22 febrero 2012

Capitulo 1 "Amar al destino"


El lobo es un mamífero del orden de los carnívoros. Comparte un ancestro común con el perro doméstico, como evidencia la secuencia del ADN y los estudios genéticos.[] Los lobos fueron antaño abundantes y se distribuían por Norteamérica, Eurasia y el Oriente Medio. Hogaño, por una serie de razones relacionadas con los humanos, incluyendo el muy extendido hábito de la caza, los lobos habitan únicamente en una muy limitada porción del que antes fue su territorio.
Aunque está clasificado como una especie poco amenazada para su extinción, en algunas regiones incluyendo los Estados Unidos continentales, las especies están listadas como en peligro o amenazadas. Son cazados en muchas áreas del mundo por la amenaza que se percibe al ganado, así como por deporte.
El lobo, siendo depredador, se halla en una gran cantidad de ecosistemas. Este amplio territorio de hábitat donde los lobos medran refleja su adaptabilidad como especie e incluye bosques, montañas, tundras, taigas y praderas.

Wikipedia

Año 1994


Estaba envuelta por el calor de la estufa de mi habitación. Resultaba reconfortante porque a fuera hacia un frió increíble. Me hubiera gustado salir a jugar pero era de noche y Lucy, mi joven canguro para hoy, se había negado rotundamente. Ahora estaba viendo una serie juvenil, la cual no me dejaba ver y aunque me suplicara no la vería. Era asqueroso ver a gente durante quince minutos besándose ¿Cómo lo hacían sin acabar vomitando?

Para el caso yo estaba mejor jugando con mis muñecas en mi habitación.

Me encontraba intentando tomar una importante decisión: ¿Casaba a Sally, mi barbie favorita, con Ken o con John? Era la cuarta vez que la casaba en lo que llevaba de día y era a causa del mortal aburrimiento que llevaba sufriendo cada viernes.

Desde que tenía uso de razón, cada viernes sin excepción, mis padres salían a alguna fiesta a la que eran invitados. Nunca me hablaban de que iban esas fiestas, pero yo siempre tenía curiosidad. Más de una vez les pregunté qué si yo podía ir pero sus respuestas siempre eran las mismas.

- Cariño, tienes diez años, cuando seas mayor nos suplicaras que no te llevemos – o eso esperaba mi padre por el tono de su voz, tan grave como siempre.

A mi parecer era un hombre muy guapo. Moreno con el pelo hasta los hombros siempre recogido en una coleta. Tenía los ojos oscuros y siempre parecían ver más allá. Se sentía orgulloso de mantenerse en buena forma a pesar de tener ya una hija. Cada domingo se sentaba conmigo y me explicaba cuentos. Nos lo pasábamos muy bien juntos. Además me encantaba escucharle. Su voz grave y ronca te hacía meterte en la historia. Yo siempre cerraba mis ojos y me imaginaba siendo la princesa de los cuentos.

En cambio, mi madre, la mujer más bella que yo jamás hubiera visto, me miraba con su ojos violeta llenos de ternura y me decía:

- Holly, cariño, cuando tengas quince años haremos tu presentación en sociedad – mi padre siempre la miraba con cierto recelo como si esperase que ese día no llegase nunca- entonces, no solo iras a una fiesta, si no que esta será en tu honor.

Luego me daba un suave beso en la frente para luego aferrarse del brazo de mi padre y salir de casa donde les esperaba el coche que les llevaría a la fiesta que tanto yo ansiaba ir.

Un ruido extraño me saco de mis pensamientos. Me quedé quieta a la escucha. Lo volví a oír y mis ojos violeta, un poco más oscuros que los de mi madre, se dirigieron a mi ventanal. El sonido venía de allí, de la oscura y fría noche. Me asomé a la ventana abriéndola con cuidado y procurando no hacer ruido para que Lucy no me escuchara. Salí al pequeño balcón y me asomé apoyándome a la barandilla. Escudriñé con la mirada cada rincón del bosque que daba mi habitación.

La luna estaba tapada por las nubes y me dificultaban bastante la visión. Aquel ruido otra vez. Parecía un pequeño aullido pero eso no fue lo que me llamaba la atención, ya que teníamos varios perros y más de una vez los había escuchado aullar cuando el viejo señor Henry se había olvidado de darles su cena.

