15 abril 2012

Capitulo 21 "La luz de mi oscuridad"


Cuando llegué a la clase con Raquel, Jack no estaba. Me pasé toda la hora de estudio mirando por la ventana. El tiempo pasaba lento y Jack no daba señales. ¿Dónde estaría? Sonó el timbre que indico el cambio de clase. La puerta se abrió, yo giré la cabeza rápidamente para ver si era Jack pero no era él. Era Derek. Vino hacia mi mientras muchas chicas se le quedaban mirando embobadas. Entendía muy bien porque se le quedaba mirando, el chico tenia buen porte, era atlético. Su pelo rubio estaba peinado de forma rebelde, su mirada verde esmeralda te envolvía por completo, como si no pudieras mirar a ningún otro lado.

-          ¿Cómo va eso Samy? – me dijo sin dejar de sonreírme.

-          Bien... supongo – dije torpemente.

Raquel me dio un empujón y se puso delante de Derek, salvándome de quedar en ridículo con mi tartamudeo.

-          Hola, soy Raquel, amiga de Samy – le dijo animada y coqueta.

-          Hola – dijo seco, se volvió a girar para mirarme – Samy nos vemos en el descanso ¿vale?

-          Yo...

-          No te olvides – me guiñó un ojo y se giró chocándose con alguien – Perdón – dijo.

-          No te acerques a Sam – le dijo Jack totalmente serio.

-          ¡Ah! Pero si eres tu Jacky – le dijo poniendo una mano sobre su hombro – No te preocupes, no muerdo.

-          Quedas advertido Derek – le contestó.

Derek se marchó con las manos en los bolsillos y silbando.

-          ¿Lo conoces? – preguntó Raquel con una mirada severa debido a la poca atención de Derek.

-          Sí – dijo Jack sin dejar de mirar a la puerta ya cerrada – Por desgracia.

-          Si, ya me he dado cuenta que no es de fiar – dijo ella indignada.

Yo solté una risilla al ver a mi amiga. No soportaba que la ignorasen y menos un chico guapo.

-          ¿Y tu de que te ríes? – me dijo frustrada y con el ceño fruncido.

No pude aguantarlo y mi risa sonó por toda la clase. La gente se me quedó mirando. Al darme cuenta que me había pasado me sonroje. Raquel levantó la cabeza bien alto y me dijo.

-          No quiero que te acerques a él Samy.

-          ¿Por qué? Si no me ha hecho nada – Raquel se sentó en su mesa mirando a la pizarra, haciendo que no me oía – Fui yo la que tropecé con él.

-          Haz caso a Raquel, Sam – me dijo Jack muy serio sentándose en el suyo.

Yo me los quedé mirando a uno y a otro, sin entender nada. ¿Pero que les pasaba?

-          Por cierto Jack, Mikel me dió la nota – me miró y su mirada se relajó - ¿No me puedes dar un adelanto? Es que para el descanso falta un rato todavía.

-          No sabía que fueras tan impaciente – me dijo divertido – Te tendrás que esperar hasta entonces – añadió levantando un dedo en señal de advertencia.

El profesor entró en la clase y no me dio tiempo a seguir insistiendo. ¿Cuál será el deseo que quiere cumplir? Solo me podía imaginar uno, pero el silencio de James me había dado la respuesta. Era imposible. Eché un suspiro al aire. 

El tiempo se me hizo eterno, pero por fin tocó la campana que anunciaba la hora del descanso para almorzar. Me apresuré a coger el mío. Jack había salido de la clase sin darme cuenta. Corrí para alcanzarle pero choqué con alguien.

-          Parece que estamos destinados a chocarnos encanto – me dijo la risueña voz de Derek.

-          Em... Sí eso parece – le miré tímida.

Yo no se que le veían de malo al pobre chico, parecía simpático.

-          ¿Almorzamos juntos? – me preguntó.

-          Esto... Lo siento, pero tengo algo que hacer – y salí corriendo – Hasta luego – le dije mientras daba la vuelta a la esquina que daba a las escaleras.

Subí los peldaños de dos en dos. Tuve suerte, no me caí. Abrí la puerta que daba a la azotea con una sonrisa orgullosa por mi proeza cuando escuché a Jack.

