sitio mientras Jane la seguía a todas partes. Me senté en el sofá y me puse a recordar el día que Holly descubrió que podía leer las mentes de las personas. Me acuerdo que aquel día estaba resfriado y yo no pensaba con mucha claridad. Estábamos en el internado y Holly vino a mi habitación para ver como estaba. Yo estaba con los ojos cerrados y ella se pensó que estaba dormido. A eso que se pregunto para si misma si estaría bien que me despertara para llevarme a cenar algo y yo le contesté. Se quedó sorprendida en un primer momento, no entendía como podía haber contestado a algo que ella no había preguntado en voz alta. Entonces, aun estando resfriado, le explique todo.

 Desde niño había sido capaz de saber lo que la gente pensaba y a veces contestaba a cosas que la gente no había dicho en voz alta. Ese era uno de los motivos por los que mi madre no me soportaba, porque sabía en todo momento lo que ella estaba pensando y para mi disgusto no eran cosas agradables. Con el tiempo aprendí a no meterme en las mentes, a hacerlo cuando yo quisiera, y así tener algún momento de silencio.

Me acuerdo que Holly estuvo varios días sin hablarme preocupada por cuantas cosas sabía de ella. Así que no tuve más remedio que explicarle que sabía todo sobre lo de su lobo. De los dos encuentros que había tenido con él. Le dije que no se lo diría a nadie. Me sorprendí mucho cuando vi en persona al lobo. Pues...

-          ¡Max! Ven un momento corre – me gritó Holly desde la cocina - ¡Qué ha pasa aquí!

-          ¿Qué pasa? – dije.

Entonces me di cuenta. Alguien había pintado en rojo en la pared blanca de nuestra cocina una frase “EL TIEMPO HA FINALIZADO, LA BATALLA HA VUELTO A COMENZAR”  Miré a Jane, ella me miró a mi. Ya nada se le podía hacer.

16 marzo 2012

Capitulo 15 "La luz de mi oscuridad"



-          El juicio tardara en celebrarse pero he hablado con las autoridades y me han dicho que puedes quedarte aquí si lo deseas – me dijo James con su sonrisa amable.
-          Me gustaría mucho – dije feliz – Me gusta estar con vosotros. – y le abracé. Le estaba tan agradecida a aquel hombre. Me había dado una cama, ropa limpia, comida y lo mejor de todo mucho cariño. No me pedía nada a cambio, bueno sí, solo una, que fuera feliz. Me separé de él – Cuando..., ¿cuándo veré a mi madre?

Apartó la mirada, me pareció ver tristeza en aquellos ojos oscuros.

-          Pronto – me dijo triste – Toma – me alcanzó una carta – Es de ella, me lo dio hace tiempo y me dijo que te lo diera cuando estuvieras con nosotros.
-          Gracias.

Me despedí con un gesto de cabeza y me fui a mi habitación. En mis manos tenía una carta que era de mi madre, para mi. Quería leerla, de verdad que quería, pero tenía un mal presentimiento.

Alguien pico a mi puerta. La puerta se abrió y entro Jack. Noté en su mirada que estaba preocupado.

-          ¿La has leído? – me pregunto.
-          No – apreté la carta junto a mi corazón – me da miedo abrirla. Siento una sensación extraña en mi corazón. Tengo un mal presentimiento – una lagrima comenzó a rodar por mi mejilla.

Jack se acercó y con su dedo me secó la lagrima. Luego me acarició tiernamente la mejilla.

-          Léela – me dijo suavemente.

No sentamos en mi cama. Con manos temblorosas saqué el papel que había dentro. Los desdoblé. Y me empapé de aquella bonita caligrafía, la de mi madre.

