18 julio 2012

Capitulo 33 "La luz de mi oscuridad"


El resto del día, o más bien casi todo, nos lo pasamos estudiando a pesar de la innumerables quejas de ambos. Me di cuenta que ellos no es que fueran tontos, para nada, solo eran vagos. No hicimos un plan de estudios para toda la semana para que no nos quedara ninguna materia suelta. Y como ya era inevitable comenzó la semana más terrorífica del curso.
La semana paso rápida y llegó un nuevo fin de semana que me lo tome para descansar. No se cuanto pude dormir. No pensé en ninguna de las intrigas que rodeaban mi vida. Solo pensé en la paz de una mullida cama y en que, de aquí una semana, mi madre estaría conmigo.

Y el lunes empezó el festival de la escuela. El primer día apenas vi a Jack o a Derek. Por las mañanas nos tocaba a las chicas servir y por las tardes a los chicos mientras los otros repartían boletos de promoción para que asistieran. Me di cuenta que echaba muchísimo de menos a Raquel. Ella era la única chica con la que me relacionaba y por lo tanto me sentí un poco sola. Al llegar a casa el primer día estábamos derrotados y apenas hablamos. No habíamos hablado nada de lo ocurrido entre los dos. Quizás la excusa perfecta era los exámenes y el festival pero me moría por dentro por saber que es lo que el pensaba. Porque yo, sin darme cuenta o sin querer reconocerlo, me había enamorado de él.

El martes fue algo más de lo mismo, pero Derek saco algo de tiempo para pasarse durante mi turno. Traía loca a las chicas que se peleaban por servirle. Y por supuesto él estaba encantado con las atenciones. Pensé en Megan y en que pensaría ella de todo aquello. Yo no conocía al Derek de antes. Quizás esa fuera su verdadera personalidad pero me negué a mi misma esa posibilidad y la respuesta era muy simple: él la seguía queriendo. Lo vi en sus ojos cuando me hablo de ella. Por la tarde estuve repartiendo más boletos a la gente que venía de otros institutos. Era impresionante ver lo popular que era el nuestro. Un montón de chicas y de chicos entraban sin parar y no se iban hasta que el sol se empezaba a poner. Aquel día me fui sola a casa. No encontré a Jack por ninguna parte así que no tuve otro remedio. Al llegar a casa Jack tampoco estaba y me preocupe un poco pero Mikel no me dejo pensar mucho más pues estaba aburrido y me necesitaba para jugar. Caí rendida en la cama aquella noche sin darle más vueltas a nada.

El miércoles todo fue distinto. Las chicas de la clase cuchicheaban sin parar, igual que la gente que entraba y salía a tomar algo. No quise prestar atención pero cuando pase por el lado de una mesa me fue imposible no poner la oreja:

-          Dicen que Samantha Mckain esta haciendo un trío con Derek y Jack.

Me sorprendí.

-          Pues yo he escuchado que sale a escondidas con cada uno para... Dicen que es una...

No pude más. Ante la sorpresa se me cayo la bandeja al suelo. El silencio se hizo en la clase y todo los ojos se posaron en mi. Yo agache la cabeza y comencé a recoger torpemente. Cuando lo recogí me fui al baño. No entendía nada. ¿Cómo habían aparecido todos esos rumores? ¿Quién los había inventado? ¿Los chicos lo sabían? ¿Por qué me tenía que pasar aquello a mi?
Me refresque la cara y me miré al espejo. Me recordé que tenía que ser fuerte. Había sobrevivido a las palizas de mi padre, sobreviviría a la ultima semana de instituto. Salí del cuarto de baño y me quede petrificada. Jack y Derek me estaban esperando. Cuando Jack me vio, vi en sus ojos la preocupación y el alivio.

-          ¿Estas bien? – me dijo mientras me tocaba la cara con su cálida mano.

-          Sí... – dije en un susurro. Mi corazón latía desbocado con el echo de que me tocase.

-          A  lo mejor no se ha enterado – dijo Derek serio.

-          ¿Enterarme de que? – dije confundida.

-          De los rumores – dijo Derek.

-          Calla – le dijo Jack mirándole con ira.

-          Esto...  – los dos me miraron cuando comencé a hablar – Si que he oído algo – dije tímida.