-          Sí... No, no creo que tarde... Sois iguales de verdad- empezó a girarse hacia donde yo miraba confundida mientras seguía hablando por el móvil – Acaba de llegar... ¿quieres que te la pase? – Jack soltó una carcajada - ¿Y si no que? ... Vale, vale – me alcanzó el teléfono – Toma, es para ti Sam – me dijo sonriendo.

Cogí el teléfono algo nerviosa.

-          ¿Sí?

-          ¿Sam? ¿Eres tu? ¿Eres tu de verdad? – dijeron al otro lado.

-          ¿Mama? – dije con voz temblorosa mientras mi ojos se inundaban de lagrimas de alegría. 

13 abril 2012

Capitulo 11 "Amar al destino"


En medio de esta gran confusión, los hombres creen saber lo que es bueno y lo que es malo. Creen también que haciendo lo que llaman “bueno” y evitando lo que llaman “malo”, están cumpliendo con todo su deber. No saben cuán confundidos están, no saben que viven en el error, no saben que continuamente se engañan a sí mismos y engañan a los demás. No lo saben porque están dormidos, porque les han lavado el cerebro, porque les han anulado el Espíritu desde su nacimiento. La mayoría de los hombres llama luz a lo que es verdadera oscuridad y a la Luz Verdadera la percibe como tinieblas. Llama “bien” a todo lo satánico proveniente del demiurgo, y a todo lo que proviene del Dios Incognoscible lo llama “mal”.


-          Que hace un maldito licántropo aquí – siseo Matt, el vampiro.

Un licántropo. El chico que estuvo aquella noche en mi cumpleaños era un licántropo. Iba vestido de la misma manera. Pantalones negros, camisa negra un poco abierta, pelo despeinado, pero no estaba esa sonrisa torcida. Su semblante serio mostraba asombro. Quise comprobar que tipo de ser era. Cerré mis ojos y detecte su aura cálida. Cuando estuve apunto de rozarla me tope con una muralla. ¿Pero que...? Nunca me había pasado algo parecido. Nunca había tenido la necesidad de pedir permiso para entrar y explorar. Lo intente de nuevo, pero el esfuerzo fue en vano. Le miré.
-          No te voy a dejar entrar brujita, no insistas – me dijo – Por cierto, ¿por qué cada vez que te veo te encuentro con mala compañía? – y miró a Matt.
-          Holly, vayámonos – dijo Matt amarrándome de la mano.
Al segundo el chico estaba frente a nosotros.
-          No te la llevaras. Ella no será una nueva victima más.
-          No pienso hacerle nada – la voz de Matt rugió de furia – Además, ¿quién te crees que eres para darme ordenes?
-          Buena pregunta – y se rió – Te la respondería encantado Matt – Matt se tensó ante el nombramiento de su nombre – Me llamo Jeremy y tu, te has equivocado de chica – al momento Jeremy me cogió y me cargó a su espalda, cogiéndome de las piernas.
Echó a correr como si le persiguiera la misma muerte. Todo a mí alrededor se vio borroso. Sabía que los licántropos eran rápidos, más que una persona normal y corriente, pero nunca imaginé tal cosa. Su cuerpo se notaba caliente. Al contrario que los vampiros, que eran fríos como el hielo, los licántropos tenía una temperatura superior a la de las personas, de alrededor de unos cuarenta y cinco grados, una temperatura en la que las personas deberían estar sino muertas, en camino de ello.
-          ¿A dónde me llevas? – le dije aferrándome a él temiendo caerme.
-          A un lugar seguro – su voz no se notaba cansada por el esfuerzo de correr y de llevar una carga en su espalda - ¿has sentido miedo?– había humor en sus palabras.
-          No te lo diré – dije apoyando mi mejilla contra su espalda.
De repente paró. Estábamos en el parque donde esa misma mañana había encontrado a Tyara. Me sentó en uno de los bancos. Él se quedo de pie. Sin mirarme.
-          Deberías tener más cuidado – dijo de voz y pronto – Los vampiros son... seres en los que no debes confiar – se medio giró y me miró – podrías convertirte en su cena.
-          ¿Y de un licántropo me debería fiar? – la pregunta le pillo por sorpresa.
-          Nosotros no nos comemos a las personas – su voz mordaz me pillo desprevenida – Supongo que sabrás volver desde aquí a tu casa – se volvió a girar y comenzó la marcha.
-          ¡Espera! – dije mientras me ponía de pie, él se paro – Jeremy, ¿no? Igualmente, gracias.
-          Te debía una, ahora ya estamos en paces – y desapareció en la noche.
Cogí mis cosas y empecé una marcha lenta hacía mi casa. Hoy había sido un día muy interesante. En un mismo día había adoptado a una gatita que, a mi parecer, parecía entender lo que yo le decía, a un vampiro y me había reencontrado con el chico misterioso, Jeremy. Me paré en un semáforo en rojo esperando. Al otro lado de la calle algo me llamó la atención…




