31 mayo 2012

Capitulo 28 "La luz de mi oscuridad"



Iba de camino a casa junto a Jack, pero como si no estuviera. Entramos en la casa y el se fue directo a su cuarto. Deje escapar un suspiro. Si me escuchara no se comportaría de esa manera. Fui a mirar a ver si estaba James en el despacho. La puerta estaba cerrada. Piqué.
-          Adelante – se escucho desde adentro.
Me asomé para ver si estaba disponible. Estaba hablando por teléfono pero me hizo señas con la mano para que me acercara.
-          Tu madre me esta contando lo que tramasteis para poder hablar – me dijo con un sonrisa – Ha llamado ahora para hablar contigo pero no se acordaba de que trabajo en casa y que podría pillaros – continuó.
Se me iluminó el rostro al saber que era con mi madre con la que hablaba.
-          ¿Qué? Si ya... – sonrió ampliamente – Te comportas como uno de ellos... Podría demandarte por decirme eso... – soltó una carcajada – Esta bien, esta bien... Si, te la paso – y me alargo el teléfono.
-          ¿Mama?- dije feliz. Vi como James se alegraba al verme hablar de nuevo.
-          Hola mi niña – escuche su risilla- Nos han pillado – dijo como una niña pequeña.
-          Ya veo, pero no parece que haya nada malo en ello – dije mirando a James que negaba con la cabeza como diciendo que yo estaba en lo cierto - ¿Cómo estas?
-          Yo estoy como una rosa, pronto me darán el alta e iré volando a verte – dije felizmente.
-          ¿De verdad? – dije emocionada – Tenemos que hablar de muchas cosas.
-          Si, así es – me dijo conciliadora – Me ha dicho James que estabas algo extraña desde ayer – su voz se notó preocupada.
-          No te preocupes – le dije.
-          ¿De verdad que no pasa nada? – me insistió.
-          Es una larga historia – le dije.
-          Esta bien, veo que no quieres hablar de ello – dijo sin ninguna molestia.
-          No es por nada, es que... no estoy preparada para reaccionar, creo – le dije dubitativa.
-          Esta bien mi niña, no te preocupes. Cuando te vea te lo sacaré todo a besos – me dijo divertida.
-          Me parece estupendo – le dije contenta.
-          Bueno hija, te dejo que viene el señor doctor a darme la lata – dije con voz inocentona.
-          Hasta luego – dije entre risas.
Le devolví el teléfono a James.
-          Veo que estas mejor – dijo mientras apoyaba los brazos en la mesa.
-          Sí, porque ahora tengo un plan entre manos – dije con voz traviesa.
-          ¿Y de que se trata? – dijo siguiéndome el juego.
-          Ayer te dije que necesitaba un favor y solo tu me puedes ayudar. Tienes que buscar a una persona.
-          Esta bien, ¿de que persona se trata? – me dijo mientras cogía una libreta.
Vaya, que fácil era tratar con James.
-          Se trata de Megan McFuller – le dije firmemente.
La puerta se abrió tras nosotros.
-          ¿Para que quieres buscar a Meg? – dijo Jack.
Vaya, por fin me hablaba. Esto se ponía interesante.
-          ¿No te han dicho que escuchar tras las puertas es de mala educación? – le dije.
-          Mi educación es lo de menos ¿qué quieres de Meg? – me dijo serio.
-          Eso es lo de menos, lo primero Jack, esto es un asunto privado si quieres decir algo ven luego a verme – dijo James.
Jack nos miró a los dos y luego se dio la vuelta cerrando la puerta de un portazo.  Al otro lado se escuchó a Mikel gritando que había petardos en casa.
-          ¿Os pasa algo a ti y a Jack? – me pregunto.
-          Se ha enfadado porque me llevo bien con Derek – le dije sin darle importancia.
-          Vaya... – se paso una mano por la frente como intentando quitarse el dolor de cabeza.
Antes de venir aquí para hablar con James le pregunté a Derek si podía contarle la historia de Megan a James y me dijo que si eso ayudaba de algo que lo hiciera. Y así lo hice, se lo conté todo.