-          ¿Y estas bien? – me volvió a insistir Jack, yo asentí - ¿Tienes alguna idea de quien puede haber sido el que dejo correr esos... – se calló pensando en la palabra mas adecuada – estúpidos rumores?

-          No, no tengo ni idea.

-          Quizás es alguien que te tenga envidia – dijo Derek pensativo.

-          ¿Envidia de que? – pregunte.

-          Samy, ¿no te has dado cuenta? – dijo señalándose a si mismo – Tengo fans, cualquiera le gustaría estar conmigo. Y tu eres la que más tiempo pasa a mi lado – dijo sonriendo, orgulloso.

-          No creo que sea por eso – dijo Jack ignorando a Derek.

-          Puede que tenga razón – Jack se sorprendió y Derek le dio un codazo para hacerle rabiar – Quiero decir... – me puse nerviosa sin motivo aparente – Los dos sois muy populares – Jack estaba serio, impasible, Derek en cambio sonreía con orgullo – Al pasar yo tanto tiempo con vosotros quizás moleste a alguien, a alguien que este por ambos – dije para finalizar.

No hablamos más del tema. Nos llamaron la atención por estar en el pasillo sin hacer nada. Era la hora del cambio de turno y Jack se fue a la cafetería y yo a repartir boletos. Cuando ya estaba apunto de irme Derek me alcanzó y me acompañó a casa.

-          Jack se va a quedar un rato más averiguando que es lo que ocurre. Me a ha pedido que te vigile – me dijo.

-          No me va a pasar nada. Puedo cuidarme sola – le dije ofendida. ¿Por qué pensaban  que me iba a ocurrir algo?

-          Samy, no es por que te fuera a pasar algo a ti sola es por las demás. No sabes de lo que son capaces las chicas adolescentes cuando tienen celos – me dijo muy serio para lo que a él se refería.

-          Gracias – dije un poco avergonzada.

En el fondo no estaba acostumbrada a que se preocuparan tanto de mi. Era un alivio tener a alguien a mi lado para los momentos difíciles. Cuando ya estuve en casa me fui directa a mi cuarto. Estaba cansada y me puse el pijama. Me metí en la cama pensando que mañana sería otro día.

El jueves los rumores no habían desaparecido pero eran más leves y discretos ya que la gente empezó a estar ansiosa por la fiesta de mañana. Se encendería una gran fogata y habría fuego artificiales por doquier. No es que me hiciese mucha ilusión asistir pero le prometí a Raquel darle todos los detalles. Mientras servia no paraba de pensar en Jack. Quería estar con él, a su lado. Quería averiguar si el sentía lo mismo que yo. Quería sentirme libre de las múltiples miradas que me acechaban. Cuando termine mi turno salí de clase y allí estaba él. Tan guapo como siempre. Me sonreía cariñosamente.

-          Sam, ¿qué tal la mañana? – dijo mientras me miraba a los ojos.

-          Tranquila – dije un poco intimidada.

-          ¿Seguro? ¿No te han dicho nada?

Negué con la cabeza.

-          Esta bien – empezamos a andar por el pasillo – Mañana es el último día del festival – dijo algo ausente.

-          Si...

-          ¿Vendrás conmigo? – me dijo sin mirarme. Me pareció ver un leve rubor en sus mejillas.

-          Sí – dije entusiasmada.

El giró la cara y me miro complacido.

-          Nos vemos mañana.

-          ¿Cómo que mañana? ¿No va a venir a casa esta noche?

-          Si, claro – dijo mientras se rascaba la cabeza algo nervioso – pero tengo algo que hacer. Adiós – dijo mientras se daba media vuelta para volver a clase.

Me fui a casa pensativa. ¿Qué es lo que Jack estaría tramando? 

14 julio 2012

Capitulo 32 "La luz de mi oscuridad"



-          Pues no, no lo estuve. Es cierto que la quise mucho pero como a una hermana – Derek le miraba sin creérselo – La quería mas que a ti, de eso si que estoy seguro – le dijo a Derek.

En mi interior sentí relajarme, había estado muy pendiente de que era lo que contestaría.

-          Esta bien, te toca Jacky – dijo Derek con una sonrisa traviesa.

-          Bueno..., Sam verdad o prenda – me dijo Jack.

-          Mmmm... Verdad – ¿que iba a perder?.

-          ¿Qué es lo que más deseas ahora mismo?


-          Pues que pasen pronto estas dos semanas para poder ver a mi madre – le dije sonriente.