Hola mi querida niña
Me gustaría estar a tu lado, pero por ahora se me hace imposible. Necesito que me esperes. No sabes cuanto deseo estar a tu lado. Me gustaría recuperar todo el tiempo perdido... Siento mucho haberte dejado... No pensé que fuera a pasar algo así... ¿Podrás perdonar a tu mala madre? Comprendería que no lo hicieses...
Todos estos años he pensado mucho en ti. Quería verte crecer, ver en lo hermosa que vas a ser y seguro que eres. Pero por algunas cosas no pude. Mi propósito era volver pronto a por ti, como te prometí, pero... ocurrió algo que me lo impidió.
Espero que tanto James como los chicos te cuiden mucho, son muy buenas personas.
Quiero que seas feliz, es más, rezo para que así sea. Espero estar pronto a tu lado y poder explicarte.
Te quiere más que a nada,
Mamá

Las lagrimas recorrían mis mejillas. No me explicaba el motivo de su falta pero sabía que era algo malo, lo presentía. Si fuera algo bueno no se lo guardaría para ella.

-          Esta bien, no llores – me dijo Jack mientras me recogía en sus cálidos brazos.
-          No puedo evitarlo – me sorbí la nariz y le dije – Tu conoces a mi madre, ¿verdad?

Me apartó un poco, solo para poder mirarme a los ojos.

-          Sí, la conozco – me dijo.
-          ¿Desde cuando?
-          Desde hace cinco años.
-          ¿Esta bien ella? ¿Le pasa algo? Es por eso que no esta aquí ¿verdad? Algo le ha ocurrido. – me puse nerviosa sin dejar de llorar.

El silencio me contestó a mi pregunta. A mi madre le pasaba algo. ¿Pero el que?

-          Quiero estar allí donde este ella, ahora – dije en un susurro casi inaudible.
-          No puedes – me dijo Jack triste.
-          ¿Por qué? – dije alterada.
-          Porque esta fuera del país – Jack me dejo de abrazar y se fue a la ventana. Apoyó una mano sobre el cristal y dijo – Esta ingresada en un hospital. Por mi culpa.

15 marzo 2012

Capitulo 14 "La luz de mi oscuridad"



-          La semana que viene empiezan los preparativos del festival anual de la escuela. Por favor, les pido que vayan pensando en el tema de este año para nuestra clase. Cualquier tema que se les ocurra comunicarlo al delegado y a final de semana escogerán. No se olviden...

Estaba en clase. Había amanecido un nuevo día totalmente despejado. El verano ya se acercaba. Yo miraba ensimismada por el ventanal desde mi asiento como dos pájaros montaban su nuevo nido en un cerezo.

Raquel volvía a hablarme, con cierto recelo. Nada más llegar me dejó bien claro que solo se disculpaba por el bofetón que me dio, pero que aun estaba resentida por el otro tema. Yo seguía sin tener idea de que me hablaba.

Ayer después de desahogarme en los brazos de James, el tío de Jack, durante varias horas quedé totalmente rendida y me fui acostar. No baje a cenar, aun así Mikel vino a darme las buenas noches con un beso húmedo en mi mejilla y me obligo a que al día siguiente fuera yo quien le diera las buenas noches contándole un cuento. Cada vez ese niño estaba ganándose más mi cariño. Era fácil de querer. El resto de la  noche me la pase pensando en todas las incógnitas que habían en mi vida. Los cambios y las sorpresas cada vez eran más frecuentes. No sabía a donde iba a llevarme todo aquello, solo esperaba que fuera al lado de mi madre.

El timbre que anunciaba el final del día estudiantil me despertó de mis pensamientos. Por inercia empecé a recoger todo aprisa, pero la mano de Jack me frenó.

-          Ya no tienes que darte prisas. A partir de ahora tómatelo todo con más calma – me dijo cariñosamente – Ahora solo tienes que preocuparte por ti misma.

Raquel nos miraba curiosa.

-          ¿Qué te parece si damos un paseo hasta casa? – me dijo Jack.
-          ¿Cómo que hasta casa? – Raquel parecía confundida - ¿Qué significa todo esto?

Había llegado el momento. No podía ocultarle más la verdad a mi amiga. Miré a Jack. Me pareció que entendía que es lo que quería decirle.

-          Bueno, yo voy tirando. Nos vemos luego Sam – me dijo giro la cabeza mirando a Raquel, se acercó a ella y al oído le dijo – No seas muy dura con ella, escúchala.
-          Si..., esta bien – dijo Raquel nerviosa - ¿Entonces damos un paseo nosotras?

Le sonreí mientras asentía.