A la mañana siguiente en el instituto fui a almorzar de nuevo con Derek. Jack hoy ni siquiera me había esperado para ir a clase y Raquel había vuelto a faltar.
-          Por el momento hará lo que pueda. Empezará la búsqueda pero tiene que hablar contigo para que le des todos los datos posibles – le dije.
-          Esta bien, pero solo con una condición – me dijo.
-          ¿Cuál?
-          Que me cuentes que es lo que te pasaba ayer.
Giré la cara. Me hubiera gustado poder contarlo primero a Jack y Raquel, pero ellos ya no estaban por mi así que solo me quedaba Derek. No es que lo utilizara como segundo plato, para nada, es que ahora la situación hacia que estuviéramos unidos para seguir adelante. No era solo cosa mía, era cosa de los dos. Tras unos minutos más de silencio me atreví a empezar.
-          ¿Te acuerdas que te dije que mi padre me pegaba desde que mi madre nos abandono?
El asintió.
-          Pues ayer fui a verle a comisaría.
-          ¿Qué hacia en la comisaría?
-          Verás, tu padre es el representante legal de mi madre. Un día vino a hablar con..., con mi padre. Mi padre le pego. Se descubrió que me pegaba y lo detuvieron.
-          ¿Entonces tu madre se a puesto en contacto contigo?
-          Si. De pequeña me prometió que volvería a por mi. Pero creo que han pasado muchas cosas y que no pudo ser. Ahora esta ingresada en un hospital del extranjero. Pronto le darán el alta – deje escapar un suspiro y sonreí – Ayer me dijo que pronto le darían el alta y podríamos vernos. 
-          Me alegro mucho por ti encanto – dijo dándome con el puño cariñosamente en el hombro.
-          El caso es que anteayer hablé con mi padre. Y me contó que él no es mi padre biológico, que cuando conoció a mi madre ella ya estaba embarazada de mi. Además que nunca me quiso...- esas ultimas palabras se me atragantaron por las lagrimas que amenazaban en salir.
-          ¡Vaya! – me rodeo con su brazo – Pero tu tienes que ser fuerte encanto. Esta vez no voy a fallar, voy a estar a tu lado – y me guiño un ojo.
-          Gracias Derek – y me puse a llorar en su hombro. La imagen de Jack pasó por mi mente y mi llanto se intensifico.
Derek me acarició el pelo susurrándome que me tranquilizara. Que ya todo había pasado. Sin darnos cuenta la puerta de la terraza se abrió. La oportunidad no era don de Jack precisamente.
Al verlo nos separamos al instante. Jack vio que estaba llorando y se encaro a Derek.
-          ¿Qué le has hecho? – dijo furioso.
-          Tranquilo primo, yo no le echo nada, solo estábamos hablando.
-          No te creo.
-          Pues deberías empezar a escucharle – le dije, me miró desconcertado – Que sepas que pronto James dará con Megan y entonces le creerás.
-          ¿Creer el que? – dijo derrotado al ver que me mantenía firme al defender a Derek.
Entre los dos le contamos todo lo referente a Megan. Jack no estaba del todo convencido. Pero prometió que se lo pensaría, además si resultaba ser cierto y Meg se lo confirmase no podría negar la evidencia. La campana sonó y los tres entramos a clase.

Estábamos de vuelta a casa cuando Jack me dijo:
-          Que sepas que le estoy dando una oportunidad a Derek por ti.
-          ¿Por mi?
-          Si tu le crees, tu que has vivido lo de Meg, será por algo ¿no? – me dijo con una media sonrisa.
-          Gracias Jack – y me tiré a sus brazos. Caímos al suelo.
-          ¿No te resulta familiar esta pose? – me dijo divertido.
Me ruboricé de pies a cabeza. Cuando nos miramos nos echamos a reír dejando atrás los dos últimos días. 