Me sonrió tierno, como si ya lo supiera. Una bombilla se encendió en mi cabeza. ¿Y si utilizo este juego para responder a mis preguntas?

-          Te toca Samy – me dijo Derek.

-          Jack, verdad o prenda – dije con una sonrisa traviesa en mis labios.


-          Verdad – dijo encogiéndose de hombros.

-          ¿Es posible... – me estaba poniendo nerviosa – que Mikel sea mi hermano?


Jack abrió bien fuerte los ojos sorprendido para luego echarse a reír.

-          ¿Dónde esta la gracia? – pregunto Derek confuso.

-          En la farmacia – le contesto Jack sin parar de reír.


Me sentí mal por dentro, la respuesta era muy importante para mi y el no tenia ningún pudor en reírse. Un cojín salió volando dirección la cara de Jack.

-          Contéstame – dije totalmente seria con otro cojín en la mano preparada para dar guerra.

-          Eso, o sino... ya sabes Jacky te toca prenda – le dijo Derek divertido al ver mi reacción.


-          Esta bien – levanto las manos en son de paz – No, no es tu hermano ¿qué te ha hecho pensar eso? – me dijo intrigado.

Agarre fuerte el cojín.

-          Una de las noches que acosté a Mikel dijo entre sueños el nombre de mi madre y la llamaba mami... – dije tímida con la cabeza gacha.

-          Este Mikel... – dijo negando con la cabeza – Siempre la ha llamado así, mami Cath o simplemente mami.


-          ¿Por qué? – me estaba poniendo muy nerviosa, sentía que la respuesta a esta ultima pregunta era de vital importancia, pero el mundo estaba contra mía, como siempre. La puerta se abrió y se vio a un Mikel con ojos de sueño.

-          Sam... ¿estáis jugando? – me quede petrificada, le quería mucho pero era de lo mas impertinente, me arme de fuerza y le sonreí - ¡Ala! ¿Es una guerra de almohadas? ¡Yo también quiero!


Fue corriendo a mi cama y comenzó a saltar mientras le daba cojinzazos a Derek. La situación se descontrolo y todos acabamos metidos en aquella guerra. Algún cojín, no se cual, se rompió y empezaron a salir un montón de plumas por todas partes. Las risas llenaron aquellas cuatro paredes. Me olvide de todo, me olvide de lo importante y me uní a la fiesta. Aquella noche acabamos rendidos y sin darnos cuenta dormimos todos juntos en mi cuarto.

Cuando abrí los ojos vi el estado de mi cuarto. Había plumas por todas partes. Mikel dormía a mi lado acurrucado entre mis brazos. Derek dormía a los pies de la cama con la boca abierta y Jack estaba mirando por la ventana. Deje bien recostado a Mikel en mi cama y me acerque a Jack.

-          Buenos días – dije desperezándome.

Jack giro la cabeza y me miro. Se le veía triste y en su mirada se apreciaba un alo de nostalgia.

-          ¿Estas bien? – pregunte preocupada.

-          Creí haber superado el dolor – me dijo volviendo la mirada a la ventana – Creí haber olvidado como murió mi madre.

-          ¿Tu... tu madre esta muerta? – dije acongojada por la impresión de sus palabras.

-          Si – se volvió a mirar a los otros dos para ver si seguían durmiendo, ahora roncaban – Me gustaría explicarte como fue, quizás... quizás así me sentiría mejor – dijo con una sonrisa triste.

-          Si eso es lo que necesitas te escuchare, te lo debo después de todo lo que me habéis dado – le dije sosteniendo su mano entre las mías para darle mi apoyo.

-          Tu madre y la mía han sido amigas desde niñas. Cuando tu madre empezó a salir con un tío cerca de los dieciocho se separaron y perdieron el contacto – supongo que ese tío sería mi verdadero padre – El caso es que con los años se volvieron a encontrar, tu madre intentaba ganarse la vida para poder comprarse un casa y traerte con ella. Yo tenía trece años y Mikel era un recién nacido. Un día mi madre fue a buscar a la tuya al trabajo en coche. Estaba en el cruce delante del trabajo de tu madre cuando un coche perdió el control y choco con el de mi madre – cerro con fuerza la mano que tenia libre – Tu madre corrió hasta donde estaba la mía. Mi madre estaba casi muerta cuando la encontró, en los brazos tenía a Mikel protegiéndolo con su cuerpo. Le hizo prometer a la tuya que lo cuidaría como si fuera su hijo – ahora entendía porque dijo Mikel que su mama, no su mami, su mama era un ángel. Sentí que una lagrima caía por mi mejilla – Y así lo hizo, Catherine a cuidado de Mikel como si fuera suyo. Por eso Mikel la llama mami, porque en funciones lo a sido aunque el sabe muy bien que nuestra madre esta en cielo...

