30 julio 2012

Capitulo 34 "La luz de mi oscuridad"


El viernes me levanté temprano. Me senté en la cama y abrí los ojos algo cansada. No había parado de darle vueltas. No sabía que estaría tramando Jack. Me levanté y fui hacia la ventana. Había amanecido un nuevo día soleado. Abrí la ventana y saqué la cabeza hacia una brisa fresca. Estaba segura que para esta noche haría tan buen tiempo. De repente tuve la sensación de que me olvidaba de algo. Estaba bien claro que mi madre no tardaría muchos días en llegar, en estar conmigo de nuevo. Pero algo se me escapaba. Fui hacia el armario y comencé a vestirme sin parar de rebuscar en mi memoria que podía ser lo que se me escapaba. Iba hacia la puerta para salir cuando por mi mente se hicieron presentes dos números bien claros. Una fecha: el 22 de junio. ¿Cómo me podía haber olvidado de una fecha como esta? ¡Mañana era mi cumpleaños! Puse mi mano en el picaporte y me pare en seco. Ahora que lo pensaba era lógico que no me acordara. Desde que mi madre se fue no había celebrado mi cumpleaños, ni soplado unas velas. Supongo que cumplir años no era tan importante comparado con el echo de volver a ver a mi madre. Giré el picaporte y baje las escaleras hacia el comedor. Como siempre James leía el periódico y Mikel jugaba con sus cereales. Pero Jack no estaba. Me senté a la mesa y me unte mantequilla en una tostada.

-          Hoy os dan las notas ¿no? – dijo James sin levantar la vista del periódico.

-          Sí – dije sin ganas.

-          Espero que os hayan ido bien– dijo mirándome con una sonrisa amable, la que tanto le caracterizaba.

-          Yo también. La verdad, mis notas no me preocupan tanto como las de los otros dos – dije con una media sonrisa.

Escuché como James disimulaba una carcajada. Supongo que él pensaba lo mismo que yo. Terminé de desayunar y llevé a Mikel a su colegio. A partir de la semana que viene iría a un casal de vacaciones. Fui a paso lento hacia el instituto. Seguro que nadie sabía que mañana era mi cumpleaños. Bueno, la única persona que siempre me felicitaba era Raquel y ella no estaba. Caminaba ausente por los pasillos ignorando como los demás estudiantes se entusiasmaban con la fogata y los fuegos artificiales de la noche. Entré a mi clase y me puse el delantal. Hoy solo serviríamos por la mañana. Antes de comer colgarían las notas. Todos comeríamos y antes de irnos el tutor nos daría su charla de despedida. Sin darme cuenta había terminado el instituto. Mientras servía pensé en lo que podía hacer después. La verdad es que no tenía nada claro que quería hacer con mi vida. Nada me entusiasmaba de manera especial. Es verdad que se me daba bien cocinar pero no quería ser una esclava de los fogones todos los días festivos. También se me daba bien los números pero no quería romperme la cabeza y se la contable de alguna empresa mal organizada y con muchos números rojos. Sonó el timbre que anunciaba que las notas ya estaban colgadas. La gente salió disparada hacia el tablero. Pensé en acercarme pero moriría asfixiada entre la gente y nunca podría saber si me saque el bachillerato o no. Me apoyé en una columna esperando a que a la gente se relajara y se fuera yendo. Alguien me toco el hombro.

-          Hola encanto – giré la cabeza y vi a Derek sonriente - ¿No te atreves a mirar las notas?

-          No – dije encogiéndome de hombros.

-          ¡Pero si seguro que has aprobado! – dijo sorprendido.

-          No es eso, es que no quiero hacerme daño para verificarlo – dije.

Escuché su carcajada.

-          Bueno, pues me sacrificare por ti e iré a mirarlas yo – me guiñó un ojo color esmeralda y se metió entre la gente.

Cinco minutos más tarde vino hacia mi con un semblante serio y con tres dedos alzados. Tragué saliva.

-          ¿He suspendido tres? – dije nerviosa.

Negó con la cabeza.

-          ¡Hemos aprobado los tres! – me cogió por la cintura y me alzó al vuelo.

Se me escapo una carcajada. Derek me dio un beso en la mejilla.

-          Muchas gracias Samy, no lo habría conseguido sin ti – y me abrazo de nuevo.

Me di cuenta que mucha gente nos miraba. Me sonroje de pies a cabeza. Derek se dio cuenta, me cogió de la mano y me saco de allí. Subimos a la terraza, allí donde siempre se respiraba paz y tranquilidad. 