Unos segundos después de que ese pulgoso y Holly desaparecieran Allan me honro con su presencia. Su sonrisa fría fue un presagio de mal agüero. Pase de él. No estaba para escuchar uno más de sus sermones. Tenía muchas cosas en las que pensar. Me di la vuelta, pero su mano se aferró a mi brazo y me impidió hacer movimiento alguno.
- ¿Por qué lo has dejado escapar? – siseó.
-          Que más da – no me importaba – No durará mucho.
-          El licántropo ese es nuestro más fuerte enemigo ¡Tenias que haberlo matado! – me cogió por el cuello y empotró mi cuerpo contra la pared, esta se quebró dejando caer alguna que otra piedra en el caliente asfalto – Y esa bruja... ¡Esa bruja es la chica que necesitamos!
-          ¿Q-que quieres decir? – no me estaba ahogando, los vampiros no necesitamos respirar – El mensaje que he dejado hoy.. ¿era para Holly? – esto no me gustaba un pelo.
-          Claro que si idiota ¿cuántas brujas conoces con los ojos violetas? ¿Cuántas? ¡Solo queda una! Es ella quien decide la batalla, sin ella... ¡estamos perdidos!
Me reí ante las palabras de Allan. ¿Cómo iba a ayudarnos esa criatura? Puede ser que fuera una bruja pero la humana más frágil que había tocado nunca. El recuerdo del palpitar de su sangre en el cuello hizo que me relamiera. Tenía la sangre más apetecible que había olido jamás.
-          No digas tonterías Allan – dije mientras apartaba su brazo - ¿Cómo íbamos a perder nosotros?
-          Ella tiene la clave, la clave para exterminarnos – se dio media vuelta – Más te vale convencerla para que se una a nosotros. Ya he visto que..., se te da muy bien tratar con brujitas adolescentes. Lo dejo en tus manos Matt, no me falles – y desapareció volando en forma de murciélago dejándome totalmente desconcertado.
¿Cómo iba yo a convencerla? Una sonrisa blanquecina se vislumbro entre mis labios cuando encontré la respuesta. ¿Acaso no éramos los vampiros el ser con más arte para la seducción?