-          Oh... Jack... Lo siento mucho...- le abracé, le abracé con todo mi cariño.

Él me correspondió el abrazo y hundió su cabeza en mi cuello haciendo todo lo posible por no llorar.

-          Tu madre fue un regalo para mi familia. Nos dio su amor a cambio de amor. Trabajo y cuido de Mikel y de mi como la mejor. Apoyo a mi padre en su dolor por la perdida de su mujer compartiéndolo el dolor por esa misma perdida – acaricio mi pelo con su mano – No nos dijo que su hija la estaba esperando, solo se lo había contado a mi madre. Se lo guardo para ella hasta que vio que nosotros estábamos enteros. Una noche mi padre la encontró dormida en el balancín de la habitación de Mikel, mientras el dormía en su cuna, con una foto en su regazo. En esa foto salíais las dos. Tu madre se despertó y con lagrimas en los ojos le contó su historia y su promesa. Ese día todos le quisimos devolver el favor, pero...

Se escucho un sonoro bostezo.

-          Así que mientras yo duermo vosotros os hacéis mimitos eh – dijo Derek risueño.

Al momento Jack y yo nos separamos rojos como tomates, dejándome con la intriga de cómo continuaba su historia. 

12 julio 2012

Bestias, magia y valor

El sol se asomaba entre las colinas y la luz de un nuevo día daba paso a que aquellos horribles engendros de la naturaleza se escondieran, o al menos en su gran mayoría. Yo, desde una de las ultima ramas de un árbol observaba la fortaleza del aquelarre al que me habían pedido que acudiera. Sentada con una rodilla flexionaba y la espalda apoyada en el grueso tronco veo como un hombre acarrea a un niño a sus espalda mientras una joven le sigue muy de cerca con las manos alrededor de la del pequeño. La muchacha se veía afligida, y no solo lo demostraba su desaliñado aspecto sino por el aura que desprendía. Acababa de sufrir una gran perdida aunque no era la primera que su espíritu había debido de sentir. El hombre era otra cosa distinta, se le sentía frío pero con un gran calor interior. Como si nunca hubiera sentido la necesidad de dejarlo salir pero podía percibir como una brecha de ese hielo empezaba ha derretirse muy lentamente... 


Mi vista sigue los pasos de esos dos y la vuelvo a mantener fija a la mansión. Tenía entendido que allí se encontraba casi un pueblo entero de supervivientes que había decidido establecerse ahí como si de una fortaleza se tratase. En muchos otros lugares habían seguido sus pasos pero yo nunca había sentido la necesidad de formar parte de ninguno. Y aun ahora seguía siendo así. Pero era cierto que las circunstancias apremiaban un acercamiento y si todos queríamos un lugar mejor había que cooperar. 


Madre siempre me lo dijo que cuando el momento llegase lo sabría, lo sentiría y creo que es momento ha llegado. Me pongo de pie y pego un pequeño salto para ir agarrándome de cada rama hasta caer fácilmente a tierra firme. Saber vivir en la naturaleza siempre ha sido mi pasión. Lugares abiertos. Me sabía mover mejor entre la espesor del bosque que dentro de cuatro simples paredes. Al fin y al cabo la naturaleza era mi elemento. 


Aun entre matorrales y arbustos sigo sin atreverme a dar el primer paso hacia la fortaleza escucho un movimiento a mis espaldas. Mi mano lenta y sigilosa se introduce en uno de los miles bolsillos de mi pantalón y poco a poco me doy la vuelta. No era más que otra de esas criaturas antinaturales, pequeña, como recién salida del cascaron pero no por eso menos peligrosa. Resultaba irónica que la criatura me mirara con inocencia, falsa inocencia. 


- No engañas a nadie - le susurre. 