La tarde era tranquila en aquel parque. Los niños jugaban como cada día. La señora de las palomas vendía comida a una pareja. Y dos amigas estaban sentadas en un banco, siendo sinceras después de tanto tiempo. Nunca habían pasado una tarde como aquella. Donde nada las iba a interrumpir.

-          Samy, lo siento, no sabía nada – dijo acongojada – Si que sospechaba algo. Pero no algo con tal magnitud. ¿Me perdonas por no ser una buena amiga?
-          Raquel por favor, no me digas eso. Tu has sido la mejor del mundo. Tu eras la que me alegraba el día en la escuela. Siempre estabas allí, aunque no supieras que era lo que pasaba siempre estabas allí – le dije con una sonrisa.
-          Ahora me siento peor por lo de la bofetada. A una persona cualquiera le hubiera molestado, pero para ti... – me miro culpable – para ti fue como un disparo a tu corazón.
-          Eso ya no importa – la mire a los ojos – pero..., ¿qué te he hecho para que tuvieras esa reacción?

Ella aparto la mirada, como si buscara las palabras adecuadas.

-          Estaba celosa – me dijo tímidamente.
-          ¿Celosa?
-          Jack y tu os lleváis tan bien... Parece que estéis hechos de un mismo ser. Tu no te habrás dado cuenta pero es así – me miro con una sonrisa tímida – Pensé que me gustaba Jack, es más, pensé que me había enamorado de verdad – la miré sorprendida- Pero me equivoqué. Estaba celosa porque veía que él se te me llevaba de mi lado- cogió aire – Cuando os vi en aquella foto abrazados y tu llorando..., me sentí traicionada, le habías contado lo que tanto te hacía sufrir – la miré interrogativamente – Sí, Samy, ya te dicho no sabía el que pero sabía que algo pasaba y me lo decían a gritos tu ojos.
-          Lo siento. Yo... – me calló una lagrima, pero esta vez de alivio – yo no quería que te sintieses así. En realidad no le conté nada aquella vez, solo me desahogué. Estaba en mi limite y estallé – la miré – Supongo que fue el momento, no lloré y me desahogué porque fuera él. Simplemente... – rompí a llorar.

Raquel me abrazó. Nos pasamos dos horas más hablando como nunca. Se hacía tarde y no quería llegar muy tarde a aquella casa a donde me habían acogido.

12 marzo 2012

Capitulo 8 "Amar al destino"


El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.
Gustavo Adolfo Bécquer

El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada.
Tristan Bernard

La belleza no mira, sólo es mirada.
Albert Einstein

Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.
William Shakespeare

Cada vez que te miro ¿no te sientes ausente? Si tu mirada queda en la mía y tu cuerpo, en mi mente.
Anónimo




Año 2002

Metí el último vestido que quedaba en mi armario en la maleta nueva que me había comprado ayer con Max. Me daba pena dejar esta casa, donde había crecido y madurado, a pesar de haber pasado varios años en un internado. Pero hoy, día en el que cumplía dieciocho años, me despedía de esta vida y me iba  a vivir la mía propia, bajo mis normas y en libertad.

-          ¿Te queda mucho Holly? – me dijo Max desde el umbral de la puerta de mi habitación.

-          No, solo tengo que coger una cosa más y ya estaré lista. Tu ve calentando motores – nos sonreímos y cerró la puerta.

La verdad es que tampoco me atrevía a irme sola, menos mal que Max se venía conmigo. Aunque el ambiente en aquella casa parecía haber cambiado tras la muerte de mi abuela seguía sin poder ver a Rosemary. Y no será porque ella no me tratase bien. Es más, me trataba mejor a que a nadie, pero sentía un resentimiento férreo hacia ella. Sentía que de su cuerpo emanaban unas vibraciones extrañas, malignas.

La magia se había convertido en algo muy habitual en mi vida. Cada día me sorprendía descubriendo algún poder nuevo. A veces incluso me asustaba. Como el día que estábamos de excursión en la nieve y desee tener algo caliente entre mis manos y surgió una llama. Me alarme y miré a ambos lados nerviosa por si alguien lo había visto, pero la única persona que se dio cuenta fue Blair. Y no por ser una persona muy observadora, que lo era, sino porque las brujas, o eso me había explicado ella, podemos sentir el poder de otra cuando lo esta usando. Incluso sin utilizarlo podemos percibir una aura especial emanando de aquella persona.