28 mayo 2012

Capitulo 12 "Amar al destino"


¿Por qué somos lo que somos? ¿Qué nos lleva a ser de una determinada manera? Dicen que en esta vida evolucionamos, cambiamos con el transcurso del día a día. Que según con quien nos juntemos somos de una manera o de otra ¿y no es cierto? ¿Acaso somos iguales con nuestros amigos que con nuestros padres? Dile a tu padre que te emborrachaste la pasada noche y que te despertaste en la cama de vete tu a saber quien, ya veras la ostia que te da. En cambio dile eso a un amigo, ya verás las risas que os echáis.
Con esto simplemente quiero decir que somos lo que somos porque queremos ser así, porque lo que nos rodea nos hace ser.











Unos cuantos años atrás

Saque la ropa de la maleta y la metí toda echa un ocho dentro del armario gris de mi nueva habitación. No quería perder el tiempo en doblar la ropa y ponerla en el armario, porque sabía que a la semana iba a estar tal y como la había dejado ahora. Puse mis libros en una estantería vacía y me concentre en mi misión. ¿Qué que misión era? La de encontrar a mi compañera. Y no me refiero a la de cuarto. Claro que si encuentro a mi compañera y encima es la que ocupara la otra cama de mi habitación me llevo dos por uno.

Salí del cuarto y me puse a dar vueltas por los pasillos intentando encontrar a aquella persona que haría de mi mundo algo más especial, pues complementaría una parte de mi vida que siempre me había faltado. Desde pequeña me habían dicho que toda persona esta destinada a tener a alguien, y más alguien como yo.

Las brujas necesitan a una compañera fiel y amiga para complementarse. Estas pueden ser de carácter totalmente diferentes, de una manera que parezca incompatibles como personas, pero les unirá un hilo más fuerte que el diamante. Sus magias se sintonizaran en una frecuencia única, donde la unión las hará más fuertes.  Aunque esto no siempre funcionó. Hubo una vez, hace muchísimos años, que dos brujas que debieron ser compañeras se convirtieron en rivales, creando así dos bandos claramente diferenciados donde cada bruja tubo que elegir a cual pertenecer.

Según me habían contando, esa historia podría volver a repetirse en tiempos actuales. Las almas de aquellas brujas se han reencarnado en un cuerpo joven y nuevo. Se supone que mi compañera es una de aquellas almas reencarnadas.

Seguía vagando por los pasillos pero no sentía nada. Nadie me llamaba la atención hasta que me canse de andar y regrese a mi cuarto.

-          Max no hace falta que me sigas hasta mi cuarto, en cuanto me acostumbre a este lugar ya no estaré así – dijo la chica de cabello castaño, largo y ondulado a un chico de pelo castaño algo más bajito que ella – Puedes irte, en cualquier momento puede venir mi compañera de... – alzo la mirada y se dio cuenta de mi presencia - ¡Hola!

-          Hola, ¿tu serás mi compañera de cuarto? – le di la mano – Me llamo Blair – ella la cogió, una corriente me erizó el vello del cuerpo.

-          Yo soy Holly – sus ojos eran violetas, parecían dulces de caramelo. Su voz me transportó a otro lugar, a otro tiempo a donde dos chicas se dieron la mano de la misma manera que hoy lo hacíamos ella y yo para después sacar el hacha de guerra contra la otra.

-          Bienvenida compañera – y la abracé con toda la alegría del mundo dejándola patidifusa pero abrazándome a su vez.

Ese día algo muy fuerte nos unió, algo que creía irrompible. La delgada línea de diamante se tenso creando un fuerte vínculo y convirtiéndonos en grandes amigas. Pero... ¿acaso es oro todo lo que reluce?





Me desperté con la respiración agitada y con todos los pelos en la cara. Cuando dije que la noche sería larga nunca imagine que esa noche se acabaría convirtiendo en días. Era la séptima noche desde que Holly fue secuestrada por un vampiro. Jeremy nos había guiado siguiendo el rastro del vampiro, puesto que él, como licántropo tenía un sentido especial para ello.

-          ¿Estás bien pelirroja? – dijo el susodicho desde la oscuridad de la cabaña vieja y abandonada que encontramos para pasar la noche – No parecía que tuvieras una pesadilla.