Y el pequeño monstruo rugió, yo saque mi mano cerrada en un puño del bolsillo. La otra la deslice hacia la parte de atrás de mi cinturón y sin prisas saque una daga, larga y puntiaguda. Pase el filo de hoja por dentro de mi puño y esta se cubrió de un polvo rojo. Nada más alzar la vista vi como la cosa se acerco hacía mi, con las garras en alto, yo solo tuve que dar un pequeño impulso con fuerza hacía delante para clavarle mi daga en el pecho. Fue suficiente, la criatura, la pequeña criatura se quedo paralizada, su aliento se había detenido en cuanto introduje la daga en toda su plenitud, su cuerpo se había quedado rígido. Cuando la saqué la criatura se convirtió en polvo. 


- Polvo eres y el polvo te convertirás - dije mientras guardaba mi daga otra vez en su lugar. 


Unos únicos aplausos me sorprendieron a mi derecha. 


- Veo que has aprendido de tu madre, pequeña Runa - dijo un hombre de una treintena de edad. 


- Yo veo que tu no has cambiado Ben, ¿qué tipo de alcohol fue anoche? 


- Déjame que piense... mmm... No lo sé, lo estampé contra la chimenea - me pasó el brazo protector por encima los hombros - Vamos pequeña bruja, vamos a ver que nos cuenta Ariadna y su aquelarre. 


Hoy, no se lo que pasaría hoy, pero lo que estaba claro es que nada iba a ser ya como lo conocíamos. Las bestias habían abierto la veda y para nosotros ya era demasiado tiempo viviendo escondidos a su merced, había que hacer algo. 

Capitulo 31 "La luz de mi oscuridad"


Recogimos todos los datos que pudimos sobre Megan. La verdad no había mucho. Lo último que sabían es que se había marchado sin decir nada. Jack se metió con Derek echándole las culpas incapaz de creerse lo que su primo le confirmaba.
-          Deberíamos contarle todo esto a James, él sabrá mejor lo que hay que hacer – dije repasando las notas.
-          ¿Pero tu crees que la encontrará?
-          La encontró a ella- dijo Jack señalándome a mi.
-          ¿A mi?
-          Si, si vinimos aquí fue para buscarte – dijo.
-          Pero..., no entiendo...
-          ¿El que no entiendes? – me dijo Jack.
-          Vosotros estabais con mi madre, ¿no?
-          Si – dijo tranquilo.
Derek nos observaba con la oreja puesta.
-          Entonces ella sabía que yo estaba aquí, siempre he vivido aquí.
-          Sí, pero no podíamos estar del todo seguros – me contestó.
No continuamos hablando más de ello. Yo no quería preguntar nada más. Más tarde le dimos todos los datos a James y luego volvimos al salón.
-          Ahora toca estudiar – dije mientras me ponía de pie para buscar los libros.
-          No, por favor – dijo suplicando Derek – No me hagas esto.
-          Será peor si os dejo suspender – dije sin compasión.
-          Sam, por favor – dijeron al unísono con cara de pena.
Mire a uno y a otro. Nadie podría negar que son primos cuando se les conoce. A pesar de ser totalmente diferentes físicamente en personalidad eran iguales. Será por eso que chocan tanto.
-          No, lo siento chicos, hay que estudiar.
Me acerque a la puerta del salón y un torbellino de alegría saltó a mis brazos.
-          Sam, Sam, vamos a jugar – dijo Mikel feliz.
-          Mikel... – dije buscando palabras.
-          Si, eso, vamos a jugar – dijo Derek saltando del sofá.
Los miré a los tres. Eran mi perdición, al unirse Mikel a la batalla me fue imposible negarme. Jugamos a las cartas, a los dados, a la oca..., pero acabamos aburridos. Mikel se quedó dormido en el sofá.
-          Voy a subirlo a su cuarto – dije mientras lo cogía en brazos
-          Pesa mucho, ya lo cojo yo – me dijo Jack. Cuando su mano rozó la mía un escalofrió recorrió todo mi cuerpo recordándome aquel beso.
Nuestras miradas se encontraron. El tiempo pareció detenerse de nuevo como tantas otras veces cuando nuestros ojos chocaban. Pero un bostezo de Derek nos sacó de nuestra ensoñación.
-          Ya..., lo llevo..., yo – dije tartamudeando.
Salí del comedor con Mikel en brazos dejando a un Derek medio dormido y a un Jack rojo como un tomate.