Aquel aullido, más bajo que de los que había escuchado en mi corta vida, era más parecido al gemido de un perro herido. Sentí que se quejaba de dolor y pedía ayuda. Lo volví a escuchar, esta vez más cerca. Era como si lo tuviera dentro de mi cabeza y fuera a mi a quien pidiese ayuda.

Harta de no ver nada me puse mi bata y baje las escaleras con cuidado. Tenía la mirada fija en el salón donde Lucy seguía embobada frente al televisor. Llegué a la puerta de la entrada con el corazón latiendo a mi por hora. Tenía aquel aullido en mi cabeza suplicando, cada vez con más fuerza, mi ayuda. Abrí la puerta con más rapidez de la que debería y esta se quejo con un chirrido. Paralizada por el miedo de que me pillasen con las manos en la masa esperé unos segundo hasta que me aseguré de que no había ningún movimiento por parte de Lucy. Salí a la fría noche. Deje entornada la puerta y empecé a correr dirección al bosque. Cada vez era más claro aquel gemido, aquel aullido de socorro. Me sentía emocionada por lo que estaba apunto de descubrir. De pronto me paré en seco. Frente a mi, en el húmedo suelo del bosque, había un animal echado. Me acerque con cuidado. El animal no se había percatado de mi presencia. Me sorprendí al descubrir que era un lobo., ya que era muy grande para ser un perro. Era de color marrón chocolate y por sus movimientos me figuré que le costaba respirar.

Me acerque un poco más, lentamente para no asustarle. Tenía los ojos cerrados y cuanto más me acercaba más me angustiaba por su dolor. Una ramita crujió bajo mis pies y el lobo me miró. Solté una exclamación de asombro al darme cuenta del color de sus ojos. Eran de un color  verde musgo y a pesar de que nos cubría la oscuridad, brillaban como las luces de navidad que Henry ponía cada año..

Vi como intentó levantarse pero a causa del dolor se desplomó en el suelo.
- Quiero ayudarte – susurré- Sé que estas herido – levanté mi mano para acariciar su morro – Tranquilo, Holly te va a cuidar – le toqué y noté que su cuerpo se tensaba - ¿dónde te duele? – y entonces lo vi.

Tenía las dos patas del lateral derecho ensangrentadas. Pero no pude adivinar el motivo pues no había suficiente luz para ver. Deseé que las nubes se fueran y desapareciesen para poder ver mejor con la ayuda de la luna. Y como si se tratara de magia un rayo de luna nos iluminó y pude ver lo que tanto dolor le causaba a mi pobre lobo de ojos verdes. Tenía pequeñas astillas clavadas. No sabía cuanta profundidad tendrían.

Sin pensármelo dos veces empecé a sacarlas una por una. La verdad es que no me costó nada. Mis manos parecían moverse solas y sabían como hacerlo. Quitando las astillas sin romperlas para que no se le quedaran dentro. A pesar del frió que hacia empecé a sudar por tanta concentración. El lobo se quejaba pero en ningún momento me impidió que siguiera haciendo.

- Ya queda menos – le dije.

Me ensucié las manos con su sangre. Me di cuenta que el lobo, según iba quitando más cantidad de astillas, se iba relajando y respiraba más acompasadamente. Su pelaje era suave y cálido. Era extraño, pues por el contrario tendría que sentir miedo al estar con un animal tan grande pero lo que sentía era una tranquilidad y una paz impresionante. Al estar con él sentía que nada malo podía pasar que iba a estar segura.

No se cuanto tiempo paso mientras sacaba las astillas ni cuando fue el momento en el que me quede dormida, solo sé, que cuando desperté, estaba en mi cama.

Estaba tapada con mi edredón de flores pero todavía llevaba puesta la bata. Salí de mi cama y me dirigí a la ventana. Miré dirección el bosque pero nada, no vi nada. Mis manos todavía estaban llenas de barro y sangre del lobo. No podía haber sido un sueño. Aun podía notar el suave tacto del pelaje del lobo en mis manos.