-          Y no lo era – dije mientras me ponía de pie dándole sin querer un patada a Max que había estado durmiendo a mi lado – Pero... ¡Vaya! Había creído entender algo de ese sueño pero no me acuerdo – me acerque a Jer - ¿Algo nuevo?

-          No, aunque cada vez estamos más cerca. El olor es más reciente.

-          Pues a ver si es verdad – dijo Max mientras se desperezaba – Estoy harto de dormir en el suelo y que me despierten a patadas.

Me acerqué a él y le pellizque la mejilla.

-          No te quejes Maxie – cuando escuché que se quejaba deje de apretar y puse mi mano en su hombro – Todo esto es por Holly, ya lo sabes.

Jane, la gatita, salto desde algún lugar y se planto en frente de los tres mirándonos. Luego su mirada quedo fijada en Max.

-          Dice que ha encontrado el escondite de los vampiros. Esta vigilado y es peligroso. Hay dos guardias en la puerta y que por lo que ha podido ver dentro hay muchísimos más vigilando cada rincón.

-          Esos chupasangres son como ratas ¡Vayas donde vayas siempre hay! – se quejó Jeremy.

-          ¿Y ahora que hacemos? – dije mirándole.

-          Pues vamos a ir – dijo como si nada.

-          ¿Has escuchado lo que te he dicho? – dijo Max molesto.

-          Sí. Pero vuestra amiga esta allí dentro, ¿no? – los dos asentimos – Pues habrá que entrar de alguna manera.

-          Yo puedo hacerlo – dije – Si consigo localizar el aura de Holly puedo tele transportarme allí dentro.

-          Muy lista brujita, pero no lo creo factible.

-          ¿A si? Explícame porque guapo – dije desafiándole.

-          Creo que tu mejor que yo sabes que hay más brujas y que muchas de ellas se aliaron una vez con los vampiros, digamos que son el bando oscuro. Ellos también tienen sus recursos contra la magia.

-          ¿Bando oscuro? – pregunto Max.

-          Cualquier tipo de magia que tenga que ver con la muerte y la destrucción es oscura. Sobretodo si esa magia se junta con los chupasangres, que de muerte saben mucho.

-          Veo que los odias – dije.

-          Lo llevo en mi naturaleza – cogió una bolsa – Vamos, no hay tiempo que perder. 




Siete noches aquí encerrada. Matt me las iba a pagar. ¿Qué pretendía sacándome así de mi cuarto para luego dejarme en esta habitación día y noche encerrada? La comida estaba buena, eso tenía que reconocerlo... ¿¡No me estaría cebando para luego chuparme la sangre!? Me acerqué a la puerta por décima vez aquel día y grité:

-          ¿Quiere alguien sacarme de aquí?

Pero para variar nadie contestó. Estaba aburrida, cansada y echaba de menos a mi gente. Me senté en la gran cama de matrimonio y hundí la cara entre mis manos. Tuve unas ganas tremendas de echarme a llorar pero no lo hice. Por increíble que pareciese me sentía incapaz de llorar. No había vuelto a hacerlo desde la muerte de mi madre.

-          ¡Ay mama! ¿Por qué me pasan a mí estas cosas?

La puerta se abrió e inconscientemente cogí un cojín de la cama y me lo puse en el pecho. No pude creer lo que mis ojos me proyectaron. ¡Era mi tía!

-          ¡Tía Jane! Has venido a por mí – dije mientras tiraba el cojín por el suelo y me tiraba a sus brazos.

Ella no me correspondió pero no le di importancia. Ella estaba aquí conmigo, nada me importaba más que volverla a ver.

-          Shhh calla pequeña, si me pillan estamos perdidas – dijo apartándome un poco y cerrando la puerta sin hacer ruido.

-          ¿Has venido a buscarme? – pregunte con alegría.

-          Algo así – me miró raramente - ¿Por qué no has utilizado tus poderes para irte de aquí? – quiso saber.