-          Hemos dado un poco la nota ¿no? – dijo Derek sin parar de reírse.
-          Sí – le confirme y me puse a reír por culpa de su risa. Pero también porque estaba muy contenta. Habíamos aprobado los tres. Ya estábamos graduados.

Nos sentamos al lado de la verja y empezamos a comer.

-          ¿Y Jack? – dije como si nada.

-          No ha venido hoy. Me dijo que le mirara la nota y que no me preocupara por él – se metió una patata en la boca y dijo – Creo que esta tramando algo.

-          ¿Tu crees? – dije sin dejar ver mi curiosidad.

-          Sí – y no añadió más.

Al momento mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo de mi falda. Lo cogí y conteste sin mirar de quien era la llamada.

-          ¿Si?

-          ¡Samy he aprobado! – grito una voz chillona – Y tu seguro que también ¡Tenemos que celebrarlo!

Entonces noté como la alegría y la nostalgia se hacía presente en mi corazón.

-          Muchas felicidades Raquel, me alegro mucho por ti – dije sonriendo.

-          ¿Estas con los chicos? – grito de nuevo.

-          Solo con Derek – el nombrado me miró interrogativo.

-          ¡Pon el manos libres! – me grito mi mejor amiga.

-          Listo – dije cuando lo puse.

-          ¿Cuántas te han quedado Derek? – dijo Raquel divertida.

-          Para tu información he aprobado todas – dijo Derek sacándole la lengua al teléfono.

-          ¿De verdad? ¡Eso si que es una sorpresa! – se oyó como se reía – Cuando podamos tenemos que quedar para celebrarlo – dijo entusiasmada.

-          Por supuesto – dijo Derek, también emocionado.

Yo tenía una sonrisa tonta en la cara. Me había echo muy feliz escuchar la voz de Raquel.

-          ¿Y ahora que piensas hacer Raquel? – le preguntó Derek.

-          Pues voy a ser periodista – dije más entusiasmada todavía – Del corazón por supuesto. Mi madre me ha dicho que en cuanto me saque la carrera me concederá una entrevista en exclusiva para hacerme conocer.

A veces olvidaba que la madre de mi mejor amiga era una famosa actriz. Tenía suerte.

-          ¿Y tu? – pregunto Raquel.

-          Había pensado en hacerme gigoló profesional pero no creo que mi madre me deje – dijo en broma – Pero últimamente he pensado mucho y quiero seguir los pasos de mi viejo, voy a intentar ser abogado. Quiero defender a todas esas personas a las que no se les escucha, aquellas que tienen miedo de sus acosadores – vi como me miraba y me sonreía – Quiero poder enmendar algo que no supe hacer de la manera correcta – dijo por último con una mirada triste, seguramente al pensar en Megan.

-          Eso si que me ha sorprendido – dijo Raquel – Bueno, ¿Y tu Samy?

-          La verdad es que no tengo ni idea – dijo con un encogimiento de hombros del que solo fue visible para Derek.

-          ¡Vaya! – dijeron los dos al unísono.

Tras unos segundos de silencio Raquel rompió el silencio.

-          Podrías descansar durante un tiempo, recuperar el tiempo que te robo tu padre y respirar algo de libertad.
-          Estoy de acuerdo con Raqui, tomate un año sabático – dijo Derek mientras me rodeaba los hombros con su brazo.

Me paré a pensarlo. No era mala idea. Supongo que no me haría daño descansar un año. Al fin y al cabo tengo todo el tiempo del mundo para seguir estudiando. Y así podría pensar más tranquilamente en lo que quiero hacer con mi vida.

-          Supongo que tenéis razón – dije tímidamente.

El timbré sonó de nuevo y se termino el tiempo para poder hablar. Nos despedimos de Raquel y nos fuimos cada uno hacia nuestra clase. Me senté en mi sitio. El tutor no tardó mucho en hacer acto de presencia. Espero a que todos estuviéramos en silencio y comenzó su discurso.

-          Otro año escolar a dado a su fin. Para vosotros es el ultimo en este centro estudiantil. Me alegro que todos vosotros hayáis aprobado. Estoy muy orgulloso de todo vosotros, como tutor y como persona. Se que ahora os espera lo más duro. Ahora, cada uno de vosotros comenzareis un nuevo camino en solitario. Abriréis las puertas del mundo adulto y estoy seguro que dejareis vuestra huella en el – la gente de la clase miraba atento al tutor, algunos con lagrimas en los ojos, sobretodo las chicas. Se cogían de la mano con quien tenían mas cerca. Los chicos se mantenían firmes intentando no llorar para no quedar en evidencia. Si mi vida fuera perfecta, a mi derecha tendría a mi mejor amiga y lloraríamos juntas y a mi espalda tendría a Jack, aguantando las lagrimas también. Aunque me costaba ver su cara surcada de lagrimas – Por último, solo me queda desearos buena suerte y que disfrutéis esta noche.