Fui a mi baño particular y me limpié con jabón las manos. No quería tener que explicar a nadie lo que había visto y hecho. Salí de mi cuarto y fui a la habitación de mis padres. Entreabrí la puerta y vi que todavía seguían durmiendo. Seguramente se despertarían bien entrada la mañana, como siempre después de que fueran a alguna de sus fiestas. Sin hacer ruido volví a hacer el mismo recorrido de ayer noche. Baje las escaleras y salí por la puerta dirección al bosque. No había nada, ningún rastro de mi lobo. Sin poder evitarlo empecé a sollozar. Y no porque mi lobo no estuviera donde lo encontré la noche anterior sino porque tenía miedo de que siguiera mal. ¿Levaría quitado todas las astillas? Me arrodillé en el suelo húmedo incapaz de recordar con exactitud si lo hice o no. Tenía frío, mucho frío, pero no me importaba. Solo quería saber donde estaba mi lobo, si estaría vivo, si estaría bien.

Entonces escuché unas pisadas tras de mi. Volteé la cabeza y allí estaba, mi lobo. Y lo mejor de todo es que estaba bien. Rodeé su cuello con mis brazos en un cariñoso abrazo.

- Me alegro tanto de que estés bien – dije sinceramente.

El lobo me chupó la cara y yo me reí. No podía estar más contenta y aliviada. ¿Cómo podía sentir tanto afecto por un animal con el que había compartido su compañía una sola noche? No lo sabía, ni tampoco me interese por saberlo, tenerle ahí a mi lado era suficiente.

-¿Tienes hambre? – le pregunté- Seguro que sí. Mama siempre dice que cuando se ha estado enfermo hay que comer para recuperar fuerzas – me levanté y sacudí la bata de hojas secas – Espérame aquí ¿vale? – en respuesta el lobo se sentó y yo salí a la carrera.

Por detrás de la casa había una puerta que daba a la cocina. Era todavía muy temprano para que Tia, la cocinera, se pusiese a preparar el desayuno. Entre procurando hacer el menor ruido posible. Cogí la cesta que utilizábamos para cuando íbamos de picnic y empecé a rellenarla con comida. Cogí pan, embutido, leche, unas tijeras. Entonces me acordé del jarabe que me daba mama para cuando me ponía mala y estaba en fase de recuperación. Empecé a rebuscar entre los armarios y a la quinta intentona lo encontré. Tenía un color muy raro pero el caso es que funcionaba porque al día siguiente ya estaba buena y jugando en el patio. También metí un bol para poner la leche mezclada con el jarabe.

Cuando volví el lobo todavía seguía allí, sentado tal y como lo deje, esperándome. Le prepare varios sándwich aun sabiendo que el echo de hacerlo no serviría de nada pues se los iba a comer igual. Le puse leche en el bol y un poquito de jarabe. Cuando el lobo lo olisqueó arrugo la nariz.

-          Ya lo se, no huele muy bien y tampoco es que tenga buen sabor pero te prometo que eso te dará más fuerzas. A mi me lo da mama cuando me pongo mala y me sirve – le explique.

El lobo pareció titubear pero al final se mostró valiente y lo probo. Le miré ensimismada mineras comía. Era tan bonito y el color de sus ojos me tenía atrapada. Cuando terminó de comer el lobo se estiró al lado de donde yo estaba sentada. Le acaricié de manera automática.

-          ¿Por qué estabas malherido? ¿Quién te lo hizo? – le pregunté.
El lobo se tensó bajo mi mano como si no quisiera pensar en eso o que le preguntaran.

- Da igual – no importaba, el caso es que estaba bien – Tienes unos ojos muy bonitos ¿sabes? – noté como se relajaba.

Nos quedamos así durante un buen rato. Disfrutando de la compañía del otro. El día empezaba a estar bastante avanzado y temía que mis padres se despertase. Miré a mi lobo y me di cuenta que no tenía ninguna señal de las heridas de la noche anterior. Pero todo eso se me fue de la cabeza cuando el sol me deslumbro y se hizo tarde.

- Me tengo que ir ya – el lobo levanto la cabeza y fijo su mirada esmeralda en mi – No quiero que papa y mama se preocupen – me levante y le acaricié tras las orejas, el lobo cerro los ojos disfrutando de la caricia – Espero volver a verte pronto.

Salí corriendo pero antes de doblar la esquina para entrar en casa eche un ultimo vistazo. Mi lobo ya no estaba. Los días siguientes volví a aquel lugar en el bosque pero el lobo no volvió a aparecer. Aun así yo lo tenía bien vivo en mis recuerdos. La verdad es que no creí volver a verlo más hasta que llego el día en que la que estaba herida fui yo. 



Capitulo 6 "La luz de mi oscuridad"


- ¿Qué significa todo esto? – dije confusa.