Para el caso, y como iba recapitulando, había descubierto nuevos poderes. Con el fuego me di cuenta que cualquier cosa que deseara y que no fuese extremadamente difícil podía materializarla. Se me olvida el estuche en el cuarto y no puedo salir del edificio donde están las clases, pues cierro los ojos y pienso en mi estuche, donde esta y como es. En pocos segundos lo tengo entre mis manos. Y no es una copia, es el original. Pues luego cuando volvíamos a nuestras habitaciones mi estuche no estaba. Este poder también podía servir para más cosas. La idea no fue mía, fue de Blair. El caso es que pensando se dio cuenta que si con pensar en algo era capaz de “tele transpórtalo” donde yo estaba quizás podía hacer lo mismo con las personas. Pero no lo habíamos puesto en práctica. Ni había surgido la oportunidad ni yo misma me sentía capaz para algo así. El poder requerido para un acto así podría llegar a ser mortal, no es lo mismo que un objeto pequeño. Y quizás era más mortal para la otra persona que para mi, porque... ¿imagina que me equivoco o no lo hago bien y en vez de materializarlo entero solo consigo una parte del cuerpo? Un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, mejor no pensar en algo así.

Cerré la maleta. Max estaría harto de esperarme y yo aun tenía que coger un par de cosas. Me fui hacía la mesita de noche de al lado de mi cama. Abrí el primer cajón. En el había dos objetos. El collar que me regalo mi abuela y una foto de mi madre y mía. Podían quitarme todo, pero esos dos objetos se había convertido en parte de mi. Eran otra extremidad de mi cuerpo. Viajara a donde viajara me los llevaba. Sentía que estaban conmigo, compartiendo mí día a día y eso me llenaba de paz. Cerré los ojos al pensar en una persona que hacía tiempo que no veía. Jane..., mi tía, ¿dónde estaría? Tras aquella noche, la noche de mi cumpleaños, se mostró distante y fría. Su mirada era fría como el hielo. Y lo más extraño de todo es que a la única persona que le dedico algunas palabras cariñosas fue a Tomas. Yo no sé como estaban los demás, pero por lo que fui yo me quede anonadada. Max en cambió sonreía satisfecho.

Se escuchó el claxon de un coche. Me puse el collar y metí la foto de mi madre en el bolsillo trasero de mi pantalón vaquero. Me eche un ultimo vistazo en el espejo y verifiqué que la camiseta de tirantes morada estuviese bien puesta y no echa jirones como siempre. Luego cogí las maletas al vuelo y salí de mi habitación. Bajé las escaleras a prisa. Tuve una sensación de dejavu pero no conseguí recordar nada al respecto. En la puerta estaba Rosemary que me miraba con una sonrisa triste.

-          Me voy – dije seca – Dile a mi padre que ya le llamaré cuando me instale en algún lugar.

-          Esta bien Holly, cuídate por favor – iba a cruzar el umbral de la puerta cuando añadió algo más – Holly, no olvides que esta siempre será tu casa, que siempre nos tendrás aquí para lo que necesites.

La miré a los ojos, a esos ojos inyectados en sangre que más que dar miedo, como antes, parecían dos caramelos de fresa. Dulces pero tristes por la situación. ¿Por qué la intrusa iba a estar triste de que me fuera? El claxon del coche de Max volvió a sonar haciéndome olvidar cualquier hilo de pensamiento anterior.

-          Adiós – dije.

Metí todas mis cosas en el maletero. Miré la gran casa que dejaba atrás y dije adiós con la mano a Tia que nos observaba desde la ventana con la barbilla temblándole. Echaría de menos sus platos, nadie cocinaba mejor que Tia. Ella siempre se encargaba de que mis platos favoritos estuvieran perfectos. Le dediqué una sonrisa y me senté en el lugar del copiloto.

-          ¡Ya era hora! Creía que me ibas ha tener esperando hasta el anochecer – se quejó Max mientras ponía el motor en marcha.

