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Samy, ¿de
verdad que te caíste por las escaleras de tu casa y te partiste el labio? – me
dijo Raquel, mi amiga del alma.
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Sí, segura –
le dije.
Nadie
sabe de las palizas que me da mi padre una semana si y otra también, No quiero
que nadie sienta pena por mi. Llevaba doce años ocultando la brutales palizas
que ese hombre, llamado mi padre, me propinaba desde la marcha de mi madre a
mis cinco años. No se lo había contado ni a Raquel, a pesar de ser mi amiga
desde siempre. Mi excusa era que era demasiado patosa, cosa bastante cierta.
Encuentra un camino totalmente llano donde en medio del camino haya una piedra,
y allí me veras tropezar a mi.
Ahora
estaba en clase, sentada en mi mesa. Esperando al que profesor llegara. Se
encontraba en una reunión.
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¿Vendrás
conmigo a una tienda nueva que han abierto? – me pregunto mi amiga sacándome de
mis pensamientos.
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No puedo,
tengo que prepararle la cena a mi padre y hacer la casa.
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No se como lo
aguantas, de verdad – me dijo – Haces de ama de casa para tu padre y además
traes siempre la tarea hecha y sacas excelentes notas. Das asco. – me dijo con
una sonrisa.
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Solo hago lo
que se espera de mi, nada más.
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Blablabla,
hago lo que se espera de mi - me dijo imitándome con burla y soltó una
carcajada – Lo que eres es la esclava de tu padre, nada más.
A
veces pensaba que Raquel sabía más de lo que yo le contaba pero nunca me
preguntaba. Quizás tenía la esperanza de que algún día yo tuviese valor
suficiente y le confesase la verdad. Aun así, siempre estaba dispuesta a
animarme mientras estamos juntas.
-
Por favor,
ocupen sus sitios, tengo que comunicarles algo – dijo nuestro profesor mientras
entraba en la clase. Espero un minuto a que cada uno estuviera en su sitio y
continuo – Hoy tenemos que darle la bienvenida a un nuevo alumno que se
incorpora a nuestro instituto. Vendrá a esta clase. Entra por favor.
La
puerta se abrió y entro un chico alto. Era moreno, los ojos eran de un color
azul cristalino, parecía poder sumergirte en ellos. Su piel era un tanto
pálida, sus brazos eran fuertes y tenía la espalda ancha. El chico me miró,
desafiándome con la mirada. Me ganó y yo agache la cabeza.
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Chicos, este
es Jack McGregor. Su familia se a trasladado recientemente y desde hoy será
vuestro compañero. – miro al chico y le dijo – Siéntate detrás de Samantha,
allí en fondo al lado de la ventana.
Jack
recorrió el pasillo y se sentó en el asiento detrás de mi. Noté su mirada
dirigida a mi, en mi cogote, como cuchillos. ¿Se puede saber que le había hecho
yo?
El
profesor continuo con la clase y al finalizar la jornada yo me preparé para
marcharme cuando Raquel me cogió del brazo y me llevo a donde estaba hablando
Jack con el delegado de la clase.
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Hola Jack, me
llamo Raquel y ella es Samantha - dijo
señalándome – solo queríamos decirte que si necesitas cualquier cosa cuentes
con nosotras.
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Muchas
gracias – dijo con una media sonrisa, demasiado falsa para mi parecer.
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No te
preocupes por eso Quick - le dijo el
delego, Tom, a Raquel – Como delgado de la clase esa es responsabilidad mía,
procurare de que este bien atendido y además...
-
Si, si, Tom,
lo que tu digas – dijo Raquel con su brillante sonrisa – Solo tenlo en cuenta
¿Vale? – le dijo a Jack mientras le guiñaba el ojo.
Seguidamente
conseguí liberar mi brazo y me dirigí a mi pupitre. Raquel me siguió.
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¿Y eso a que
venia? – le dije.
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No venia por
nada en concreto, solo quería ser amable con el chico nuevo. No hay nada malo
en eso – dijo con una sonrisa.
-
¿Debería
advertirle de que va a ser tu próxima victima? – le dije mientras la miraba de
soslayo.
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¡Ay! Pero de
que hablas, no tengo ni idea de lo que me estas diciendo – me dijo haciéndose
la loca.
Yo
me empecé a reír. Raquel era muy enamoradiza. Chico guapo que se le cruzaba
chico con el que acaba saliendo. Pero tan rápido como se enamoraba se cansaba
del pobre chico y lo dejaba. Ha roto mas de un corazón. Raquel daba envidia a
cualquier chica de diecisiete años. Rubia, ojos verdes, tez blanquecina, buen
tipo, sonrisa bonita, simpática, extrovertida y además era increíblemente
guapa. Su madre es una famosa actriz que destaca por su belleza y su hija había
salido igual. Yo era totalmente opuesta. Pelo castaño, ojos oscuros, delgada,
tímida y patosa. Aun me pregunto como podemos ser amigas a pesar de ser tan
diferentes. Pero la vida es así de cruel, unos se quedan todo lo bueno y otros
se apañan con las sobras.
Cogí
mi mochila y salí de clase junto con Raquel, sintiendo la mirada de aquel chico
nuevo que había aparecido de la nada.
por que tiene que ser alto y fuerte, eso es discriminación
ResponderEliminarPorque es el ideal femenino, no el mio, pero si el general y puesto que no escribo para mi, sino para los demás...
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