-  Sam, te presento a mi hermano, Mikel.

- Eres guapísima – me dijo el recién nombrado y me sonrió mostrándome una sonrisa a la que le faltaba un diente.

- No me has contestado – le dije a Jack acusándole con el dedo.

- ¿No lo sabe? – Mikel miró a Jack sorprendido, este negó con la cabeza.

- ¿El que no se? – pero nadie contesto a mi pregunta.

Mi móvil comenzó a vibrar en mi bolsillo. Mire la pantalla. Era mi padre.

- Dime padre – conteste serena.

- Samantha, ¿Dónde te has metido? ¡Te necesito en casa ahora mismo! – estaba cabreado. Y me había llamado Samantha lo que significa que se terminaba la paz.

- Enseguida voy padre – y colgué. Me sequé las manos en mis pantalones pues me habían comenzado a sudar – Me tengo que ir.

Y salí corriendo. Dejando atrás la confusión y llenando mi cuerpo de miedo. Abrí la puerta. Estaba a oscuras. Y mi padre estaba esperándome en el recibidor con una botella en la mano.

- Samy, ¿Dónde has estado estos días? He estado muy preocupada. Llamé varias veces a tu casa pero nadie contestaba – me dijo una preocupada Raquel.

Desde el otro extremo de la clase Jack me miraba. Estaba esperando a que yo contestara. Sabía que podía oírme. Y también sabía que el no se iba a creer nada.

- Mi padre cayo enfermo y estuve ocupándome de él – dije secamente.

- Pero podías haberme llamado – me dijo Raquel más aliviada, mientras me ponía una mano en mi hombro.

Yo cerré los ojos. Esperando a que el dolor pasara. Esta vez mi padre procuro que no se viera ninguna marca a vista de la gente. Pero eso no había impedido que tuviera que quedarme varios días en cama sin poder moverme. Jack se acerco rápidamente, pero Tom se interpuso en su camino y me dijo:

- Señorita Mckain, debo comunicarle que la falta de asistencia es una falta muy grave en este nuestro instituto y usted falta demasiado. Me temo que tendré que comunicar sus faltas de asistencia a nuestro querido tutor, porque yo...

- Si, si, Tom, lo que tu digas – le corto Raquel – pero Samy ha faltado por fuerza mayor. Estaba cuidando de un pariente suyo.

- Pero aun así debo comunicar a nuestro tutor que...

- Malory – dijo Raquel muy seriamente – Nosotros tenemos en cuenta la preocupación que tienes por nosotros pero – y se acerco a él mirándole con ternura y coqueteo - ¿podrías dejarlo pasar por esta vez?

- Cla..., digo... – se aclaró la garganta – Bueno, viendo las circunstancias lo dejare pasar esta vez- me palmeo la espalda- espero que su pariente se recupere pronto.

- Gracias – dije en un susurro aguantando a duras penas el dolor, una lagrima se asomo por mi ojo.
Detrás de Tom, alguien se percato de mi dolor. Jack me cogió de la mano y me saco fuera de clase.

21 febrero 2012

Capitulo 5 "La luz de mi oscuridad"


- Hacia mucho tiempo que no te veía por aquí guapa – me dijo la señora de las palomas dándome una bolsita de comida para pájaros que le estaba comprando.

- Ya... – le conteste con desgana.

La señora me cogió la mano y me dijo:

- Veo cambios en tu vida. Depende de ti el curso de las circunstancias. El destino te depara muchas penas, tendrás que buscar la luz y encontrar allí la felicidad – me dijo con una sonrisa en la cara y me devolvió la mano.

Me aleje. Y me senté en mi banco. Fui echando comida a los pájaros que se me ve iban aproximando. Esta señora cada vez esta más loca. Ahora se la daba de vidente. Cambios... Hombre, pensando un poco hay muchas cosas que han cambiado últimamente. Mi padre hacia varios días que no me pegaba. Además me ayudaba con las tareas cotidianas y eso es un alivio para mi. Además... esta ese chico nuevo... ¡Se me olvidaba! ¿Por qué me había llamado así? En el instituto todos me llaman por mi nombre entero o Samy. Solo había una persona que me llamaba Sam... Han pasado muchos años desde que escuche ese nombre por última vez. Mi madre era la única persona que me llamaba Sam a pesar de las quejas de mi padre que se quejaba que el nombre de Sam era de chico y no de chica. Una lagrima resbalo por mi mejilla. Me sentía tan sola. Quería que mi madre acabara con el calvario vivido junto a mi padre. A veces dudaba de que ella se acordara de mi, pero luego miraba aquella fotografía y las dudas desaparecían. ¿Qué madre olvidaba a su hija?