La gente empezó aplaudir y a abrazarse con todos. Yo me quede quieta en mi sitio. Segura de que nadie se percataría de mi presencia. Pero estaba equivocada.

-          Mckain – dijo Tom Malory, el delegado – Me alegro de haber compartido estos años contigo.

Me levante de mi asiento.

-          Yo también – baje la mirada – Espero no haberte causado muchos problemas con mis faltas.
Me palmeo la espalda.

-          ¡Eso ya no importa! – me dijo alegre, como nunca le había visto – Que pena que Quick no este aquí – dijo con voz realmente triste.

Entonces me di cuenta de algo. Que nuestro delegado, aquel chico tan correcto y serio, estaba enamorado de la belleza de la clase, de mi mejor amiga.

-          Sí, aunque algún día vendrá por aquí – empezamos a salir juntos hacia fuera – He hablado con ella hoy, también a aprobado.

-          Me alegro por ella – dijo tímido.

Estábamos por la salida del instituto. Miré a mi alrededor buscando a Derek.

-          ¡Se me olvidaba! – dijo Tom llevándose una mano a la cabeza – Craven me dijo que te comunicara que no le esperes, tenía prisa, creo que tenía algo importante que hacer.

-          Vaya – dije sorprendida – Bueno, pues me tendré que ir sola – dije algo triste.

-          Si quieres te acompaño un rato – bajo la mirada algo nervioso – Yo también tengo que ir por este camino.

-          Me parece bien – dije esbozando una sonrisa.

Caminamos en silencio. Quería hablar con él. Sabía que era tarde para conocer a mis ex compañeros pero quería intentarlo.

-          ¿Te gustaría venir con nosotros cuando Raquel venga?

Levantó la cabeza al instante y vi como se ponía rojo como un tomate.

-          M... Si.. me... gustaría... Me gustaría mucho – y sonrió ampliamente. Me recordó a la sonrisa de Mikel, aquella sonrisa que florecía de sus labios cuando se le daba lo que ansiaba.

-          Pues te avisare. También iremos algún día por donde vive ahora, para comprobar que la tratan bien y esas cosas ¿te animas?

-          Claro – dijo. Alzó la mirada y miró a su alrededor.

Habíamos llegado a un crucé.

-          Bueno, yo me voy por aquí – dijo señalando a su derecha.

-          Yo voy todo recto – dije sonriendo.

-          Nos vemos esta noche Mckain, quiero decir... Samantha – dijo tímido.

-          Hasta la noche Tom – y me quede quieta viendo como su silueta se hacia más pequeña.

Caminé lentamente de camino a casa. Sentí como me relajaba. Como mis sentidos comenzaban a respirar algo de aquella libertad de la que hablaba Raquel. Subí los escalones que llevaban a la puerta de casa de los McGregor. Abrí la puerta con pereza. Alcé la mirada y me quede quieta en el umbral de la puerta con la mano en el picaporte. Delante de mi había un hombre con el pelo echado todo para un lado con unas tijeras y un peine en la mano y a su lado una mujer con ropas llamativas. Desde atrás vi como se aproximaba James.

-          ¡Hola Samantha! Te presento a Riky, es peluquero y a Eve, que es modista.

Me quede callada. No entendía nada. ¿Que tenían que ver esas dos personas conmigo?

18 julio 2012

Capitulo 13 "Amar al destino"


Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.

Ovidio












Las voces al otro lado de la puerta me reclamaban. Matt no me dejaba avanzar hacía ella. Quería decirles “estoy aquí” pero algo, aparte de Matt, me lo impedía. Mirándole fijamente las palabras no salían de mi boca. ¿Estaría utilizando su poder hipnótico conmigo? De repente me entro sueño y mis ojos se fueron cerrando lentamente hasta que no pude más y me deje caer encima de unos brazos que no querían dejarme marchar.



La entrada a la guarida estaba porteada por dos vampiros. Estaban al tanto de cualquier sonido. No podíamos hacer ningún paso en falso o sería nuestra muerte.

-          ¿Qué hacemos? – susurró el chaval de pelo castaño.

La pelirroja señalo a unos arbustos altos. Nos dirigimos allí con la gatita pisando nuestros pies. Los arbustos eran suficientemente altos para que no nos vieran, pero eso no impedía que pudieran escucharnos. Quería entrar y hacerlo ahora. No se que fue lo que me llevo a ir a la casa de aquella chica. Sentí que pasaba algo y tuve más certeza de ello cuando el rastro de su ventana era de un vampiro, de Matt, mi hermano pequeño. ¿Qué le había pasado por la cabeza para llevarse a la chica? ¿Tan importante era como Mikael me dijo?

