En la azotea de la escuela se
respiraba paz. El sol calentaba mi cuerpo frió por el sudor. Desde allí se veía
todo el instituto. Los chicos jugaban a fútbol en el campo. Las chicas se
sentaban a la sombra de un árbol. Mas allá estaba el patio de los más pequeños
que se entretenían haciendo pasteles de barro y ensuciándose unos a otros. Jack
estaba apoyado contra la verja sumido en sus pensamientos. Me decidí a romper
el silencio.
-
Gracias.
-
No tienes que dármelas – dijo sin mirarme – Solo
hice lo que tenía que hacer – y apretó el puño dejando ver el blanco de sus
nudillos.
Solté un suspiro y
me senté en el suelo. Mire hacia el cielo. Estaba totalmente despejado. Dos
pájaros volaban juntos. Ajenos a todo. Como si solo existieran ellos dos,
volando libres junto al viento.
-
A veces pienso que sabes más de mi de lo que veo
en tu mirada – le confesé.
-
Puede que así sea – vi como su mano se relajaba
y luego se estiró cruzando sus brazos detrás de su cabeza.
-
¿Y me lo vas a contar? – pregunté curiosa.
-
Todavía no – y me guiñó un ojo.
Me levanté dispuesta a marcharme. Pero Jack me cogió del brazo. Le arrebaté mi brazo al
instante de una manera protectora. Cuando me di cuenta de que me estaba
delatando le miré atemorizada.
-
Yo..., lo siento, no quise ser tan brusca – le
dije avergonzada.
-
Sam, ¿de que hablas? No has hecho nada malo –
levante la cabeza y le mire confusa - ¿Por qué allí a donde te tocan te duele?
Di un paso hacia
atrás, preparándome para una huida rápida. Pero me tropecé con el viento y caí.
Me empezó a doler todo el cuerpo recordándome la paliza que me dio mi padre y
así, es como acabé llorando en los brazos de Jack. Desahogando toda mi pena, mi
miedo, mi amargura. Él se limitaba a acariciarme el pelo con sumo cuidado
procurando no provocarme ningún miedo.
-
Tranquila, no pasa nada, no voy a dejar que
nadie te vuelva hacer daño.
Sus palabras
sonaron como una promesa.
-
Querría contarte todo, pero no quiero que
sientas pena por mi. No quiero sientas pena por mi, porque.., porque...,-
intentaba hablar entre los hipos de mis sollozos – Porque apenas nos conocemos.
Se que la gente se alejaría de mi si supiera la verdad.
-
No digas tonterías, Sam – digo suspirando-
empieza por mi, cuéntamelo todo y te demostraré lo equivocada que estas.
Pero la campana
sonó, el tiempo se había agotado y teníamos que volver a clase.
A la salida del
instituto Raquel me acorraló. Me miró severamente, cogió aire y me dijo:
-
¿Qué tienes tu con Jack?
-
¿Yo? – la mire sorprendida – no tengo nada con
él, simplemente, creo que nos estamos haciendo amigos, nada más.
-
No te creo Samantha – trague saliva, sabia
perfectamente cuando una persona estaba enfadada, y Raquel lo estaba – Cuando
desaparecisteis os seguí y os vi abrazados en la terraza.
-
...
-
¿No tienes nada que decirme? – mi dijo
acusadora.
-
¿Qué pasa aquí chicas? – dijo un Jack muy
inoportuno.
-
¿Te gusta Samantha? – le pregunto directamente.
-
¿Cómo? – me miró buscando respuestas, yo
simplemente me encogí de hombros – Pero qué estas diciendo Raqui, Sam y yo
somos amigos.
-
Y que me dices de esto – saco un fotografía de
nosotros dos abrazándonos.
Los dos nos
miramos. Yo no quería saber como había conseguido esa foto. Pero lo que no
entendía era que porque Raquel se estaba comportando de esa manera.
-
Raquel, por favor, no entiendo nada ¿qué he
hecho? – le dije desesperada por su mirada ofendida.
Y entonces, como si
fuera una pesadilla, Raquel me dio una bofetada. Me quedé paralizada. Supe que
Raquel me odiaba, no sabía porque, ni como llegamos a este punto, pero lo supe.
Las lagrimas comenzaron a brotar por mis ojos y salí corriendo, tropezándome
con quien había a mi paso. Solo oyendo mi respiración agitada y el eco de un corazón
que se rompía en mil pedazos.
esta historia es cada vez más triste :(
ResponderEliminarEs una historia triste...
Eliminar