Cogí el sobre de mi mochila. Le di varias vueltas sin decidirme a abrirlo.

- Vaya, aquí estas – me dijo Jack apareciendo de la nada y dándome un susto de muerte.

- ¿Quieres matarme o que? – le dije con la respiración agitada. Por un momento pensé que era mi padre y que me había pillado con las manos en la masa. Guarde la carta aprisa.

-  No, pero parece que eso es lo que parece. Cuando has salido corriendo parecía que habías visto a un fantasma.

Mi cuerpo se tenso.

- Dime que me equivoco, pero ¿Tu ves fantasmas? – me dijo con cara de circunstancia.

- No veo fantasmas – me carcajeé – es solo que... – me miró con su media sonrisa, una que parecía más real, y me animo a continuar – nadie me había llamado así salvo una persona – y miré hacía el vacío intentando recordar aquellos momentos con una sonrisa nostálgica en mis labios.

De repente apareció un niño sonriente de unos cinco años. Con una gran sonrisa y mirándome fascinado. Luego su mirada se dirigió a Jack y le dijo:

- ¿Es ella verdad? – se calló esperando una respuesta por parte de Jack – Si es ella, estoy seguro. Se parece demasiado. Sobretodo en sus ojos – y me abrazo.

Mire a Jack. El se tapo la cara con las manos y dijo:

- Sí, es ella.

17 febrero 2012

Capitulo 4 "La luz de mi oscuridad"


Estaba en el vestuario de chicas, con en el sobre en mis manos sin atreverme a mirar que había dentro. Quizás esta carta fuera la responsable del inusual comportamiento de mi padre estos últimos días.

- Samy, vamos o llegaremos tarde – me dijo Raquel desde la puerta.

- ¡Voy! – me apresure a decir mientras guardaba el sobre dentro de mi taquilla.

Cuando salí Raquel ya había desaparecido. Comencé a correr hacia la pista, pero tropecé. Estaba apunto de estamparme contra el suelo cuando alguien me sujeto y evito mi caída.

- Deberías mirar más por donde andas – me dijo una voz muy acusante.

- Perdón...

Dije mientras mi salvador me soltaba. Cuando le miré me recorrió un escalofrío de pies a cabeza. Era él. Era el chico nuevo, Jack.

- ¿Siempre eres tan patosa? – me pregunto levantando una ceja dándole un aspecto bastante cómico. Definitivamente no le pegaba.

- Normalmente lo es más – dijo Raquel acercándose hacia nosotros – su ultima caída le proporciono una herida en toda la boca.

La miré amenazante, pero Raquel me hizo un gesto con la mano como diciendo que le restara importancia, que no era para tanto.

- Curioso, tuviste que caer de boca para que ocurriese tal cosa y yo ahora mismo he visto como pretendías parar la caída con las manos – me miro interrogativamente, poniéndome a prueba y yo no sabía cual era su motivo.

- Pues... – trague saliva – será que además de patosa seré corta de reflejos.

- Bueno, en eso no te falta razón – dijo Raquel risueña – pero vamos chicos, vamos a llegar tarde – añadió mientras me empujaba.

Jack seguía mirándome. Yo le sostenía la mirada. Pero inevitablemente tropecé de nuevo y esta vez me caí. Me rasque la rodilla y estaba sangrando. Jack me cogió en brazos y sin decir nada me llevo a la enfermería dejando a una Raquel boquiabierta.

Una vez en la enfermería...

- Bueno, no parece mucho Samy, mientras mantengas la herida limpia no habrá ningún problema – me dijo la enfermera sonriéndome.

- Ya, como siempre ¿no? – dije sacando la lengua.

Jack se encontraba cerca de mí. Mirándome, una vez más. La enfermera me dio el visto bueno y me dejo irme. Jack me siguió.

- ¿Qué quieres? – le pregunte.

- La verdad – me dijo tajante.

- No hay más verdad de la que ves. A una chica algo patosa con falta de reflejos.

- No te creo – se acerco a mi, noté su aliento muy cerca de mi cara. Me estremecí - ¿Ves? Me acerco a ti y sientes miedo – me volvió a mirar, pero esta vez dubitativo - ¿A que le tienes miedo Sam?