Arropé a Mikel en su camita. No había cenado, pero no habíamos parado de picar en todo el día así que no creo que importara mucho. Me senté en la cama a su lado y observé su habitación. Era de color azul claro, con alguna que otra cenefa de globos de un azul mas oscuro. Tenia un montón de estanterías llenas de juguetes. Y entonces me fije que en una de ellas había un marco de fotos. Me acerque para verla. En ella salía una mujer de cabellos oscuros al igual que sus ojos, con un hombre muy parecido a James de mirada azulada recogiéndola entre sus brazos. Se les veía felices, se les veía enamorados. Deje el marco en su sitio y volví mi mirada a Mikel. Dormía placidamente con una sonrisilla en los labios. Seguro que estaba soñando con ángeles.


Estaba bajando las escaleras cuando escuché sonar el teléfono. No escuche a nadie moverse así que lo cogí yo.
-          ¿Si? – conteste.
-          ¡Sam! Soy mama – dijo una voz alegre.
-          ¡Mama! ¿Cómo estas? – dije entusiasmada.
-          Perfectamente. Te tengo buenas noticias – me dijo.
-          ¿A si?
-          De aquí dos semanas me dan el alta e iré volando a verte – me dijo más feliz todavía.
-          ¿De verdad? – dije con lagrimas en los ojos.
-          De verdad- me dijo mas calmada.
-          Te echo de menos mama.
-          Y yo a ti hija, y yo a ti. Pero no llores que me lo contagias – dijo hipando.
Me seque las lagrimas con la mano.
-          Es que me has hecho muy feliz – le dije sinceramente.
-          Te lo mereces mi niña – me dijo cariñosa.
-          Mama, ¿puedo preguntarte algo?
-          Claro Sam, puedes preguntarme lo que quieras.
-          ¿Me quieres?
Hubo un corto silencio para luego escuchar un suspiro.
-          Te quiero más que a nada Sam, eres mi hija y siempre te he querido.
-          Yo también a ti mama – le dije entre lagrimas.
Hablamos un poco más y luego colgué. Me sentía feliz al escuchar aquellas palabras. Que mi supuesto padre no me hubiera querido ni que fuera un poco me hizo mucho daño, pues durante toda mi vida pensé que era mi padre verdadero.
Entre en el salón con alguna lagrima en la mirada.
-          ¡Mira Jacky, las cataratas del Niagra! – dijo Derek señalándome.
-          Sam – dijo este dando un salto en el sofá - ¿Qué te pasa? ¿Estas bien? – dijo acercándose a mi.
-          Si – dije esbozando una tímida sonrisa – Acabo de hablar con mi madre y me ha dicho que de aquí dos semanas nos veremos.
Los dos me sonrieron para acompañar mi alegría. Ya era de noche y ahora era yo la que no quería estudiar. Estaba tan feliz que no quería estropearlo con los libros.
Estuvimos un rato viendo la tele hasta que fue la hora de cenar y cenamos todos juntos.
-          Derek, ¿te quedas a dormir? – dijo James ausente. Supongo que no quería hacer notar que se moría de ganas que su hijo durmiera bajo su mismo techo.
-          Si, Jacky no ha parado de pedírmelo en toda la tarde – dijo feliz.
-          ¿Qué yo que? – dijo Jack atragantándose.
-          No te hagas el difícil Jacky – dijo levantando las cejas.
-          ¡Que no me llames Jacky! – dijo amenazante.
-          ¿Por qué no? Antes siempre te llamaba así – dijo.
-          Antes, es antes. Ahora es ahora – dijo ausente.
-          Pues ahora..., ¿cómo te podría llamar? – dijo Derek insistente – Te llamaré Jacky.
-          Ese me gusta más- dijo James uniéndose a su hijo.
-          Tío no te unas a él que se crece – dijo Jack a la defensiva.
-          Pero si te queda muy bien, Jacky – dijo James divertido.
Yo no podía parar de reír. No paraban de meter se uno con el otro hasta que de repente vi volar puré de patata a la cara de Jack.
-          Serás... – dijo cogiendo con la cuchara un poco de guisantes de su plato y poniendo posición de catapulta.
Los guisante aterrizaron en la cara de James como flechas en una guerra medieval.
-          Te voy a demandar – dijo James e hizo lo suyo con su puré de patatas.
Al cabo de segundos la comida volaba por la estancia. Me uní a la batalla pues había sido victima de unos guisantazos. Cuando nuestros platos quedaron vacíos nos miramos unos a otros y nos echamos a reír. Estábamos llenos de cena por todo el cuerpo al igual que el comedor. No tuvimos otro remedio que hacer una limpieza. Cuando acabamos me fui a duchar. Estaba muy cansada, pero no quería ir a dormir. Estaba en mi cuarto mirando a la ventana cuando tocaron a mi puerta.
-          Adelante – dije.
Entraron Jack y Derek. Empujándose para ver quien entraba primero. Derek se sentó en mi cama, como si lo hiciera cada día. Jack, en cambio, se quedo cerca de la puerta.
-          Samy, ¿por qué no nos divertimos un poco? – dijo Derek entusiasmado.
-          ¿Y ahora a que quiere jugar el nene? – dijo Jack burlón.
-          A verdad o prenda – dijo triunfante.
-          ¡Pero si eso es un juego de crios! – dijo Jack.
-          Pero es muy divertido – dijo Derek insistente.
-          Pues yo no he jugado nunca, tengo curiosidad – dije tímida.
Jack me miro largamente y dejo escapar un suspiro.
-          Esta bien..., ¿quién empieza? – dijo poniéndose cómodo en el suelo.
-          Pues yo, esta claro – dijo Derek – Jack, verdad o prenda.
Jack le miro largamente, no muy seguro de que contestar.
-          Verdad.
-          ¿Es verdad que estuviste enamorado de Megan? – le dijo desafiante. Su mirada parecía peligrosa.
-          ¿Qué pregunta es esa? – dijo Jack nervioso.
-          Contesta – dijo Derek,
-          ¿Para esto querías jugar? – dijo.
-          Tienes que contestar – le dijo imponiéndose.
-          Pues...