-          No se..., no se como hacerlo. Es muy extraño tía Jane, pero a pesar de lo que Blair diga no puedo utilizar bien mis poderes. ¿Sabes tu porque?

-          Cla...

La puerta se abrió dando un portazo. Matt entró a la habitación y cogió rudamente del brazo a mi tía.

-          ¡Fuera de aquí! Te dije que no te acercaras.

-          Suéltala – le ordene – Es mi tía.

Matt me miró sorprendido. Pero no tarde ni dos segundos en volver la mirada a Jane.

-          Fuera – y la soltó.

Jane me miró de nuevo. Tuve una sensación extraña pero no acerté a identificar porque. Salió de la habitación con la espalda recta y paso decidido.

-          Tu también te puedes ir – le dije dándole la espalda.

-          Lo siento mucho Holly – dijo poniendo sus frías manos en mis hombros – Me hubiera gustado poder venir a verte antes pero... las circunstancias me lo han impedido.

-          ¡Eso que más da! – dije dándome la vuelto, enfrentándole con la mirada – Me has secuestrado, me has sacado de mi hogar contra mi voluntad.

-          No podía estar sin ti, no quiero perderte – me acercó a él, dándome un cariñoso abrazo - ¿Por qué te fías de esa bruja y no te fías de mi?

-          Esa bruja es mi tía – dije apartándome – Tu...

-          ¿Yo que soy? Creo que te equivocas en muchas cosas Holly, esa mujer no es tu tía.

-          ¡Sí lo es! – dije furiosa.

-          Si esa mujer fuera tu tía no te hubiera dejado conmigo. Esa mujer no es quien parece. Ese cuerpo no es suyo. Se llama Rosemary.

-          Eso es imposible... Rose...

Entonces empecé a encajar las piezas. El cambio de comportamiento de Rose todo este tiempo, aquella despedida, aquella ultima frase...  ¿Pero como era posible? ¿Por qué nadie me había dicho nada? ¿Blair y Max lo sabrían? ¿Cómo lo sabía Matt?

Todo hilo de pensamiento dejo de existir cuando Matt me cogió entre sus brazos y junto sus labios con los míos. A pesar de ser fríos como el hielo yo me sentía arder.

-          Déjame que te quiera – dijo apartando sus labios un poco – Déjame hacerte mía...
-          ¿P-porque?
-          Porque así debe ser cielo. En cuanto te vi lo supe. Tú existes porque yo existo. Te necesito porque tú eres mi aire. Tu me das la vida que no tengo – me acarició la cara con la mano y me perdí en su mirada, olvidando si el que tenía delante era Matt o era Jeremy – Porque tu calor responde ante mis besos – y fundimos nuestros labios.

La cabeza dejo de funcionar. Los brazos se movieron solos y rodearon su cuello. No sentía el frío, pues toda yo ardía en llamas. El me atrajo más cogiéndome por la nalga y haciendo que se me escapara un suave gemido. Con dulzura me cogió del pelo y tiro de mi hacía atrás besándome el cuello. Leves descargas de pasión hacían que mi corazón bombeara a gran velocidad. Entreabrí la boca dejándome  llevar. Matt fue descendiendo por mi cuello hasta llegar a mi pecho donde se deleito jugando con su lengua. Los pezones se me pusieron duros. La respiración era agitada.

En un cambio repentino volvió a devorar mi boca con voracidad cogiendo con su mano uno de mis pechos. Me sentía enloquecer. La cabeza me daba vueltas. La imagen de Jeremy se confundía con la de Matt. No entendía lo que me pasaba, mi cuerpo reaccionaba solo. Pare de repente cuando en mi mente escuche ruido tras la puerta. Se escuchaban gritos.

-          ¡¡Holly!! – esa era la voz de Blair.

-          Blair... – dije apartándome de Matt y empezando el camino hacia la puerta, Matt me cogió de la muñeca parándome.

-          No vayas... – su voz sonó ronca y triste.

Me lo quedé mirando unos segundos ¿qué debía hacer? 