Según lo que me contó la chica era una pieza importante en la batalla. Ella tenía la clave para vencer. Me quede impresionado cuando Mikael me contó que ella estaba en la parte que nos favorecía. Era una bruja de magia blanca. Y al parecer una de las poderosas. Hija de Amanda, la bruja más poderosa de los últimos tiempos, la cual fue asesinada en manos del bando oscuro. La gente lo desconoce, pero en mi manada no tuvo ninguna duda de quien fue el asesino. Gracias a que teníamos alguno de nosotros trabajando en la policía pudimos descubrir que tenía unas marcas de colmillos en el cuello. Le habían partido el cuello y luego le habían bebido la sangre hasta dejarla seca. Sea quien fuera quien bebiera su sangre era más fuerte. Los vampiros se alimentaban de brujas cuando su deseo era ser más fuerte.

A lo mejor ese es el mismo plan que tenían con Holly. Aunque lo dudo mucho. Siete noches y aun Blair notaba su aura. Si beber su sangre era lo que ellos querían ya lo habrían hecho nada mas llegar a la guarida.

-          Eh tu guapo, ¿cómo vamos a entrar? – la miré y le tapé la boca al momento, ella apartó mi mano – No te preocupes, he creado una barrera insonorizadora. No nos pueden escuchar.
-          Vaya, si al parecer eres lista – le dije medio en broma – Bueno, tendríamos que exterminar a esos dos antes de que dieran la voz de alarma, pero vosotros dos no es que sepáis mucho de vampiros.

Ambos me miraron con una sonrisa de suficiencia. ¿Me equivocaba?

-          ¡Ay! Nunca me explicaron que los licántropos eran tan ignorantes – dijo Blair – Deberías saber, querido lobito, que los dos estamos entrenados para exterminar a cualquier ser que amenazara la vida de Holly – miré al chavalin incapaz de creer que él si que supiera algo.
-          No me mires así – su voz era feroz – Se como clavarle una estaca a un vampiro antes de que este note que estoy a su lado, mi capacidad para leer la mente no se limita a solo eso, puedo bloquear los movimientos de cualquiera, inmovilizarle.
-          Vaya, pensaba que solo era un simple mentalista.
El chaval se me acercó y me encaró.
-          Te equivocas. Lo que yo no entiendo es que haces tú aquí. ¿Por qué quieres ayudarnos?
Aparté la vista al momento. ¿Cómo explicarlo si ni yo mismo lo entendía? Algo me atraía a esa hermosa y delicada bruja. No podía cerrar los ojos sin que esos ojos violetas me estuvieran mirando. No podía pensar en otra cosa que no fuera ella. ¡Y me jodia mucho! ¿Cuándo había perdido yo la cabeza? 
-          Que más da – conteste al final – ¡Un humano como tu jamás entendería esto! Ahora, a la acción.

El silencio se prolongo unos segundos. Luego Max hizo una señal para indicarme de quien se encargarían ellos. Vale, genial. El más grande para mí. Eso estaba empezando a ser divertido. Max se concentró y se quedó mirando al vampiro. Yo me alejé mientras no apartaba la mirada de mi presa. Cuando estuve seguro que el otro estaba totalmente paralizado me transformé al vuelo y tumbaba al vampiro. Le rugí en la cara. El vampiro me mostró sus colmillos amenazantes. Solo tuvo tiempo para abrir fuertemente los ojos cuando arranque su cabeza de cuajo. Giré la cabeza para observar al otro. Una llama de fuego lo convirtió en cenizas en cuestión de segundos.

Blair y Max salieron tras los arbustos. Le hice una señal a la brujita para que terminara mi trabajo. Otra llama de fuego salió de entre sus manos. Las cenizas se las llevaron el viento mientras los tres nos plantábamos enfrente de la entrada.

-          Vamos – dijo la pelirroja – Holly nos espera.
-          Jane dice que se queda aquí, podría ser peligroso para ella si se encuentra con la intrusa.
-          Está bien – contestó Blair – No perdamos más tiempo.

Corrimos por los pasillos laberínticos guiados por la brujita. A nuestro paso íbamos matando a cualquier vampiro que se interpusiera en nuestro camino. No tenían salida. Éramos un equipo infalible pero estos no eran más que vampiros de rango inferior, débiles e inexpertos. La cosa se nos complicaría si un vampiro del nivel de Allen se nos enfrentara.