04 julio 2012

Capitulo 30 "La luz de mi oscuridad"


Me levanté cuando el sol todavía se hacia reacio a iluminarnos el día. Me puse el uniforme. Fui a la cocina y cogí una par de panecillos de leche. Me preparé el almuerzo para mi y para los chicos. Le deje una nota a James para que no se preocupara. Cogí mi mochila y salí a la calle. Las primeras luces del día ya comenzaban a iluminar las calles. Se veía muy poca gente. Una señora paseaba a su perro y una ama de casa muy madrugadora tendía la ropa en su balcón. Llegué al parque. Raquel ya había llegado.
-          Hola – dije – Si me retrasado un poco es porque les estaba preparando el almuerzo a los chicos.
-          No pasa nada – me dijo con una sonrisa – Samy no quiero que te enfades conmigo.
-          No estoy enfadada – le dije – Solo es que cuando me enteré tenía la cabeza echa un lío. Me hubiera gustado que me lo hubieras dicho tu primero, pero no soy nadie para recriminarte...
-          No digas eso... – me puso una mano en el hombro – Ahora no empecemos a echarnos la culpa mutuamente ¿Vale? O sino se no ira toda la mañana – me dijo con una resplandeciente sonrisa.
-          Es cierto – dije esbozando una sonrisa.
-          No quiero perder el contacto contigo Samy – me cogió una mano – Tienes que prometerme que me llamaras siempre que tengas algo nuevo que contarme. Además – dijo levantando un dedo en tono de advertencia – siempre que veas a un tío bueno tienes que pasarme el parte, o no te lo perdonare en la vida.
Me comencé a reír. Esta era mi Raquel.
-          Me parece bien – y la abracé.
Le empecé a contar todas las novedades de mi vida. Salvo aquel beso con Jack, quería guárdemelo para mi, porque aun cuando cerraba los ojos me parece que ha sido un sueño.

Durante el día la gente rodeo a Raquel para despedirse. Apenas pude estar cerca de ella. Cuando le dieron la tarjeta con las dedicaciones se emociono. La iba a echar mucho de menos. Era la única amiga que he tenido. Es cierto que ahora tenia a los chicos, pero nadie podría llenar aquel hueco. El de mi mejor amiga. Fuimos a hacer el ultimo almuerzo todos juntos.
-          Jacky, eso tiene buena pinta ¿me das? – le dijo Derek a su primo con la alegría reflejada en su cara.
-          A ti ni agua – le contesto.
-          No seas malo – puso morros – Creía que me habías comprendido...
-          Hasta que no encontremos a Megan y me lo confirme no te comprenderé, igual no lo hice nunca.
-          Que malo que eres – se hizo el ofendido.
Se escucho a Raquel reír. Yo la mire sonriente.
-          ¡Os voy a echar de menos! – y se echo a llorar.
Yo la abracé, la abracé como nunca.
Lo peor fue por la tarde en la despedida en el aeropuerto. Fue toda la clase a despedirla. Entre lagrimas nos prometimos volver a vernos pronto.