-          ¿¡Esta vivo!? Pensamos que había muerto aquel fatídico día... – dijo Mikael – Esto cambia las cosas...
-          No cambia nada Mikael, Matt es un vampiro, por lo tanto nuestro enemigo – dije a pesar de que me dolía tan solo pensarlo.
Había vivido con el remordimiento de no haber cuidado de él como mi padre me dijo que hiciera. Pensando que había muerto. Pero pensándolo bien, muerto estaba.
-          Sigue siendo tu hermano Jeremy y también fue, aunque por poco tiempo, uno más entre nosotros. Puede ser que esta batalla sea la oportunidad para volver a poner las cosas en orden, incluido él.
Picaron a la gran puerta color gris cenizo del despacho de Mikael. Vivía en una gran mansión, el muy cabron tenía tanta pasta que se le salía por las orejas. Vivir tantos años le había salido rentable. Aunque la edad ya le estaba empezando a pasar factura.
-          Entra – dijo si prestar atención a la puerta, pensativo todavía en los nuevos acontecimientos.
-          Señor, le traigo su medicina – dijo una joven con una bandeja en las manos.
-          ¡Ahora no Nira! – se quejo Mikael cual niño pequeño.
-          Me da igual lo que usted me diga señor. Mi responsabilidad es cuidar de usted, y si entre esas tareas tengo que meterle un embudo en la boca para que se tome sus medicinas no olvide que soy capaz de hacerlo – dejó la bandeja sobre el escritorio – Vendré de aquí unos minutos, espero que haga lo que tiene que hacer – se dio media vuelta, me miró y me sonrió – Buenas noches señor Jeremy, es un gusto volver a verle.
-          Igualmente Nira, ¿todo bien? – le conteste.
-          Sí, espero que esta vez se quede algo más de tiempo. Me debe una cena – me dedicó otra de sus sonrisas picaras y salió por la puerta.
Escuché refunfuñar a Mikael mientras olía el liquido que tenía que beber. Seguramente estaría asqueroso. Pero el caso es que funcionaba, como todos los brebajes que las brujas nos proporcionaban. Yo mismo era fiel testigo de que eran eficaces, pues aquella niña, Holly, me dio a probar uno y al momento me sentí mejor.
-          Arrggg ¡Voy a morir! – dijo Mikael muy teatrero – Bueno – añadió sacudiendo la cabeza – Por donde íbamos... ¡ah si! Tu hermano... Ya se que desde aquel fatídico día no tomas en gracia a ningún vampiro pero a pesar de lo que parezca tiene tu misma sangre. No se si hay alguna posibilidad de volver recuperarle pero valdrá la pena intentarlo  Jer.
-          Nada de lo que te diga te va a hacer cambiar de parecer ¿no? – dije medio refunfuñando.
-          Nada, amigo mío, nada – se acomodó más en su sillón – Y ahora bien... Cuéntame más cosas sobre esa brujita que dices que conoces...




Las diez de la noche y ninguna noticia de Holly. ¿Le habrá pasado algo? ¿Tendría que ir a buscarla? ¿O mejor me quedo en casa? “No te preocupes Max, esta bien” me dijo la voz de Jane. Mire a la gata de ojos carmesíes. No me mentía, lo se. Pero sentía un nudo en el estomago. Me tiré en el sofá con los brazos cruzados, moviendo una pierna inquieta. ¿Pero porque no ha llegado todavía?
Sin querer escuché los pensamientos de Jane. Estaba triste por no poder a abrazar a su sobrina con su propio cuerpo. Aun recuerdo el día en que todo eso paso. Fue al día siguiente de la muerte de la abuela de Holly cuando Jane y mi madre intercambiaron cuerpo. La causante de eso fue Jane, pues en un intento de proteger a Holly le arrebato el cuerpo a Rose dándole el suyo a cambio. Jane se pudo quedar en la casa gracias a hacerse pasar por Rose, pero mi madre tuvo que marcharse, echa una furia cabe añadir. Aun así el comportamiento de Holly a la que pensaba que era su madrastra fue el mismo, todavía no sabía identificar las auras y aun ahora le costaba bastante. 
Jane se acercó a la puerta de la entrada ronroneando. La puerta se abrió y se escucharon unas risas.
-  Pues imagínate la cara que puso mi madre cuando sin querer desaparecí de la mesa mientras comíamos – esa risilla me resultó sumamente familiar – Cuando conseguí regresar estaba con mano en el teléfono llamando a la policía diciendo que me había secuestrado con un truco de magia.
Por la puerta aparecieron Holly y Blair. Blair no paraba de hablar como siempre, siempre tan animada. Llevaba puesto un vestido amarillo, el cual más chillón, y un pañuelo rojo en el cuello. El pelo anaranjado lo llevaba suelto y rebelde. Me miró y me guiñó un ojo:

-          ¿Cómo estas Maxi? – me cogió del moflete y me lo estiró como hacen las viejas con los niños pequeños - ¡Pero si pareces todo un hombre! – y se rió de nuevo.

Jane ronroneo en las piernas de Holly llamando su atención. Esta la cogió en brazos y comenzó a acariciarla.

-          ¡Oh! ¿Esta es la gatita de la que me habías hablado? – se acercó a la gatita – Que bonita... – de repente su mano se quedo quieta.