25 mayo 2012

Capitulo 27 "La luz de mi oscuridad"


Las paredes eran blancas al igual que el resto de los muebles. El único color de aquel lugar era un ramo de rosas rojas que descasaban en un jarrón. A fuera llovía. Una mujer descansaba en la cama mirando hacía esa misma ventana.
-          Catherine deberías descansar – le dijo un hombre de cabellos castaños y ojos azules como mares.
-          No puedo, quiero salir pronto – dijo la mujer con voz cansada.
-          Pero si no descansas no te podré dar el alta – le dijo el hombre con una cariñosa sonrisa.
-          Ya, gracias doctor – dijo la mujer con tono de burla – Pero he tenido un mal presentimiento, quiero estar en casa.
El hombre se apartó con una mano la bata blanca y sentó en la cama al lado de la mujer de cabellos castaños. Aun seguía pálida pero desde ayer se le veía un leve rubor de emoción en las mejillas.
-          Prometo que pronto volveremos a casa, muy pronto – le dijo el hombre, luego la beso en la frente.

Era hora de cenar, pero no tenía hambre. Tenía que hacer la tarea, pero no tenía ganas. Tendría que ser más fuerte, pero no tenía fuerzas. Tendría que llorar, pero no tenía lagrimas. Ya no me quedaban. Justo después de llegar a casa subí a mi cuarto sin decir una palabra en todo el trayecto. A pesar de que estaba muerta de miedo por todo no pude llorar. Jack no me preguntó nada, me miró de soslayo pero no dijo absolutamente nada. Mikel se había dormido mientras esperábamos. Y James..., James no sabía que hacer conmigo. Se lo vi en sus ojos. Quería ayudarme como fuera, pero ninguna palabra llegaba a mi corazón.
Me estiré en la cama mirando al techo. E hice una lista de todo lo que me iba mal:
Primero: Raquel se marchaba, me dejaba sola y no me había contado nada.
Segundo: Mi madre estaba lejos y algo le pasaba, y lo peor es que no sabía cual era la causa.
Tercero: Mikel podría ser mi hermano. Vale, eso no es que fuera algo malo, pero a sido muy inesperado.
Cuarto: Derek, a pesar de parecer una persona muy alegre, se consumía en la tristeza y la soledad. Ese abrazó me lo dijo a gritos. Sé que quería ver a Megan y recuperar a su primo. Pero se me había escapado todo de las manos y yo no sabía que hacer para ayudar.
Y por último, pero no por eso menos importante...
Quinto: Jack no me hablaba, es más, tan siquiera me miraba. Eso me dolía que cualquier otra cosa. Era como una estaca en el corazón.

Una lagrima se asomo y se deslizo solitaria por mi cara... Tenía delito el asunto. No lloraba porque mi padre no fuera mi padre, ni porque mi amiga se marchara sino por Jack. ¿Podía ser que me hubiera enamorado de él? Nada más pensarlo mi corazón se me aceleró. Negué con la cabeza como no queriendo aceptar algo que era tan obvio. El amor no era lo más importante ahora. Ahora lo que tenía vital importancia en mi vida eran las respuestas, y estas escaseaban.