Con el fin del viernes comenzó el fin de semana y con el dos días que nunca olvidaría. Derek vino temprano.
-          ¡Ya estoy aquí! – dijo feliz cuando el abrí la puerta.
-          Si que eres madrugador – le dije sonriente mientras le dejaba pasar – Están en el comedor desayunando.
-          ¿También esta el viejo? – me sacaba de quicio cuando le llamaba así.
-          Si, James – remarque – también esta allí.
Fuimos al comedor. Mikel jugaba con sus cereales. Jack miró a Derek con cara de pocos amigos y James... A James se le iluminó la cara.
-          ¡Derek! – se levanto de su silla - ¡Que alegría verte!
Se acercó a nosotros.
-          Para el carro viejo, ni se te ocurra abrazarme – dijo poniendo sus brazos por delante en son de defensa.
Se escuchó a James reír.
-          Esta bien, supongo que ya eres muy mayor para eso – dijo con una sonrisa agradable.
-          Tío, échalo de aquí si eres listo – dijo Jack desde la mesa.
-          Jacky no seas así, he venido porque Samy me invito para estudiar – dijo acercándose a la mesa.
Luego se sentó y cogió un panecillo. Miró a Mikel que devoraba una tostada.
-          ¿Y tu quien eres renacuajo?
Mikel le miró sorprendido. Estaba tan absorto en su desayuno que apenas se había dado cuenta que había llegado alguien a casa.
-          Soy yo – dije simplemente.
-          ¿Y como te llamas tu? – dijo Derek paciente.
-          Mikel McGregor – dijo orgulloso.
Derek miró a James.
-          No, no es mi hijo. Es mi sobrino, es decir, tu primo.
-          Vaya, Miki. Somos primos – dijo feliz Derek.
-          ¿Si? – dijo Mikel entusiasmado - ¡Que bien! Juega conmigo primo – y le cogió de la mano tirando de el.
-          Mikel ellos van a estudiar – le explico James.
Mikel empezó a hacer pucheros.
-          Pero yo quiero jugar...
-          ¿Qué te parece si luego jugamos todos juntos un rato? – le dijo Derek comprensivo.
-          ¿Me lo prometes? – le dijo serio.
Se miraron largamente, como si comprobaran si el otro era de fiar. Derek puso la mano con la palma hacia arriba y le dijo:
-          Promesa de hombre a hombre.
Mikel le chocó la mano.
-          De hombre a hombre – dijo feliz.
Después salió corriendo a su habitación seguido de James que fue hacia su despacho.
Derek se estiró en la silla y dijo:
-          ¿De verdad vamos a estudiar? – dijo con una media sonrisa.
-          Si – dije mientras recogía los platos de la mesa – Es la última semana así que hay que ponerse a ello.
-          Que pereza  - contesto con cara de aburrimiento.
-          Por una vez en la vida estoy de acuerdo con el plasta – dijo Jack señalando a Derek.
-          Chicos, de verdad, hay que estudiar – dije sin dejarme ganar.
-          Va Samy, no seas así, es fin de semana. Hay que pasarlo bien – dijo guiñándome un ojo.
-          Es cierto – le acompaño Jack - ¿Cuánto hace que no te diviertes?
-          Desde aquel fin de semana en el campo – dije segura.
-          ¿Fuisteis al campo? – dijo Derek sorprendido.
-          Si – dije feliz.
-          ¿Por qué no vamos? – dijo.
-          No, Derek, de verdad. Vamos a estudiar – quité las migas de pan de encima la mesa – O, como mucho investigaremos sobre Megan.
-          Puestos a elegir prefiero la segunda opción – dijo Jack.
-          Te apoyo – dijo Derek.
Llevé los platos a la cocina para después fregarlos. Y me fui con ellos a la sala.
-          Muy bien – dije mientras me acomodaba en el sofá, cogí una libreta y un bolígrafo – Decidme todo lo que sepáis de Megan.