Blair cerró los ojos, luego soltó el aire que había estado reteniendo y me miró. “Sí, como puedes comprobar es Jane” Blair abrió la boca por la sorpresa “Ya era muy fuerte que Jane hubiera cambiado su cuerpo con la intrusa, ¿ahora se ha convertido en gato?” Holly dijo algo pero ninguno de los dos le hicimos caso, viendo nuestro caso se fue a su cuarto a lo que creo que dijo cambiarse. “No se ha convertido, es una parte de su poder materializado en gato para poder cuidar de Holly”. Jane, Tyara, saltó  a mis piernas y me miró “Tenéis que hablar con Holly en sus ropas he notado dos olores distintos”. “¿Dos olores?” Miré a Blair.

-          Holly ha estado con un vampiro y un licántropo.

Los tres nos quedamos mirándonos. Si no poníamos cartas en el asunto Holly podría estar en peligro.



Ya les vale a esos dos por ignorarme. Se han quedado mirándose como dos tortolitos. Ya sabía yo que entre ellos hay algo pero no me quieren decir nada. ¡Que más da! Me quite la ropa que llevaba y me puse unos pantalones corto de deportes y una camiseta de tirantes blanca.

Había sido sorprendente la aparición de Blair cuando iba a cruzar la calle. Tenía muchas ganas de verla. Desde que dejamos el internado no habíamos podido hablar mucho y la echaba mucho de menos. No podía evitar que me faltaba algo cuando ella no estaba. Era como mi hermana. Aunque... desde hace tiempo notó un vacío muy distinto en mi interior. Es como si me faltara una pieza que encajara dentro de mí.

Me asomé a la ventana y respiré un poco de aire fresco mientras pensaba en aquellos dos chicos. Eran tan iguales pero a la vez tan distintos. El frío de uno por ser vampiro y el calor del otro por ser licántropo. La alegría de uno y la seriedad del otro. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando me acordé de aquel beso con Matt. Por un segundo desee poder volver a besarle aunque solo pensara en Jeremy mientras lo besaba. ¿Pero que me estaba pasando? Cerré los ojos fuertemente. Noté que el aire se movía a mí alrededor y que unos brazos fríos se hacían dueños de mi cuerpo.



-          Será mejor no perderla de vista – dije – Nada más nos faltaría que nos la fueran secuestrando – me quité el pañuelo rojo del cuello y empecé la marcha hacía la habitación de mi mejor amiga.

-          Tienes razón – dijo Max – Después del mensaje en la pared de la cocina... no hay que fiarse de nada, ni de nadie... Aunque no creo que Holly... – se calló en seco cuando abría la puerta de la habitación de Holly.

La cortina se movía a causa del viento. La ventana estaba abierta. Había ropa desperdigada por todas partes, lo que explicaba el sentido del orden de la dueña. Pero esta, no estaba.

-          ¿Dónde narices se ha metido? – dijo Max entrando y buscándola por todas partes.
-          No te esfuerces Maxi – dije – No la vas a encontrar debajo de ninguno de los montones de ropa – me acerqué a la ventana y cerré los ojos concentrándome en el aura de Holly.

Todavía la sentía, aunque muy lejos. Alguien estaba con ella. Alguien se la llevaba lejos de nosotros, de su familia. Intente transportarme a donde ella estaba pero estaba constantemente en movimiento y no podía. Quien fuese quien estuviera con ella era muy rápido.

-          No... – dije un susurro.
-          ¿Qué pasa? – dijo Max alarmado.
-          Acabo de perder su rastro – dije dándome la vuelta y abriendo los ojos – Se la acaban de llevar al nido del lobo.
-          Te equivocas – dijo una voz grave tras de mi.

Me giré y clave mi mirada en la mirada verde del hombre que se amarraba al marco de la ventana.

-          ¿Y tú quien eres? – espetó Max totalmente fuera de si.
-          Me presento – dijo mientras entraba por la ventana como si fuera lo más normal del mundo – Me llamo Jeremy y a vuestra amiga se la acaba de llevar un vampiro.
-          ¿Qué? – dije – Estamos perdidos, ¿cómo vamos a ir a por ella?
-          Será difícil – dijo Jeremy – Será peligroso, pero no será imposible.
-          ¿Y como puedes estar tan seguro? – Max le estaba matando con la mirada.
-          Muy fácil chabalin. Pero... me temo que tenemos que ponernos en marcha. Os lo explicare por el camino.
-          Sí, lo que tu digas guapo – le dije con una sonrisa en la cara – Pero para salir lo haremos por la puerta.