-          ¡Ay! Lo siento, es que me entretuve – dije mientras me ponía el cinturón de seguridad – Bien – dije cuando ya estaba cómoda - ¿Cuál es nuestro destino?

-          El que tu quieras hermanita, tu eliges – y nos sonreímos mutuamente, nerviosos y ansiosos por nuestra nueva aventura.





-          Jer espérame tío, que no vas solo – me dijo Jonas.

-          Nadie te ha dicho que vinieras conmigo, puedo apañármelas solito – le espeté sin aminorar el paso.

Había notado la presencia de Allen muy cerca de aquí y por nada del mundo iba a parar. Allen es un vampiro, el que mató a mis padres y seguramente también a mi hermano. No me quedaría satisfecho hasta que le hiciese pagar por ello. Su sangre por la de mi familia. Entré en un callejón oscuro pero lo veía todo con total claridad. Hoy era una noche sin luna. Lo cual me favorecía. La gente pensaba que los licántropos éramos iguales que los hombres lobo, pero se equivocan. La luna nos hace demasiado visibles, la oscuridad nos da la oportunidad de atacar a nuestra presa, a los chupasangres, desprevenida. Teníamos una buena visión nocturna, éramos capaces de distinguir cualquier cosa. Por eso, las noches sin luna, eran nuestras favoritas.

Me paré en seco cuando estaba en mitad del callejón. La imagen no era un consuelo. Al fondo había dos containeres llenos a rebosar de basura y comida podrida del restaurante de al lado. Las ratas se estaban dando un festín. Las paredes estaban mohosas por culpa de la humedad y si no ibas con cuidado te podía encontrar con alguna jeringuilla de algún drogata. No se que veía la gente de hoy en día en la droga, ¿tanto les gustaba contaminar su cuerpo?

Al lado de uno de los containeres atisbe a ver un cuerpo. Me acerqué con cuidado.  Podía ser una trampa. Era una chica, de unos dieciocho años aproximadamente. Le tome el pulso pero era demasiado tarde. Su corazón había dejado de latir hace mucho tiempo. Me separé de ella unos pasos y me la quede mirando a la espera.

-          ¿Sabes que no cuela no? No nací ayer chupasangre asquerosa – sentí que Jonas se ponía en guardia, dispuesto a transformarse en cualquier momento.

Una vampiresa contra dos licántropos. No era nada. Incluso Jonas solo podía con ella con los ojos cerrados. Mi amigo gruño cuando la vampiresa sonrió aun con los ojos cerrados. Jonas era un chico alto, de ojos azules y pelo negro bastante largo. Solía llevar una barba de unos cuantos días, que según él atraía a las nenas. Era fuerte pero no se le notaba. No marcaba músculo en forma humana pero yo bien sabia que en licántropo sus garras podían sacarte el corazón sin esfuerzo, sobretodo si se le cabreaba. Normalmente era una persona pacifica y positiva, iba haciendo bromas con todo el mundo, pero cuando le tocaba la vena sensible se mostraba frío y sin escrúpulos. La última vez que le intenté parar me llevé algún que otro recuerdo. Como la señal de unas garras en mi espalda. Aunque no era nada, la herida fue profunda pero una vez conseguí volver a ser humano la herida no tardó más de un día en sanar. Aunque las cicatrices tardarían una vida más en desaparecer.

-          Vaya, veo que no sois estúpidos – dijo la chica con voz melosa a la vez que se levantaba de un ligero salto – Pero creo que yo soy más lista – dijo mientras ponía su frío dedo en mi pecho, alzo su mirada grisácea y tan fría como el resto de sus órganos – Allen quiere verte, tiene una sorpresa para ti.

-          Pues dile que se guarde sus sorpresas para cuando tenga los cojones de venir a decírmelo él mismo – le sonreí feroz – ¿Tienes algún recado más?

-          Sí – y mientras sonreía dejó ver sus blancos colmillos – Mataros.