En el preciso momento en que escuche ese nombre salí corriendo, dejando atrás a un Jack totalmente desconcertado. Cogí todas mis cosas y me fui al parque, saltándome por primera vez las clases voluntariamente.

16 febrero 2012

Capitulo 3 "La luz de mi oscuridad"


Tras una semana de sospechosa tranquilidad en mi casa comencé a ponerme nerviosa. Tanta calma por parte de padre era muy confusa. Llegaba tarde casi todas las noches. A veces venia demasiado borracho como para reparar de que tenía una hija, otras se paseaba por su estudio demasiado intranquilo murmurando palabras difíciles de descifrar. Algo pasaba y yo quería enterarme de que se trataba.

Tras otro día de instituto lleno de miradas intimidantes por parte del chico nuevo y de suspiros de Raquel me fuí a mi casa. Cuando abrí la puerta todo estaba lleno de luz. Se escuchaba un aspirador en el comedor.

- ¿Padre? – dije tímidamente.

- ¡Oh! Samy, llegaste muy pronto hoy – me dijo, sospechosamente alegre. Pero su mirada no estaba llena de alegría. En esa mirada de ojos claros se leía el miedo y la preocupación.

- Iba a limpiar cuando llegase del instituto. Padre, deje, ya lo hago yo – dije con precaución.

Él me echó una mirada larga, severa. Que se suavizó forzadamente tras unos segundos.

- No te preocupes hija, tu ves hacer tus tareas escolares ¿quieres? Pronto serán tus exámenes finales, y no quiero que suspendas.

Le miré fascinada. Pero no me confié. Es cierto que nunca le había visto así. Por esa misma razón no me fié.

- ¿Esta seguro padre? Puedo hacerlo yo sin ningún problema...

- ¡He dicho que lo hago yo! ¡Ves hacer tus tareas ahora mismo! – me dijo amenazante.

Di un paso hacia atrás. Le miré asustada esperando que él diera un paso hacia mi dirección y me golpeara. Pero no paso nada. Él enchufó de nuevo el aspirador y continuó limpiando. Fui a mi habitación y me puse a hacer la tarea. Cuando termine el sol ya se escondía. Baje a la cocina y me puse a hacer la cena.

- Padre, la cena ya esta lista – dije alzando un poco la voz para que me escuchara.

- Enseguida voy – dijo, y continuo hablando. Supongo que estaría hablando por teléfono en el estudio.

Puse la mesa y me senté esperando a mi padre para comenzar a cenar. Cuando salió del estudio dio un portazo. Vino al comedor pisando fuerte. Estaba cabreado. Se sentó a la mesa. Dio un sorbo a la sopa.

- ¡Esta ardiendo! ¿Quieres matarme o que? – dijo mientras se acercaba a mi y me cogía del pelo para que me pusiese de pie.

- Lo siento padre. Por favor... – Balbucee mientras esperaba a que llegara el dolor. Pero en vez de eso me miro con furia, me soltó, cogió su chaqueta y salió de casa, dando una vez más un portazo.

Cuando terminé de cenar recogí la mesa. Cuando iba a tirar las sobras a la basura vi un sobre abierto. Era muy extraño, padre nunca tiraba ningún sobre a la basura, ni la propaganda. Siempre la dejaba en un rincón acumulada para que yo fuese a reciclarla. Cogí la carta y mire el remitente. Eran de los juzgados. Me guardé la carta y fui a sacar la basura.

14 febrero 2012

Especial 14 de febrero **Para todos**

Hoy es 14 de febrero y según todo el mundo el día de los enamorados, San Valentin. El día señalado para hacer una demostración de tus sentimientos, el día perfecto para una declaración de amor, el día de los tortolitos felices.


Y yo digo... ¡Bah! Tonterías, pamplinas, chorradas... Lo he pensado siempre, y siempre lo pensaré, solo es un día más. A tu pareja le has de querer siempre, no hoy. Se lo has de demostrar cada día, no hoy. Felicidades por acordarte de que día es hoy, pero estoy completamente segura que si el mes que viene le haces un detalle porque si, porque la/lo amas, lo va a valorar más que si hoy le llenas la cama de rosas.


Por eso hoy me gustaría declarar el día de los TOGETHER ALONE.