La noche se haría larga, estaba segura. Pero no temía a nada. Estaba en juego lo que más nos importaba a los aquí presentes. Estaba segura que Jeremy también le importaba, sino... ¿qué haría un licántropo con nosotros?






12 abril 2012

Capitulo 20 "La luz de mi oscuridad"


Me desperté al escuchar el sonido de mi despertador. Los pasos rápidos de Mikel ya se escuchaban por toda la casa escapándose para no ir al colegio. Me desperecé y me puse el uniforme. Constaba de una falda plisada de cuadros a tonos azules, la camisa era blanca con el escudo del colegio a la izquierda, la chaqueta de un azul oscuro. Me puse una diadema a juego. Y baje al comedor a desayunar. Mikel estaba devorando sus cereales mientras que James leía el periódico. Jack no estaba. Era raro, el siempre era puntual al despertarse.

-          ¿Y Jack? – dije mientras me sentaba y me preparaba una tostada con mantequilla.

-          Se fue temprano, dijo que tenía algo que hacer – dijo encogiéndose de hombros sin dejar de leer el periódico.

-          Me dio esto para ti – me dijo Mikel sonriente a la oreja a la vez que metía en mi bolsillo un papelito doblado – Dijo que el tío James no podía enterarse.

Le guiñé el ojo y me apresuré a tomar el desayuno. James nos miraba curioso.

-          ¿Hay alguna noticia interesante? – pregunté como si nada estuviera pasando entre Mikel y yo.

James abrió más los ojos como si le estuviera sacando de sus pensamientos.

-          No, lo de siempre – miró el periódico de nuevo – Soy abogado, por lo tanto no me considero un estúpido, se que estáis tramando algo, pero – nos miro con una sonrisa – mientras a mi no me metáis por medio, ningún problema.

Los dos suspiramos aliviados al no tener que fingir. Le dije a James que hoy llevaría yo a Mikel a la escuela y nos fuimos. Tenía a Mikel cogido de la manita mientras con mi otra mano tocaba la nota que tenía en el bolsillo ¿Qué pondría?

-          Sam, ¿vendrás tu a buscarme hoy? – me dijo con la ilusión iluminándole la mirada.

-          Esta bien, vendré a buscarte y si quieres luego vamos al parque a jugar ¿vale? – me encantaba hacerle feliz. Era tan fácil y tan bonito.

Me dio un beso y se metió directo a la escuela. Apreté con fuerza la nota en mi mano. ¿Por qué me tenia que poner tan nerviosa? Solo era un simple papel...

Mientras caminaba hacia mi instituto abrí el papel. Ponía “Te voy a conceder tu deseo, en el descanso espérame en la azotea. Y por favor Sam... Sonríe ;) Jack”.

¿Mi deseo? ¿Cuál de ellos? Apresuré el paso mientras pensaba a cual deseo se refería y entonces recordé la tarde pasada. El rubor tiño mis mejillas mientras entraba al instituto. El timbre estaba a punto de sonar y la gente corría para no llegar tarde. Yo iba más tranquila porque mi primera hora era de estudio. Estaba tan metida en mi mundo que tropecé con algo. Miré hacia mi derecha. Un chico rubio de ojos verdes como la hierba estaba sentado en medio del pasillo. Me había tropezado con sus piernas que obstruían el paso.

-          Lo siento – dije tímida.

-          ¿Estas bien? – me dijo el chico sin ningún cambio en su cara. Estaba sereno.

-          Sí... – Me puse de pie mientras me limpiaba la falda - ¿Y tu?

-          Por mi no te preocupes encanto – me sonrió al verme enrojecer de la vergüenza y también se levantó - ¿Eres Samantha de ultimo curso no?

¿Cómo sabía mi nombre? Normalmente intentó pasar desapercibida. En clase solo trataba con Raquel, con el delegado (cuando faltaba constantemente...) y ahora con Jack. Le miré atentamente pero no lograba recordar quien era.

-          Y tu...