Se abalanzó hacia nosotros al momento pero para cuando ella se dio cuenta ya no estábamos allí, habíamos dado un paso al lado dejando que se comiera el suelo con su blanquecina dentadura. Decepcionante por parte de Allen mandarnos a una criatura tan inexperta. Seguramente la pobre chica le habría cabreado, o simplemente se había cansado de ella y la había mandado a nosotros para garantizarle una muerte segura. Pero pensándolo bien...

-          ¿Sabes que Jonas? – mi amigo me miró – Dejo que te ocupes de ella. Yo paso de perder el tiempo – y me giré dando media vuelta para salir a luz de las farolas.

-          ¡No! – la vampiresa se acercó a mi rápida como el viento, pero se topo con un lobo de color negro y azulada mirada – No podrás conmigo.

-          No lo jures – dije antes de salir de sus vistas.

Me mezclé entre la gente intentando olvidar mi frustración al no poder saciar mi sed de venganza. A pesar de ser tarde y de noche había bastante gente en la calle. Era una noche calurosa y era comprensible que prefiriesen estar en la calle que en casa sudando a mares. Me pare frente a un escaparate de televisores. Tenían puesto las noticias. A las fueras de la ciudad habían encontrado una serie de cadáveres con marcas en el cuello. Su cuerpo estaba vacío de sangre. No eran muy listos estos chupasangres. Que la gente no sepa de su existencia no significaba que podían hacer tal cosa. Estaba seguro que quien fuese que lo hubiese hecho recibiría una buena paliza.

-          ¡Mira eso! – escuché decir - ¡Y eso! ¡Que pasada! – Uy si, vamos, la ciudad era una pasada. Turistas, seguro.

-          Holly tranquilízate – dijo una voz de chico – Tenemos que encontrar algún lugar para dormir, ¿o es que piensas dormir en la calle?

La chica rió. Me giré a mirar la escena pero me arrepentí en el mismo momento que lo hice. Los ojos violetas de aquella chica me atraparon. ¿Podía ser que fuera...? Siguieron su camino y sin poder evitarlo les seguí. No había ninguna duda. La chica era la misma que me volvió loco hace unos años. ¿Cuánto habrían pasado? ¿Dos? ¿Tres? ¡Que importaba! El caso es que ella era lo que había pensado que siempre sería. Una chica atractiva. Tenía el pelo más largo, le llegaba a la cintura, ondulado y brillante. Tras de si dejaba un aroma dulce que me mareó. El chico giró la cabeza y clavó su mirada en mi.

-          Holly, creo que nos siguen – le susurró el chaval.

Holly no le hizo caso, o eso me pareció. Siguió caminando al mismo paso. Sabía que tenía que parar. Pero mis piernas iban solas. Algo me atraía hacia ella, pero no sabía el que. ¿Me estaría volviendo loco? Me agarré con fuerza a una farola intentando pararme a mi mismo pero siguiendo con la mirada la silueta de aquella chica que se iba alejando cada vez más.

-          Ya no nos sigue – dijo el chico con voz relajada. No sabía que todavía podía escucharle.

-          Te escandalizas con nada Max, no nos iba a hacer nada – le contestó ella.

-          ¿Y como puedes estar tan segura? – ella no le contestó – Ya veo, entonces vayamos de una puñetera vez a buscar algún lugar para dormir, estoy muerto de cansancio – se callo unos segundos – Ja Ja, muy graciosa.




Era él, estaba segura. Aquella aura cálida no podía ser de nadie más. Era de aquel hombre que me ayudó cuando Tomas se intentó propasar.

-          Ya no nos sigue – me dijo Max dejando atrás el nerviosismo.

-          Te escandalizas con nada Max, no nos iba a hacer nada.

-          ¿Y como puedes estar tan segura?

Por el simple hecho que él un día me libró de tu hermano. Tomas intentó besarme y le echó. Además, si quisiera hacernos algo no podría, estamos rodeados de gente so cazurro.

-          Ya veo, entonces vayamos de una puñetera vez a buscar algún lugar para dormir, estoy muerto de cansancio.

Ni que fuera un zombi.

-          Ja ja, muy graciosa.

Es broma hermanito. Y ahora, deja mi mente tranquila. Desde que había descubierto que Max podía leer las mentes me sentía un poco intranquila. ¿Cuánto sabría de mis cosas?