-          ¡Holly! – grito Blair cuando el camino se terminaba en una gran puerta.

Frené en seco mientras ellos seguían corriendo hacía la puerta. Me volteé y rastree con la mirada cada rincón. Por aquí ya habíamos pasado, nuestros olores estaban por todas partes. Una sombra a lo lejos se fue acercando hacía nuestra dirección. Una mujer de cabellos rubios y ojos verdes se paró a varios metros frente a mi.

-          No la encontrareis – dijo – Un encantamiento os hará dar vueltas y vueltas por toda la guarida, pero nunca encontrareis a Holly.
-          ¡Mama! – dijo Max - ¿Qué haces tú aquí?
¿Su madre?
-          Hola hijo, cuanto tiempo sin vernos. Espero que no me hayas echado mucho de menos, aunque no lo pareció cuando salí de aquella casa.
-          Dinos donde esta – dijo Blair con voz sombría haciendo aparecer una bola de fuego en su mano derecha.
-          Jajaja, ¿una bolita de fuego? ¿Con eso quieres matarme? – se llevó una mano a la boca y soplo en ella, luego hizo ademán de lanzar algo. La bola de fuego se esfumó – Tu poder no es nada, aunque...
-          ¡Basta! ¡Dinos donde esta Holly ahora mismo Rose! – grito Max avanzando unos pasos hacía su madre.
-          Que seas sangre de mi sangre no me impedirá hacerte daño – levantó la mano y una fuerza invisible hizo que Max saltara por los aires y chocara contra el techo, cayendo después al suelo - ¿Nunca te han dicho que debes respetar a tus mayores? – y rió maléficamente.
Me acerque a Max y con mi hocico le ayude a levantarse. Se había roto un par de costillas. Rugí a la mujer preparado para atacar. No es que me llevara muy bien con el chaval pero le tenía respeto. Cuando la miré ya no estaba.

-          ¡Suéltame! – grito Blair – No..., puedo..., moverme... Bruja vieja y arrogante... me las pagaras... 

La mujer estaba al lado de Blair sin tocarla. Una cuerda electromagnética la tenía atada sin dejarla hacer cualquier movimiento.

-          ¡Suéltala! – dijo Max – Agghh...
-          No lo intentes Max, tus poderes psíquicos no pueden hacerme nada, ya no. He tenido mucho tiempo para ponerle remedio – cogió a Blair por el brazo – Nos vemos – y desapareció.

Volví a mi forma humana. No podía ayudar a Max de esta manera. La cogí apoyando su brazo en mi espalda y aguantando parte de su peso.

-          Tenemos que ayudar a Blair... – dijo sin apenas conocimiento.
-          Ahora no podemos... Tenemos que salir de aquí y buscar ayuda – le escuché quejarse – Joder, hazme caso. Tú estás herido y si vinieran cualquier chupasangre ahora mismo no podríamos hacer nada.

Olfatee y busque la salida. El rescate no había salido bien. En vez de recuperar a Holly habíamos perdido a Blair. La situación se estaba volviendo más oscura. No me quedaba más remedio que pedir a ayuda a mi familia, a mi manada.




La cabeza la tenía nublada. Aun tenía sueño. Aparté las sabanas de encima mío y miré a mi alrededor. Sola otra vez. Me levanté y me acerqué a la puerta. Tire de ella pero seguía cerrada. Entonces me acordé de la voz de Blair llamándome. La había escuchado. Estaba segura de que había sido totalmente real.

Mire a mí alrededor. Debía salir de aquí como fuera. Tenía que aprender a usar bien mis poderes.

Encima de una butaca descansaba un vestido de seda. Me acerque y lo cogí con mis manos. Tenía que ponerme algo de ropa limpia. Llevaba una semana con la misma ropa y era incomodo. Me puse el vestido aprisa. Me estaba bien. Sea quien fuere quien lo hubiese elegido había dado con la talla.

Me planté delante de la puerta. No había ventanas, la única salida era esta. Me concentre y cerré los ojos. Tenía que haber alguna manera de abrirla. Deseé que el picaporte se rompiera. Al cabo de unos segundos escuche como algo de metal caía al suelo. Abrí los ojos y vi como los tornillos había ido cayendo uno a uno dejando el picaporte inservible. Me acerque a la puerta y tire de ella. Esta se abrió.

-          Salvada – dije en voz baja.

Me asomé y miré a ambos lados. No había nadie vigilando la puerta. Matt tenía mucha confianza en si mismo para dejarme sola aquí sin ningún tipo de vigilancia. Fui caminando con precaución por los pasillos recogiendo un poco el vestido. No se veía ni un alma. ¿Acaso estaría sola? De repente escuché unas voces al final de un corredor. Ambas me sonaron familiares.