-          Soy Derek Craven, voy a tu mismo curso pero a clases distintas – dijo interrumpiéndome, me cogió de la barbilla para que le mirara a sus ojos verdosos, el miedo recorrió mi cuerpo por los recuerdos – No olvides mi nombre preciosa – se dio la vuelta y con la mano levantada en forma de despedida añadió – Nos vemos Samy.

Me quedé bien quieta, mirando como Derek desaparecía por el pasillo. Alguien me tocó en el hombro, me giré y allí estaba mi querida amiga.

-          ¿Quién era ese tío bueno? – me dijo con su sonrisa coqueta.

-          Se dice hola primero Raqui – me encogí de hombros – No se quien era, me tropecé con él cuando iba por el pasillo, se llama Derek.

-          Pues me gusta – me pareció ver dos corazones parpadeando en su mirada.

Yo solté una risilla al ver a mi amiga flotar en una nube y ambas giramos para ir a clase.  

09 abril 2012

Capitulo 19 "La luz de mi oscuridad"


En la casa todo estaba a oscuras. Una niña de pelo castaño se escondía debajo de su mullido edredón, llorando y suplicando que los gritos finalizaran. Su madre ya le había dado las buenas noches, pero sin contarle su cuento favorito en consecuencia la niña no se podía dormir. Sonidos extraños se escuchaban al otro lado de la puerta de su habitación. Tenía miedo, pero se estaba haciendo pis y no quería que al día siguiente su papa la regañara por hacérselo en la cama porque se suponía que ya era una niña grande y las niñas grandes no hacían esas cosas.

La niña bajó de la cama con pequeños temblores a causa del miedo. Tubo ganas de ponerse a llorar cuando escuchó que algo se caía al suelo y se rompía. ¿Dónde estaba su mama? Abrió la puerta lentamente, y echó un pequeño vistazo para ver si había alguien. El pasillo estaba a oscuro pero no se sentía a nadie. Tragó saliva recordando lo que su papa le había contado sobre las niñas malas y los monstruos. La había advertido que si se portaba mal un monstruo aparecería por la noche y se la comería. Pero ella no se estaba portando mal, solo tenía pis y como no fuera rápida se lo haría encima y entonces si que vendrían a por ella.

Caminó lentamente por el pasillo cuando de repente escucho voces en el comedor.

-          ¿¡Pero quien te crees que eres!? – dijo una voz furiosa. Luego otro ruido de algo que se rompía.

-          Vas a despertar a la niña – gemía una mujer.

-          ¿Y que más me da a mi esa pequeña mocosa? – dijo el hombre todavía más furioso.

-          No la llames así, es mi hija – dijo la mujer subiendo el tono de voz.

-          Tu hija ¿no?

Unos pasos se acercaron a la puerta, detrás de ella la pequeña escuchaba paralizada por el miedo. El hombre abrió la puerta furioso y se quedo mirando a la niña de ojos oscuros empañados por las lagrimas con ira. La apartó con un empujón haciendo que la niña se cayera al suelo. Desde dentro de la sala la mujer de cabellos castaños se acercó a su hija acogiéndola entre sus brazos.

-          Mama, me hice pis – dijo la niña entre sollozos, miedosa.

-          No pasa nada mi niña, no pasa nada – dijo la mujer con una sonrisa tierna a pesar del ojo hinchado.

La pequeña alcanzó la mano hacía el rostro de su madre.

-          ¿Duele? – pregunto preocupada.

-          No, ya no. Si tu estas conmigo, el dolor desaparece.

Se escuchó el portazo de la puerta de la entrada. Las dos se quedaron abrazadas. La niña no paraba de llorar, mientras su madre la llenaba de palabras cariñosas llevándola a su cuarto. La cambió y la acurruco en la cama. Las ultimas palabras de su amada madre quedaron gravadas en aquel pequeño corazón, una palabras de despedida con una sola promesa, volvería a por ella. Después de aquel día en la vida de la niña se cernió una oscura y fría soledad. 




Samantha despertó de aquel sueño entre lagrimas, totalmente desesperada. Le costaba respirar presa de aquel triste sueño. Descubriendo para si misma el motivo de la marcha de su madre. Quería levantarse pero la falta de respiración la dejó paralizada en la cama. Entonces Jack entró por la puerta se acercó rápidamente a ella y la abrazó.