A la mañana siguiente el camino al instituto fue silencioso. Ninguno de los dos hablamos. El no me había vuelto a hablar desde ayer y yo no había abierto boca desde la comisaría. No conteste ni cuando Mikel me pregunto si hoy jugaríamos. No tenía fuerzas para nada. Mi mundo estaba colgando de un hilo. Tenía a personas a mi alrededor, por supuesto. James me había tratado mejor que nunca en el desayuno y Mikel no paró de hacer tonterías para hacerme reír pero yo no salía de mi voto de silencio. A la entrada del instituto nos esperaba Derek. Jack pasó de largo, aceleró el paso y me dejo atrás.
-          ¿Sigue enfadado? – me pregunto Derek bastante alegre para como acabamos ayer.
Yo le respondí con un encogimiento de hombros. Él me miró extrañado.
-          ¿Te pasa algo? – me dijo algo preocupado.
Le miré a los ojos. No le dije nada. Pero el supo adivinar que así era.
-          Bueno, cuando quieras hablarlo siempre podemos quedar después de clase para otro rato de confesiones – me dijo guiñándome un ojo color esmeralda.
Fuimos juntos hasta dentro. Luego cada uno se fue a su clase. Me senté en mi sitio, sin mirar a ningún lado. Concentrada en mis pensamientos. Ni siquiera me di cuenta que Raquel estaba en su sitio mirándome.
-          ¿Samy? – me dijo un poco tímida.   
Pegué un salto en mi asiento al escuchar su voz. La miré. En su mirada atisbe a ver un alo de culpabilidad.
-          Siento que te hayas tenido que enterar por terceros, no sabía como decírtelo... – su mirada se entristeció – A mi padre le han ofrecido un empleo en otra ciudad y nos marchamos todos – al ver que yo no contestaba continuó – Pero por favor, no te enfades conmigo Samy...
Yo aparte la mirada. Pero no por ignorarla, sino para que no viera como mis ojos se inundaban de lagrimas.
-          No te esfuerces Raquel – le dijo Jack con un tono ausente – No te va a contestar, no ha abierta la boca desde ayer por la tarde.
Noté la mirada de Raquel. Me pedía que la mirara. Pero yo no tenía fuerzas. El Señor me dio un respiro y el profesor empezó la clase haciendo que todos nos calláramos.

-          ¡Samy! – dijo Derek mientras entraba en nuestra clase - ¿Vamos a almorzar juntos? – dijo con una encantadora sonrisa.
Asentí con fuerza. No quería despedidas, no quería reproches, solo quería paz. Y sabía que Derek me la iba a otorgar. Jack y Raquel se nos quedaron mirando desconfiados. Pero tanto al uno como al otro nos dio igual.
Fuimos a la terraza. El sol resplandecía y daba a mi cuerpo el calor que necesitaba. Nos sentamos en el suelo.
-          ¿Es la hora de las confesiones? – me dijo divertido.
Yo le miré con una sonrisa y negué. No, aun no estaba preparada para eso. Pero quizás si para otras cosas.
-          Derek... – mi voz sonó rasposa.
-          ¡Vaya! Tu preciosa voz tiene fallos técnicos – y soltó una carcajada. Yo no pude evitar unirme a él ante tal contagie de risas.
Carraspeé para intentar solucionarlo.
-          Derek, tengo una idea para que vuelvas a ver a Megan – le dije mirándole a los ojos con una sonrisa triunfante.
-          ¿Qué? Es imposible Samy – dijo girándome la cara – No se ni si quiera ni como empezar y tu que no la conoces menos.
-          Pero, ¿y si pidiésemos ayuda a un abogado?
Volvió a reírse.
-          ¿Y como piensas pagarlo encanto? – me dijo con la risa en su voz.
-          Es gratis – le dije sin dejarme vencer.
-          Es no es posible, baja de las estrellas, esto es la realidad Samy- me dijo burlándose.
-          Te olvidas de algo Derek, encanto – dije imitándole – Tu padre es abogado.
Se puso serio de golpe.
-          Mi padre no me ayudaría – dejo escapar un suspiro – No fue mi padre en funciones, ¿por qué iba a ser ahora mi abogado?
-          Porque yo se lo voy a pedir – con una mano le levante la cara para que me mirara directamente a los ojos – Nunca es tarde para forjar aunque sea una amistad. 