-          ¡Suéltame ahora mismo! – era la voz de Blair.
-          Ni lo sueñes, te necesito para mis planes – y esa la voz de mi susodicha tía.
-          No pienso ayudarte Rose, antes muerta – amenazo Blair.

Me fui acercando. Blair estaba allí y la tenían presa. Tenía que ayudarla y escapar juntas.
-          ¿Nunca has deseado tener más poder? – dijo la voz de Jane – Si me hicieras caso podrías se más poderosa que tu querida amiga.
-          Me gusta ser como soy. Hacerte caso me supondría caer muy bajo como persona.

Entreabrí la puerta con cuidado de no llamar la atención. Aunque  resulto ser inútil. Ambas me miraron con ojos como platos. ¡Mierda! Se me olvidaba lo del aura.

-          ¡Holly! – dijo Blair con alegría.

Ya puestos dejaría todo claro. Me tocaba actuar de una vez por todas.

-          Rose deja a Blair ahora mismo – dije amenazante.
-          No puedes conmigo querida niña, ninguna de las dos podéis – se acerco a Blair y le acarició la cara mientras me miraba – Pero ya que estas aquí podrás ver el despertar de tu querida amiga.
-          ¿¡Despertar!? – dijimos las dos a la vez.

Rose no nos contestó. Puso los dedos índice y corazón en la frente de Blair. Una luz emanó de sus dedos cegándome en un primer momento. Cuando pude ver Blair estaba inconsciente en el suelo. No me lo pensé dos veces y fui a por ella. La cogí entre mis brazos y la zarandee para despertarla. Pero nada. Mire a Rose con rabia y de mi mano emano una luz, la puse frente a Rose pero una mano me paró. Blair había despertado.

-          Blair, ¿estás bien? – dije preocupada.
-          Por supuesto que si – me hizo a un lado y se levantó sin ninguna complicación.
Me levanté tras ella.

-          Vámonos Blair – dije a sus espaldas.
-          No - ¿cómo? – Yo no me voy, ni tu tampoco – dijo girándose y cogiéndome del cuello.
-          Blair, pero que haces... – no podía respirar con facilidad.
-          Terminar el trabajo que hace muchos años tuve que haber terminado – no entendía nada.

La miré a los ojos intentando adivinar alguna respuesta que me ayudara a entender que es lo que estaba ocurriendo.

-          Blair, recuerda que no tienes que matarla – Blair la miró enfadada – Todavía – Blair sonrió sombríamente.
-          Ya lo se, antes me tiene que dar algo que debería ser mío – me miró – Muy bien brujita de magia blanca, dame lo que es mío ¡Ahora!
-          No se... de que me estas... hablando – dije apenas sin aire.

Esa no era mi amiga. Ella no me haría esto. ¿Qué estaba pasando? Tenía que escapar de alguna manera. ¿Pero como iba hacerlo? Pensé en como hacía Blair para teletransportarse pero mucho me temía que no fuera capaz de hacerlo. Mire por todos los lados. A los lejos en una mesa había una vajilla de metal. Si pudiera moverlos hacía ellas...

Cerré los ojos fuertemente y puse todas mis fuerzas para mover aquellos objetos. Noté el sudor de mi frente mientras Blair no dejaba de apretar mi cuello.

-          Déjala, la mataras... – dijo Rose aunque sin importarle demasiado.
-          Está bien... – dijo Blair con resignación.
Cuando recupere el aire pude ser capaz de concentrar más mis energías. Abrí los ojos en el mismo momento que los objetos estaban en el aire.

-          ¡Átala! – dijo Rose.

-          No – dije.

Y mande los objetos hacia ellas. Salí corriendo cuando ellas cayeron al suelo. Me perdí entre los pasillos sin llegar a ver ninguna salida. ¿Dónde estaría? Escuché unas voces detrás.

-          ¿Cómo que se ha escapado? ¿Por qué no había nadie en la puerta vigilando?
-          Lo siento señor... Tuve una emergencia y...

¿Así que si me estaban vigilando? Debo salir de aquí lo antes posible. Seguí corriendo sin ningún sentido. No sabía a donde iba, pero en algún momento me tendría que encontrar con alguna puerta que diera a la salida.

-          ¡Holly! – era la voz de Matt - ¡Espera!

¡No! Él era muchísimo más rápido que yo, me atraparía enseguida. Pare en seco recuperando el aliento. No tenía otra alternativa. O intentaba teletransportarme ahora o me quedaría aquí para siempre. Intente recordar lo que Blair siempre me decía: imagina un lugar a donde quieras ir, un lugar familiar.