Sí, sí, porque hay que sentirse orgulloso de ello, estamos solos, pero estamos juntos. Porque hoy te lo puedes pasar bien estando en compañía de gente genial sin preocuparte de "no me ha dicho te quiero hoy" o "no me contesta, ya no me quiere"... Porque lo importante somos nosotros mismos y que nos sintamos bien siendo como somos, sin importar lo que los demás opinen o dejen de opinar.


Además que, una vez escuche, que ese pequeño angelito que tanto le pedimos que nos otorgue con su flechazo no es más que un pequeño cabroncete que se divertía lanzando flechas por doquier haciendo que las personas se enamoraran de alguien imposible para disfrutar de su sufrimiento. Así que... a la mierda los flechazos. ¿A caso un flechazo te dice como va a ser una persona? Un flechazo te enamora del físico, no de la persona. Una simple mirada no te puede decir si esa persona sabrá comprender tus miedos y valorar tus esfuerzos.


Lo que quiero decir es disfrutemos de este día, y de mañana y al otro, como si fueran únicos cada uno de ellos ya sea solos o acompañados de la persona que amamos o de nuestros mejores amigos. Sonriamos le a la vida para que ella nos devuelva esa sonrisa llena de buenos momentos. Disfrutemos de los detalles que nos da seguir viviendo un día más, esforzandonos por cumplir nuestros sueños y nuestras metas. Lo que tenga que ser será, de eso no hay duda. 


Pero por otro lado no quito la parte de que me gusta el romanticismo. Me he leído suficiente novelas románticas como para fantasear con dichas escenas y desear que algo así me ocurriera. No niego que me gustaría que un día como hoy me lo gustaría pasar en una cabañita/bungalow en la montaña con la persona que amo, delante del fuego de la chimenea, bien recogiditos y abrazados. Fantasías, sueños, ilusiones... No tienen porque cumplirse, no tiene porque hacerse realidad, pero no por eso voy a dejar de seguir queriéndolo o seguir luchando por conseguirlo. 


Cada uno pensaremos de una forma u otra, para mi, hoy día 14 de febrero es mi Together Alone. FELIZ DÍA A TODOS 

Especial 14 de febrero **Para ellos**

Al igual que las mujeres y aunque se hagan a veces los duritos muchos hombres también busca a su mujer ideal, una que sea especial, que se diferencie de las demás, en fin, que sea única. Así que realmente el "todas sois iguales" lo dice aquel que no ha encontrado a esa persona que no solo sea única, sino que le haga ser único a él. Pero para encontrarla primero hay que entender unas reglas básicas. 


Regla nº1 Si una mujer te dice que "No" puede ser cualquier cosa, indaga sin presionarla o agobiarla, podrías sorprenderte. Al igual que un "Sí" también podría ser una cosa distinta. 
Regla nº2 El "tu verás" o "haz lo que te de la gana" no es literal, es una sutil amenaza la cual te advierte de que no solo pendes de un hilo sino que como lo que hagas, digas o dejes de hacer y no le agrade estarás en serios problemas. 
Regla nº3 El "no me pasa nada" nunca es nada, siempre es algo. 
Regla nº4 A una mujer le gustan los detalles, da igual que día de la semana sea, que no coincida un aniversario o un día especial, un detalle siempre se agradece, la hace sentir segura, querida e importante. 
Regla nº5 Nunca y bajo ningún concepto te olvides de felicitarla en una fecha importante
Regla nº6 Cuando una mujer te pregunta por algún complejo no le des la  razón, es meterte directamente en la boca del lobo. Busca su punto fuerte y haz que ella también lo vea, sentirá que la tienes presente y le gustas. 
Regla nº7 Si le dices que vas a hacer algo, hazlo. No hay nada que moleste más a una mujer que le digas que vas a hacer algo y que luego no lo cumplas. 
Regla nº8 Una mujer siempre va a ver como una amenaza cualquier ex, ya sea ex-novia/ ex-ligue / ex-loquesea, por eso lo mejor es mantenerse lo más alejado posible. Que sepa que ya no sientes nada no significa que dejen de resultar una amenaza para la seguridad de ella misma. 
Regla nº9 No mires a otras mujeres cuando estés con ella y si lo haces que no lo note. 


Y por último y no por eso menos importante la regla de oro y que realmente te devuelve al punto de partida... 


Regla nº10 A una mujer no hay que entenderla, hay que amarla.