-          Sam, respira por favor – le dijo desesperado – Tranquilízate y respira. No estas sola, yo estoy contigo.

Al notar el calor de su cuerpo, su cálido aliento sobre mi pelo y el tranquilo latido de su corazón comencé a tranquilizarme. Jack me frotaba suavemente la espalda. Yo me aferraba muy fuerte a él.

-          Ahora lo recuerdo todo – dije en un susurro.

-          ¿Decías? – me dijo Jack como si hubiera estado en su mundo.

-          Ahora recuerdo porque se fue mi madre – dije al borde de las lagrimas, de nuevo.

Esa noche no hablamos más. Jack no dejó de abrazarme hasta que empecé a quedarme dormida por el llanto. Me acostó delicadamente para después besarme en la frente y susurrar entre dientes:

-          Descansa Sam, mañana te tengo preparada una sorpresa.

Quise contestarle pero me sumergí en un tranquilo sueño sin pesadillas.

08 abril 2012

Capitulo 18 "La luz de mi oscuridad"


Y me dijo al oído:

-          Te sienta bien la libertad, estas preciosa – en mi corazón se amontonaron los latidos. Por un momento pensé que me iba a besar. Sin apartar sus labios de mi oído noté como sonreía – No te habré asustado ¿verdad?

-          ¿Qué? – no podía decir nada más, en mi cabeza solo se veía un telón blanco mientras que en mi estomago bailaban mariposas.

Se apartó y me guiñó el ojo. Sacudí la cabeza esperando que mis neuronas hicieran conexión y se pusieran en funcionamiento.

-          Hueles muy bien Sam – me dijo con una sonrisa picara.

Fue un intento fallido, las neuronas se quedaron quietas mientras que mi corazón pretendía que me diera un ataque cardíaco. ¿Pero porque me ponía así? Noté como me subían los colores al notar que Jack me continuaba mirando.

-          ¿De verdad? – logré articular. ¿Pero que pregunta era esa? ¿a dónde quería llegar yo con eso? Ojala mis neuronas no hubieran hecho las maletas, me costaba pensar – Quiero decir... – dije nerviosa.

Entonces Jack empezó a reírse. Fue una risa suave, ni ostentosa, ni ridícula, ni chillona, era una risa suave que sonó como una preciosa melodía en mis oídos. Me quedé mirándole asombrada, era todavía más guapo cuando se reía, nunca lo había visto así.

-          ¿De que te ríes? – le dije.

-          Si hubieras visto tu cara tu también lo harías.

Le miré totalmente sería. A mi no me hacía gracia, yo como loca sin saber que ocurría en mi interior y él ¿se reía de mi? Cogí a Mikel y le acosté con la cabeza en una de las mochilas para acto seguido coger una bola de papel de los bocadillos y lanzársela a Jack. Para mi suerte no fallé y le dio justamente en medio de la frente parando sus carcajadas. Se quedó quieto con una cara de desconcierto. Entonces fui yo la que se rió al ver su cara.

-          Te vas a enterar – y se le levantó para ir a por mi.

Me escapé lo justo para que no me pillara. Haciendo que se diera de bruces contra el suelo.

-          Así que quieres jugar ¿eh? – me dijo con un tono divertido en su voz.

Le saqué la lengua y salí corriendo adentrándome en el campo de amapolas. Los dos no parábamos de reír ante la situación. Hubiera deseado que el tiempo parara allí, con esa alegría. Pero mis piernas decidieron lo contrario y justo antes de que Jack me alcanzara me caí al suelo cayendo el mismo Jack encima de mi. Entonces volvió a pasar. Su mirada me hipnotizó por completo dejándome totalmente aislada del tiempo. Estábamos rodeados del manto de amapolas. Ninguno de los dos nos movíamos, ninguno respiraba. Jack acercó su cara a la mía. Cerré los ojos en un acto de sumisión. Pero de repente noté un gran peso sobre mi.

-          ¡Os pillé! – dijo Mikel mientras saltaba sentado encima nuestro.

Me pareció escuchar una maldición por parte de Jack, pero lo deje pasar mientras volvía al mundo real.