Y así lo hice. Me giré viendo como Matt se acercaba a mi mientras en mi mente iba creando con detalle un lugar a donde siempre me había sentido a gusto. Donde había vivido los momentos más importantes de mi vida. La imagen de Matt se fue haciendo borrosa mientras lo escuchaba llamarme. A los pocos segundos había conseguido, contra todo pronostico, llegar al lugar al que yo deseaba ir. El bosque de atrás de casa de mis padres.

Me senté en el suelo intentando asimilar todo lo ocurrido. No entendía ese cambio de comportamiento de Blair. Ella nunca me había tratado o hablado de aquella manera. Ella no era así. Su mirada era oscura y su voz tenebrosa.

-          ¿Holly? – alcé la mirada hacía aquella voz - ¡Holly! – los ojos me escocían por las ganas de llorar al ver a la persona que menos me esperaba.

-          Tía Jane...

Tía Jane en el cuerpo de Rose. Ahora lo sentía, ahora que lo sabía podía sentir el aura pura de mi tía. ¡Que estúpida había sido! ¿Cómo no me había dado cuenta? Jane vino hacía mí y me arropo entre sus cálidos brazos.

-          Bienvenida a casa, cariño. 

Capitulo 33 "La luz de mi oscuridad"


El resto del día, o más bien casi todo, nos lo pasamos estudiando a pesar de la innumerables quejas de ambos. Me di cuenta que ellos no es que fueran tontos, para nada, solo eran vagos. No hicimos un plan de estudios para toda la semana para que no nos quedara ninguna materia suelta. Y como ya era inevitable comenzó la semana más terrorífica del curso.
La semana paso rápida y llegó un nuevo fin de semana que me lo tome para descansar. No se cuanto pude dormir. No pensé en ninguna de las intrigas que rodeaban mi vida. Solo pensé en la paz de una mullida cama y en que, de aquí una semana, mi madre estaría conmigo.

Y el lunes empezó el festival de la escuela. El primer día apenas vi a Jack o a Derek. Por las mañanas nos tocaba a las chicas servir y por las tardes a los chicos mientras los otros repartían boletos de promoción para que asistieran. Me di cuenta que echaba muchísimo de menos a Raquel. Ella era la única chica con la que me relacionaba y por lo tanto me sentí un poco sola. Al llegar a casa el primer día estábamos derrotados y apenas hablamos. No habíamos hablado nada de lo ocurrido entre los dos. Quizás la excusa perfecta era los exámenes y el festival pero me moría por dentro por saber que es lo que el pensaba. Porque yo, sin darme cuenta o sin querer reconocerlo, me había enamorado de él.

El martes fue algo más de lo mismo, pero Derek saco algo de tiempo para pasarse durante mi turno. Traía loca a las chicas que se peleaban por servirle. Y por supuesto él estaba encantado con las atenciones. Pensé en Megan y en que pensaría ella de todo aquello. Yo no conocía al Derek de antes. Quizás esa fuera su verdadera personalidad pero me negué a mi misma esa posibilidad y la respuesta era muy simple: él la seguía queriendo. Lo vi en sus ojos cuando me hablo de ella. Por la tarde estuve repartiendo más boletos a la gente que venía de otros institutos. Era impresionante ver lo popular que era el nuestro. Un montón de chicas y de chicos entraban sin parar y no se iban hasta que el sol se empezaba a poner. Aquel día me fui sola a casa. No encontré a Jack por ninguna parte así que no tuve otro remedio. Al llegar a casa Jack tampoco estaba y me preocupe un poco pero Mikel no me dejo pensar mucho más pues estaba aburrido y me necesitaba para jugar. Caí rendida en la cama aquella noche sin darle más vueltas a nada.

El miércoles todo fue distinto. Las chicas de la clase cuchicheaban sin parar, igual que la gente que entraba y salía a tomar algo. No quise prestar atención pero cuando pase por el lado de una mesa me fue imposible no poner la oreja:

-          Dicen que Samantha Mckain esta haciendo un trío con Derek y Jack.

Me sorprendí.

-          Pues yo he escuchado que sale a escondidas con cada uno para... Dicen que es una...

No pude más. Ante la sorpresa se me cayo la bandeja al suelo. El silencio se hizo en la clase y todo los ojos se posaron en mi. Yo agache la cabeza y comencé a recoger torpemente. Cuando lo recogí me fui al baño. No entendía nada. ¿Cómo habían aparecido todos esos rumores? ¿Quién los había inventado? ¿Los chicos lo sabían? ¿Por qué me tenía que pasar aquello a mi?
Me refresque la cara y me miré al espejo. Me recordé que tenía que ser fuerte. Había sobrevivido a las palizas de mi padre, sobreviviría a la ultima semana de instituto. Salí del cuarto de baño y me quede petrificada. Jack y Derek me estaban esperando. Cuando Jack me vio, vi en sus ojos la preocupación y el alivio.