Capitulo 13 "La luz de mi oscuridad"



-          ¿El comportamiento de su padre lo considera violento? – me preguntó el policía.
-          ...
-          No se preocupe señorita. Puede contestar sin ninguna reserva.
-          Mi padre..., - me sudaban las manos, no quería decir la verdad, pero no quería mentir a aquel hombre amable que estaba teniendo mucha paciencia conmigo – Mi padre suele ser muy violento, pero normalmente solo lo era conmigo. Nunca mostraba esa actitud con otras personas. Al menos cuando yo estaba presente.
-          ¿Quiere decir que el señor McGregor le provoco?
-          No, en ningún momento. Él fue amable.
-          ¿Su padre la maltrato físicamente o psicológicamente en algún momento?

Esa era la pregunta que respondía a todos mis miedos. No podía evitarlo, tenía que decir la verdad.

-          Sí, ambas – dije, con lagrima cayendo lentamente por mi mejilla.

El hombre puso una mano en mi hombro intentando reconfortarme. James desde una esquina de aquel despacho tan elegante me miraba con serenidad.

-          ¿Cuándo fue la primera vez que... – el policía no pudo acabar la frase, se notaba en su forma de mirar que no quería ofenderme, ni lastimarme moralmente. No más.

-          El 4 de abril de hace doce años.

El día que mi madre se marchó. El día que probé el sabor de mi sangre por primera vez. El día en que mi padre destrozó todo lo que había de por medio, sin importar que su hija de cinco años estuviera en medio, asustada. El día que sobre mi cayó una oscuridad, donde murió la inocencia, donde murió la fantasía y la magia de una vida llena de amor maternal.

James me miró directamente. Entonces vi dolor en su mirada, también rabia e impotencia.

-          ¿Por qué nunca lo denunció?
-          Porque... – me costaba respirar – porque había veces que las palizas eran tan brutales que me dejaba en cama varios días, y cuando tenía la oportunidad las marcas del delito ya habían desaparecido – hice una pausa, intentando serenarme, intentando no recordar, de no sentirlo - ¿quién iba a creer a una niña? Además, desde bien pequeña mi padre me había amenazado que aunque lo contara el vendría a por mi. Que me castigaría por mi comportamiento. Para que... – comencé a sollozar- ...
-          Me parece que será mejor dejarlo aquí.

Alcé una mano, yo quería continuar. Quería acabar con eso.

-          Para que no me fuera como mi madre. Me echaba las culpas a mi de su abandono. Día tras día me repetía que no tenía que haber nacido, que hasta que yo aparecí eran muy felices.
-          Samantha, por favor, no continúes, no tienes porque continuar – me dijo James, preocupado. Yo no paraba de llorar, pero quería contarlo todo.
-          Quiero hacerlo. Quiero hablar – cogí aire– Pero yo no le creía, no quería creerle. Insultaba a mi madre siempre, diciendo que yo era como ella, pero que yo no le iba a abandonar. Él iba a cuidarse de que eso no pasara. Me decía que mi madre no volvería mientras yo existiera – les miré con una sonrisa llena de lagrimas – Pero..., pero yo nunca perdí la esperanza, mi madre volvería a por mi, me lo prometió. En su momento yo no sabía que es lo que me estaba diciendo mientras se despedía. Pero en mi corazón guarde sus palabras como un tesoro. Lo único que me ha mantenido viva a sido aquella promesa.

Y seguí llorando de pura agonía. Mi cuerpo estaba lleno de miedo por todos aquellos momentos en los que mi padre me pegaba, por todos aquellos momentos en los que me levante para defender a mi madre y volvía a caer, por todas aquellas noches silenciosas en las que mi padre me dejaba sola. James se acercó a mi y me abrazó. En un primer momento me sorprendí. A pesar de que Jack también me había abrazado de aquella manera me quedé quieta, para luego aferrarme a aquel hombre con total desesperación. Rezando en mi corazón que nunca más me dejaran volver junto a mi progenitor.

Desde detrás de la puerta Jack escuchó todo el relato. Con los puños cerrados dejando ver unos nudillos blancos se prometió, que nunca jamás, permitiría que Samantha volviera a sufrir.