15 mayo 2012

Capitulo 26 "La luz de mi oscuridad"


El camino hasta la comisaría fue una tortura para mi corazón. Jack no me miró en ningún momento. Suerte de Mikel que se paso todo el trayecto contándome lo que le había dicho el medico. Pero ahora yo estaba en la sala de espera de la comisaría con James esperando a que avisaran a mi padre. Nos encontraríamos en la sala de visitas. Sabía que allí no me podía pasar nada, pero igualmente un sudor frió caía por mi espalda. James me cogió de la mano para transmitirme valor.
-          Entraré contigo – me dijo.
-          Quiero entrar sola – dije con más fuerza de la que realmente tenía.
-          No puedo...
-          Si entras conmigo te tengo que pedir un favor a cambio.
-          Esta bien, aunque no fuera por algo haría todo lo que pudiese por ti.
Le sonreí totalmente agradecida.
-          Ya pueden pasar – nos informaron.
Nos levantamos a la vez. Entramos en una sala donde la gente hablaba por un teléfono a través del cristal. En la última cabina estaba mi padre. Tenía bastante barba y los ojos enrojecidos. Su piel estaba pálida. Pero..., pero cuando me miró sus ojos eran firmes. Cogimos el teléfono a la vez.
-          Hola Samy – me dijo en tono neutro, sin expresar ningún sentimiento.
-          Padre... ¿cómo estas?
-          ¿No lo ves?
Me encogí de hombros.
-          Padre yo...
-          ¡No me llames padre! – me gritó.
Un policía le llamo la atención y el respiró bien hondo.
-          ¿Por qué? – le pregunte armándome de valor - ¿Por qué no me quieres?
-          Deberías saberlo – me dijo severo.
-          No se nada, nunca me has explicado nada.
-          Quizás tengas razón – dijo sin contestar.
-          ¿Por qué? – insistí.
-          Eres pesada, igual que tu madre – apartó la mirada – A pesar de todo lo que hice por ella y por ti y así es como me lo pagáis.
-          No entiendo – le dije.
-          ¿Sabes porque no te quiero? – me dijo mirándome ferozmente – Porque yo no soy tu padre.
-          Eso no es cierto... – dije para mi misma, pero él me escuchó.
-          Sí que lo es. Yo conocí a tu... – tosió- a Catherine cuando ya estaba embarazada de ti. Estaba sola y desamparada. Era realmente bella. Su pelo castaño, sus ojos ambarinos... Me enamoré de ella nada más verla. La acogí en mi casa y pareció que ella también me quería pero solo pensaba en dos cosas, en su pequeña mocosa y en el padre de esta. – emitió un gruñido como intentando calmar la rabia de su interior - ¿Crees que yo me merecía esto? Trabajaba para ella, para que estuviera conmigo.
Enmudecí. ¿No era mi padre? ¿Entonces quien lo era? Una bombilla se ilumino en mi cabeza, recordándome algo.
-          Pero tu la pegabas, al igual que a mi.
-          Se lo merecía. Era una desagradecida, eso es lo que era, si.
Quise acabar con el tema de mi madre.
-          ¿Y yo? ¿Qué te hice yo?
-          ¿No te lo he dicho ya? Fue por ti que se fue, si tu no hubieras existido ella nunca se habría marchado – me dijo con rabia, tanto en sus palabras como en su mirada.
Tragué saliva, recogí todo el valor que me quedaba en mi alma y le dije.
-          A lo mejor si no hubiera sido por mi te hubiera dejado antes, a lo mejor ni siquiera te hubiera conocido – entonces la que le miro severa fui yo – Fue por tu culpa, tu la hiciste huir, tu y nadie más que tu. ¿Acaso ella te prometió amor por un sitio en el que vivir?
Se levantó de golpe y aplastó sobre el cristal sus puños haciendo que de la impresión y del medio yo me echará hacia atrás cayendo al suelo. James vino a mi lado.
-          Sam ¿estas bien? ¿Te has hecho daño?
Pero no escuchaba nada. Mi cuerpo estaba paralizado mientras mis ojos miraban a aquel hombre que creía que era mi padre siendo esposado para a continuación sacarlo de la sala. James me levanto viendo que yo no hacía nada. Me rodeo con su brazo y me saco de allí.
-          No te traeré nunca más a ver a tu padre, no verás nunca más a ese hombre – me prometió.
Yo seguí muda. Caminamos fuera de la comisaría camino al coche donde nos esperaban los chicos. El sol ya se había escondido dejando ver la oscuridad de una noche sin luna. Una noche tan negra como la oscuridad que ahora mismo tenía en mi corazón.