-          ¿Estas bien? – me dijo mientras me tocaba la cara con su cálida mano.

-          Sí... – dije en un susurro. Mi corazón latía desbocado con el echo de que me tocase.

-          A  lo mejor no se ha enterado – dijo Derek serio.

-          ¿Enterarme de que? – dije confundida.

-          De los rumores – dijo Derek.

-          Calla – le dijo Jack mirándole con ira.

-          Esto...  – los dos me miraron cuando comencé a hablar – Si que he oído algo – dije tímida.

-          ¿Y estas bien? – me volvió a insistir Jack, yo asentí - ¿Tienes alguna idea de quien puede haber sido el que dejo correr esos... – se calló pensando en la palabra mas adecuada – estúpidos rumores?

-          No, no tengo ni idea.

-          Quizás es alguien que te tenga envidia – dijo Derek pensativo.

-          ¿Envidia de que? – pregunte.

-          Samy, ¿no te has dado cuenta? – dijo señalándose a si mismo – Tengo fans, cualquiera le gustaría estar conmigo. Y tu eres la que más tiempo pasa a mi lado – dijo sonriendo, orgulloso.

-          No creo que sea por eso – dijo Jack ignorando a Derek.

-          Puede que tenga razón – Jack se sorprendió y Derek le dio un codazo para hacerle rabiar – Quiero decir... – me puse nerviosa sin motivo aparente – Los dos sois muy populares – Jack estaba serio, impasible, Derek en cambio sonreía con orgullo – Al pasar yo tanto tiempo con vosotros quizás moleste a alguien, a alguien que este por ambos – dije para finalizar.

No hablamos más del tema. Nos llamaron la atención por estar en el pasillo sin hacer nada. Era la hora del cambio de turno y Jack se fue a la cafetería y yo a repartir boletos. Cuando ya estaba apunto de irme Derek me alcanzó y me acompañó a casa.

-          Jack se va a quedar un rato más averiguando que es lo que ocurre. Me a ha pedido que te vigile – me dijo.

-          No me va a pasar nada. Puedo cuidarme sola – le dije ofendida. ¿Por qué pensaban  que me iba a ocurrir algo?

-          Samy, no es por que te fuera a pasar algo a ti sola es por las demás. No sabes de lo que son capaces las chicas adolescentes cuando tienen celos – me dijo muy serio para lo que a él se refería.

-          Gracias – dije un poco avergonzada.

En el fondo no estaba acostumbrada a que se preocuparan tanto de mi. Era un alivio tener a alguien a mi lado para los momentos difíciles. Cuando ya estuve en casa me fui directa a mi cuarto. Estaba cansada y me puse el pijama. Me metí en la cama pensando que mañana sería otro día.

El jueves los rumores no habían desaparecido pero eran más leves y discretos ya que la gente empezó a estar ansiosa por la fiesta de mañana. Se encendería una gran fogata y habría fuego artificiales por doquier. No es que me hiciese mucha ilusión asistir pero le prometí a Raquel darle todos los detalles. Mientras servia no paraba de pensar en Jack. Quería estar con él, a su lado. Quería averiguar si el sentía lo mismo que yo. Quería sentirme libre de las múltiples miradas que me acechaban. Cuando termine mi turno salí de clase y allí estaba él. Tan guapo como siempre. Me sonreía cariñosamente.

-          Sam, ¿qué tal la mañana? – dijo mientras me miraba a los ojos.

-          Tranquila – dije un poco intimidada.

-          ¿Seguro? ¿No te han dicho nada?

Negué con la cabeza.

-          Esta bien – empezamos a andar por el pasillo – Mañana es el último día del festival – dijo algo ausente.

-          Si...

-          ¿Vendrás conmigo? – me dijo sin mirarme. Me pareció ver un leve rubor en sus mejillas.

-          Sí – dije entusiasmada.

El giró la cara y me miro complacido.

-          Nos vemos mañana.

-          ¿Cómo que mañana? ¿No va a venir a casa esta noche?

-          Si, claro – dijo mientras se rascaba la cabeza algo nervioso – pero tengo algo que hacer. Adiós – dijo mientras se daba media vuelta para volver a clase.

Me fui a casa pensativa. ¿Qué es lo que Jack estaría tramando?